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El día de la marmota

Toca comenzar el post de hoy dando las gracias a este país por el Mutterschutz, o en otras palabras, la baja de maternidad antes de la maternidad “per se”. Estoy segura de que hay mujeres que llegan al parto como una rosa, pero yo desde luego no soy una de ellas. Y el caso es que dolerme no me duele nada. Ni se me hichan las piernas, ni me duele la espalda, duermo como un osito..., pero me estoy dando cuenta de que esto de crear seres humanos casi "de la nada" es agotador. Agotador del todo.

Los tres mosqueteros


Hay que ver, la de tiempo que llevo sin despotricar sobre el curro, verdad? Y, por qué puede ser eso? Pues porque he encontrado un recodo de paz en la furia de Mordor. El edificio sur, como cabía esperar, es un lugar relajado. La verdad es que desde que me alejé de Komander las cosas son tan... normales. He vuelto a revivir lo que es eso, tener un trabajo normal, con un jefe normal, con el que se puede hablar y que no espera que le leas la mente (bueno, alguna vez sí... pero dentro de lo normal en los jefes).

Tener un trabajo normal con un jefe normal tiene mucho de bueno: bajo riesgo de taquicardia, reducción de instintos asesinos, menos ticks nerviosos, ser más soportable (hablo de mí)... Lo único malo es que no da para posts dantescos, como en los tiempos de Komander. Mi salud lo agradece.

De perros y frisbees

Sabes esa sensación que experimentas cuando, tras meses y meses entrenando, por fin consigues meter un triple? O cuando finalmente encajas la última pieza de un puzzle de 1000 piezas? O mi favorita, por su capacidad gráfica, cuando después de todo ese tiempo entrenando a tu perro para que coja el frisbee... un día se lo tiras y lo agarra! Y entonces comienza a sonar el cuarto movimiento de la sinfonía número nueve de Beethoven y tú saltas de la alegría y de fondo aparecen palomas y fuegos artificiales, enmarcando una estampa digna de pasar a los anales de la civilización.


Pues el pasado 6 de Octubre mi perro, tras un doble tirabuzón invertido, agarró el frisbee…

Os cuento:

Habréis notado que llevo una temporada sin despotricar sobre Komander, lo cual solo tiene dos posibles explicaciones:

1) Komander ha sufrido una transformación metafísica y se ha convertido en el entrañable jefe que todos deseamos.

2) Komander ha desaparecido de mi vida.

Si conocieseis a Komander sabríais que únicamente una de estas dos opciones es físicamente posible... Pero dejadme que os cuente:

Todo comenzó este verano (por llamarlo de alguna forma), como no podría ser de otra manera, en el corral de la Pacheca. Entre marrones y café alcancé a escuchar uno de los rumores más jugosos de los tiempos de Mordor: "se haaaaaceeeee saaaabeeeer… que a finales de verano, se nos reestructurará". Se me alegró el día! Dándole la credibilidad absoluta que un rumor del corral de la Pacheca se merece, comencé con el cuento de la lechera: que sea a mí, que sea a mí, que sea a mí! que me cambien de jefe, que me quiten a Yusles, que me manden a un departamento ejemplar donde todo sea caramelos, mariposas y nubes de algodón.

Ya estaba casi rezando cuando me acordé de Woody Allen y de mi madre a partes iguales: “nada es tan malo que no pueda ir a peor” y “más vale malo conocido…”. A ver si me sale el tiro por la culata... Y si mi nuevo Komander es aún peor? Y si en lugar de uno, acabo con tres Yusles en el equipo? No lo puedo evitar, toma control de mi persona el hombrecillo verde que habita en mi hombro derecho… es decir, el pesimista (o el que ya sabe más por viejo que por diablo) y así he pasado estos meses, a lo Oscar Wilde, temiendo lo que deseo por miedo a que se cumpla.

Pues bien, ya os imagináis el final de la historia: un día se abrió el cielo y me envió un ángel alado en forma de email que confirmaba que mis deseos se hacían realidad. Desde el día 6 de Octubre estoy “restructurada”. Consecuencias:

- Ahora trabajo en el edificio sur (=bueno, más calorcito)

- Me he despedido de Komander y de Yusles (=bueno)

- Me he despedido de Chefin y de Prudencio (=lastimica!)

- Me he despedido (o mejor dicho, he puesto tierra de por medio) del corral de la Pacheca (=malo)

La mejor de las noticias es que llevo ya un mes en mi nuevo equipo (que ya os presentaré más adelante) y aún no he identificado al inútil. A ver si tengo la suerte de mi vida y por una vez… soy yo! :-)

El paticidio

Muy de uvas a peras Chefin me pide que le haga el siguiente favor: ella recoge a sus hijas de la guardería, las trae a Mordor, yo las llevo hasta la esquina de mi casa y allí las recoge su papá. Así súper Chefín se puede volver a salvar el mundo haciendo horas y horas y horas en la oficina. Ella sola hace todas las horas extra de Alemania.

Aún no os lo he dicho, pero a mi me encantan los niños, así que más que hacerle el favor a ella, me lo hace ella a mi (que no a mi reloj biológico). Y es que con sus hijas voy la mar de entretenida, practico alemán infantil (que nunca viene mal, por si las moscas) y me hacen preguntas de lo más curiosas (sí, están en la época del “y por qué” ) que retan mi intelecto: ¿por qué tenemos mocos? ¿por qué las piedras de Mordor brillan? [Nótese que he abierto las interrogaciones por la cercanía de la palabra “intelecto”. Que no se acostumbre nadie!] 

El único “daño colateral” es que me entero de cosas que nadie jamás querría saber sobre su jefa, como por ejemplo: “mi mamá tiene más pelos en las piernas que mi papá” o “una vez, mi mamá le pegó en la cara a mi papá. Yo lo vi”. No sé si luego se lo dicen a Chefin. Yo desde luego no le voy a preguntar... 

El lunes pasado fue uno de esos días en los que me pidió que le hiciese el favor. Todo parecía ir como de costumbre, como diría Scott Smith, era un plan sencillo. Las niñas se sientan, les pongo el cinturón, conduzco a cincuenta por la autovía, jugamos a Dora Exploradora....Todo iba de libro cuando de repente, veo una bola salir por los aires unos cincuenta metros delante de mi. Luego la bola se convierte en una explosión de plumas. 

Cuando se despeja un poco el tráfico, me quedo horrorizada con la estampa: una incauta mamá pata, gastando una irresponsabilidad más propia de un gobernante español que de una de su especie, ha decidido cruzar la autopista con nada menos que toda su prole: unos diez patitos del tamaño de un puño. 

  • De qué color lleváis los zapatos?? 

No funciona. Las niñas no tardan ni dos segundos en ver a los patitos saliendo por los aires en lo que constituye el mayor paticidio que he presenciado en mi vida. Trágico como es, yo, poco a poco, sé que lo iré superando. Pero, y las niñas? 

  • [gritos] Los patitos! Los patitos! Están atropellando a los patitos! Se van a morir? Se van a morir!!
  • No, no. Los patitos saben volar! Luego aterrizan en el arcén y ya la policía de los patitos viene y les salva. 
  •  Pero uno ha salido rodando. 
  •  Nooooo, no estaba rodando, es que andaba muy deprisa, para llegar antes! 

Madre mía, que difícil lo tienen las madres (las patas también). 

Tras diez minutos de terapia y gracias a la infinita credulidad de las peques, consigo “entregar” a unas niñas convencidísimas de que los patitos dormirán esa noche en casita con su mama, formando la entrañable imagen de familia feliz monoparental a la que nos tienen acostumbrados. Así se lo cuentan a su sonriente papá que viene a recogerlas. 

  • Hala, darle las gracias a Servidora por traeros. Qué no le dais un besito? 

Hoy están tímidas (o en estado de shock, una de las dos). La mayor se mira los zapatos (a buenas horas, mangas verdes!), levanta la mirada. Se sonroja. Me mira. Mira a su papá, que insiste: 

  • Dale un besito a Servidora!  

Vuelve a agachar la vista. Me mira. Mira a su papá... y en un tono más que audible le dice:
  • Tú primero.

Lo que me faltaba! Apaga y vámonos.

GDI: La bola de nieve

Imagen de pixabay.com
Hoy venía dispuesta a publicar el tercer capítulo de la Guía del Inútil, pero me he visto obligada a interrumpir mis publicaciones regulares para presentar, en primicia, la última y novedosa técnica de escaqueo desarrollada por Yusles, descubierta y sufrida por servidora muy recientemente. Cuando crees que ya lo tienes calao, te sale con ésto. Pone los pelos de punta, ya lo veréis. La he bautizado: “la bola de nieve”.

La elaborada "jugada" se efectúa en tres fases:


1) Camaleónica

Coincidiendo con una alineación planetaria, una serie de marrones parecen dirigirse peligrosamente rumbo a Yusles. Sintiéndose acorralado (y sin quedarle otra), el individuo entrará en modo camaleónico: actuará como que realmente le importa y es capaz de su trabajo. Asumirá responsabilidades, aceptará los marrones uno detrás de otro. Cuanto más importantes y más urgentes, mejor.

Este comportamiento inquietante y turbador deberá levantar nuestras sospechas... y a muy buena hora, porque esta fase es la más importante y la única en la que tú, observador "pasivo", puedes desmontar la estrategia. Si no la interrumpes aquí, te estamparás con la bola de nieve.

2) Sangre fría

Por supuesto, porque por mucho que se vista de seda Yusles useless se queda, los marrones, lejos de solventarse, quedarán ahí aparcados, formando una bola que crecerá con el tiempo cual bola de nieve cayendo colina abajo. Las fechas de entrega se acercarán más y más y Yusles, con toda la sangre fría del mundo, dejará que la bola crezca a la par.

Esto lo sabes tú porque le conoces y sabes que algo huele raro. Para el resto de incautos Yusles es un tío súper capaz y súper comprometido, todo iniciativa. 

3) Puntilla

Pero ninguna bola de nieve se para en la pendiente. Tarde o temprano la bola te va a dar, y bien de lleno! Apurando su sangre fría Yusles nos mantiene en vilo hasta que las fechas de entrega están peligrosamente cerca y entonces, cuando ya tiene la soga al cuello, zaskatraska, la puntilla: se pone enfermo!

Me quito el sombrero.

Con todo lo que había trabajado el pobre en todos y cada uno de los marrones! Los tenía casi acabados. Y ahora, qué lástima, nos toca continuar a nosotros porque el pobrecito mio ha enfermado, sin tan siquiera tener la oportunidad de pasarnos lo que ya tenía hecho.

Me intereso por su situación: 
  • Y qué te ha pasado? 
  • Pues he debido pisar algún cristal o algo y resulta que tengo un corte en el pie derecho. No puedo andar. [Es que Yusles por no currar, no se curra ni la excusa] 
  • Ah, no pasa nada, yo voy a buscarte. 
  • Y cómo voy del portal al coche?
  • Te llevo a coscaletas. [o “a coscos”, o “a borricate”... como se diga en tu pueblo]
  • Cómo me vas a llevar a coscaletas!??
  • Pues te llevo el portátil a casa.

Da igual, tiene respuestas para todo. Con un corte en el pie nadie puede teclear. Está científicamente demostrado.

Un maestro, no hay otra palabra. Yo no sé a ti, pero yo, lo dicho: los pelos de punta.


El corral de la Pacheca

Imagen de pixabay.com
Oculto en lo más recóndito de Baviera, se convierte en mi lugar de penitencia peregrinaje cinco días a la semana. Allí me aventuro cada mañana, sola y desalentada, sin más compañía que mi audiocurso de polaco. Tras casi una hora de viaje, entre la maleza, lo veo aparecer: bienvenidos a Mordor GmbH, mi curro. 

Al contrario de lo que nos han hecho creer, Mordor no es un oscuro feudo de la Tierra Media, sino una “seria” organización cuya sede central se distribuye a lo largo y ancho de cuatro edificios, de nombres Norte, Sur, Este y Oeste, de modo que si te colocas en el centro de los cuatros y miras hacia el Norte ves... la carretera. Solo si te giras un poco hacia el Oeste encontrarás el edificio. Como pensar es gratis (quién lo diría!), pienso yo: era esta incoherencia realmente necesaria? No les podrían haber llamado 1, 2, 3 y 4 o A, B, C y D o, si realmente tienen que permanecer afines a los puntos cardinales, Nordeste, Noroeste, Sudeste y Sudoeste? Pues no, sin ningún tipo de escrúpulo van y me bautizan como Norte y Este a dos edificios con la mismita latitud. Y podrán dormir por las noches...

Es en la segunda planta de este erróneamente llamado edificio Norte donde se encuentran las oficinas del equipo B. Pero Servidora no se limita al edificio Norte, no. A pesar de que todo lo que yo necesito se encuentra precisamente en este edificio, es más que habitual que los meetings de la muerte ocurran en cualquier otro de los edificios, sin ton ni son. Resulta de lo más normal que ocho personas del edificio Norte se desplacen en manada al edificio Oeste para una reunión. Eficiencia en estado puro. Que oye, en verano incluso se agradece que te un poco el sol y el aire, pero es que en invierno hay veces que nos toca traernos el trineo para cruzar la plazoleta, que llegamos y nos falta clavar una banderita, cual si hubiésemos conquistado el polo Sur (o Sudeste en este caso).

Como os podéis imaginar, cuatro edificios de siete plantas dan para mucho: incontables salas de reunión, cuatro salas de conferencias, unas mil oficinas... Pero hay una sala que destaca por encima de todas las demás, ya que es allí donde se corta el bacalao. Si realmente quieres enterarte de algo, decisiones de la directiva, despidos en los próximos meses, planes de inversión, informaciones confidenciales y un largo etc, deberás dirigirte a la cuarta planta de mi edificio, a una pequeña habitación señalada por el cartel de “cafetería” o como yo la llamo “El corral de la Pacheca”.

Lástima que haya tardado tanto en descubrir el potencial divulgativo de esta sala. Para qué perder tiempo leyendo emails con informaciones contradictorias si puedes pasarte por aquí y enterarte de todo de un plumazo? Tengo calculado que diez minutos de corral te cunden lo que un meeting y veinte emails. Viva la comunicación 1.0!

Fíjate si son conscientes del poder del corral de la Pacheca, que la última inversión de Mordor GmbH ha sido una máquina de café valorada en 15.000 euros, la cual, con toma de agua independiente, filtro de cal y surtidor de café automático, te da... un café. Todo el día estuvo clausurada la sala para que se efectuase la instalación. Al fin, a eso de las seis de la tarde y en condiciones desérticas (ya sabéis, tan solo el estepicursor por los pasillos) me acerco víctima de la curiosidad a conocer al portento. Para mi sorpresa, resulta que no soy la única en el edificio. Junto al portento se encuentra el técnico responsable de su instalación:

- Hombre, pero aún sigue usted aquí? Si ya se ha ido todo el mundo! Aún no está instalada?
- No señorita, la instalación ya está terminada... pero yo no me muevo de aquí hasta que alguien de la compañía pruebe el café y le de el visto bueno. 

Casi me cae la lagrimilla ante este desplante de competencia y responsabilidad profesional. Y por qué no ficharemos a trabajadores como éste, me pregunto yo?
El café, por supuesto, buenísimo.



GDI: Yusles tiene email

Imagen de pixabay.com
Si habéis seguido la primera entrega de la Guía del Inútil, puedo asumir que a estas alturas ya todos sabemos cómo tenemos que enfocar un meeting para salir de él airosos y sin que nos enmarronen.

Sin embargo, desgraciadamente, los marrones como el tiranosaurio saben cómo abrirse camino y sin comerlo ni beberlo y habiendo demostrado cero interés y menos aptitudes, podemos encontrarnos con uno de estos “pequeños” entrando por la puerta de atrás, cuando no podemos defendernos, oséase, en nuestra bandeja de entrada. Qué sucede cuando alguien, a pesar de todos los indicios, decide que somos capaces de solventar problemas y nos pide que hagamos lo propio mandándonos un desconsiderado email? Hablando claro y raso: qué hacer cuando nos ciber-enmarronan?

Pongámonos en situación: Yusles llega a la oficina. Enciende el ordenador, abre el correo. Lo deja ahí en el background mientras se sube a por el café, ojea el periódico, llama a su madre, compra no-sé-qué pieza del coche en Ebay… vamos, “lo normal”. Solo a las cuatro de la tarde, cuando ya le puede el aburrimiento, decide echar un vistazo a su correo electrónico.

Mensaje 1, ignorar. Mensaje 2, ignorar …. Mensaje n-1, ignorar. Mensaje n, ignorar (el algoritmo como veis es sencillo). Ya está, ya hemos echao la jornada! A casa a pasear al perro! Ya casi está Yusles cerrando windows cuando, para su infinita perplejidad, reaparece “mensaje 2” en su bandeja de entrada con el mensaje añadido “y para hoy”. Zaskatraska, toma ciber-marrón!

Analicemos lo que ha pasado: un marrón ha alcanzado a Yusles. Sí. Pero, uno de cuantos? Que había en esos “n-1” emails que tranquilamente ha ignorado, borrado o vete tú a saber? He aquí la clave y la lección más importante: emails cuantos menos leas, mejor. Eso enseñará a tus jefes que a ti no se te molesta. Bastante tienes tú ya con venir todos los días al curro a sentarte delante del ordenador, como para que encima te pidan que hagas algo!

Pero, y qué hacemos con el intrépido marrón que sí nos ha alcanzado?

Llegados a este punto, cualquiera con un poco de dignidad se resignaría al enmarronamiento, pero no olvidemos que es de Yusles de quien estamos hablando. El siempre empleará el llamado “último recurso” antes de darse por enmarronado: Yusles entrará en modo dispatcher y reenviará el marrón a todios, con la esperanza de que alguien lo adopte como suyo. Esto, gracias al sentido de la responsabilidad de unos cuantos infelices, funcionará (y Yusles lo sabe) en considerables ocasiones.

Increíble pero cierto, con estas sencillas técnicas consigue Yusles evadir el 99% de los marrones. Qué hacer con el 1% restante? Pues bien, sobre el complejo sistema de manejo de marrones profundizaré en la próxima entrega de la Guía del inútil. Hasta entonces, estáis solos ante el marrón!


Es cultural

2007. Estocolmo. Tomo parte en una reunión con exactamente cuatro participantes: un holandés, un japonés, un estadounidense (sí, ya sé que parece el chiste) y servidora. Reconozco que no era particularmente interesante de lo que estábamos hablando, pero de ahí a que, de repente, el japonés se desplome dormido sobre la mesa... Yo al principio pensé que se había muerto, pero el americano, hombre de mundo, nos lo aclaró en seguida: "es cultural".

Pues sí, quizá éste fue el más hardcore de los comportamientos que jamás vi justificado bajo el lema “es cultural”, pero lo cierto es que con esto del ambiente de trabajo internacional que tanto se practica hoy en día, experiencias “culturales” de éstas tengo, por suerte o por desgracia, como para hacer un top ten. 

Espera, se me ha ocurrido una idea: voy a hacer un top ten!

10. Oler mal. Yo entiendo que en el norte de Europa no haga falta desodorante. Entiendo que se sude tan poco que uno pueda incluso ponerse la misma camisa dos días seguidos. Pero es que hasta en Alemania de vez en cuando hace calor! Es normal que tenga que ponerme yo una máscara de oxígeno para entrar en tu oficina? Pues no me queda otra, porque es cultural...

9. Beber en el trabajo. Como quien se toma un café: dos de la tarde, te bajas a la cafetería del curro y te tomas tu medio litro (que no una caña) de cervecita, claro que sí, como un señor! Como es cultural! Y no, no va por los alemanes...

8. Quitarse los zapatos. Imagínate: llegas a la oficina, te sientas, enciendes el ordenador y mientras arranca te quitas los zapatos y te vas, en calcetines, a echarte un café. WTF!! Es cultural?? Pues se ve que sí, porque así se pasa el individuo el resto del día.

7. Llegar tarde. Con este tema mejor ni empiezo porque me inunda la cólera. Qué os voy a decir. Parece ser que si eres de determinados países mediterráneos se acepta que llegues tarde a una reunión. “Es cultural”, te dicen.

6. Asearse en la oficina. Unos tanto y otros tan calvo. Los hay que no se duchan, y luego están los que se traen la higiene personal a la oficina. Pero no, no estoy hablando de traérsela al baño de la oficina... estoy hablando de traérsela a la oficina en sí. Véase, afeitarse delante del ordenador. O, peor aún: vale que te pongas sandalias con calcetines (a todo se acostumbra una), pero que te los quites y te pongas a cortarte las uñas de los pies así, entre email y email? Es eso cultural? Todavía tengo pesadillas por la noche con uñas voladoras.

5. Lavarse los dientes. Parece ser que solo es cultural para (algunos) mediterráneos el lavarse los dientes en el trabajo. A mi me parece muy bien que no te quieras lavar los dientes (allá tú y tu salud dental)... pero si te has comido cebolla y media en la comida, realmente tienes que hablarme a dos palmos de distancia?

4. Hacer deporte en el trabajo. Lo cierto es que (y yo estoy encantada con ello) aquí se fomenta mucho el deporte, hasta el punto de que en todas las empresas en las que he estado hay vestuarios para que puedas ducharte, por ejemplo, después de hacerte 40km en bici para ir al trabajo. Hasta aquí bien (por los que se duchan). Pero es realmente necesario traerte la ropa sucia y colgarla en la percha de la oficina?

3. Eructar, salpicar y otras lindezas. Os habéis preguntado cómo consigue uno beberse una sopa con chopsticks? Pues os lo voy a decir: succionando y... salpicando! A la lavadora mi camisa. Pero oye, es que es cultural!

2. Desnudarse en el trabajo. Aún recuerdo a esta compañera (cuya nacionalidad no voy a revelar, pero se aceptan apuestas) que no dudó en quitarse la camiseta en medio de la oficina para enseñarnos el nuevo tatuaje que se había hecho en el omóplato... Así, sin pudor ni ánimo de exhibicionismo, toda natural. "Cultural" a más no poder! Menos mal que el tatuaje estaba en la espalda...

Por último, el número 1 me he propuesto conquistarlo yo el día en que, 100% cultural, encienda una traca a lo fallas en uno de los meetings de la muerte, al grito de: Fack it oooool!


Enemiga pública número 1

Desde el mismísimo día en que nos emparanoiamos todos con el peligro de los fluidos y demás enseres en aviones, no he podido dejar de fijarme en las diferencias que se producen entre los controles de seguridad de unos y otros aeropuertos. De todo he vivido: desde hacerme abrir la maleta por un lip gloss, hasta dejarme pasar con un champú, la colonia y una lata de foie grass (por todos conocido el efecto explosivo del foie grass!!). Que digo yo, igual de peligroso será el champú de Munich a Madrid, que de Madrid a Munich...

A lo que íbamos: volvía servidora feliz y contenta (dentro de lo contenta que una puede estar cuando deja Madrid a sus espaldas) de vuelta a Munich. Ocho de la tarde. Llego al control de equipaje de mano. Saco laptop, desodorante, el cacao y todo lo que ofende a la seguridad aeronáutica. Mi gozo en un pozo, aún así, el amable controlador de equipajes me pregunta:

- Señorita, es ésta su maleta?

- Sí, ha visto algo?

- Abrala, por favor.

- [mientras la abro y tratando de ver la pantalla del escáner] Si quiere dígame lo que ha visto, a ver si sé qué es... (todo sea por cooperar con las fuerzas de la ley y el orden)

- Abra la maleta!

- Pero si me dice...

- Que abra la maleta! No le puedo decir! El procedimiento es el procedimiento, y está prohibido enseñarle la pantalla del escaner!! Abra la maleta!!! [tish! El látigo le falta...]

Qué suerte la mía! Con la simpatía hemos topado! Servidora que, otra cosa no, pero vuelos ha cogido unos cuantos, que casi que ha aprendido alemán comentando escaners, le contesta "amablemente":

- Pues vaya mi#rd% de procedimiento que tienen aquí!

El increible Hulk, pero en rojo. Rojo, rojo, cada vez más rojo, hasta que grita: Guardia civil!! Guardia civil!!!

Se acerca el guardia civil, al que el "simpático" controlador de equipajes le comunica:

- Aquí la señorita ha dicho, nada menos, que el procedimiento de chequeo de equipajes es... una mi#rd%! "piiiiiii" ha dicho!!

Nada me podría haber preparado para la respuesta del guardia civil:

- Es que es una mi#rd%!

No tengo palabras para describir la cara de Hulk. Que entiendo que está haciendo su trabajo, pero es que otros tantos lo hacen igual de bien sin malas formas ni abuso de poder gratuito.

El guardia civil de súper buen rollo me insta a "cooperar" (pues si de eso es de lo que trato!) mientras el "simpático" controlador rebolica toda mi maleta. Aparece uno de mis compañeros de trabajo y de viaje, que me dice:

- Jo, me han parado y me han abierto la maleta... La verdad es que en el escáner el palo del paraguas parece un "arma letal", jeje!

Qué le vamos a hacer, no tengo contención ninguna... Me falta tiempo para replicar a mi amigo el controlador:

- Fíjese usted! En la cinta esa de ahí al lado el procedimiento sí que deja enseñar la pantalla del escáner...

- Guaaaaaaaaaardia civil!! Guaaaaaaardiaaaaaaaaa!

No diré que vi pasar mi vida ante mis ojos, pero lo que sí se me pasó por la cabeza fue: me enchironan!! Me enchironan!! A mi madre la mato del disgusto y Komander me mata a mi porque me pierdo el meeting de mañana que, esta vez sí, ha prometido que es suuuuuper importante!

Gracias al supremo, el guardia civil sigue siendo el más enrollao del aeropuerto y toma control de la situación, insta al controlador paranoico a que nos enseñe el escaner e inmediatamente identifico el objeto ofensor, que no es otro que mi pasador de pelo! Todo este lio causado por un pasador de pelo. Un pasador de pelo!!! El guardia civil y mi amigo Hulk por fin me dejan ir.

Aunque en ese momento me sentí como William Wallace ante la libertad, la verdad es que a la salida del meeting de la muerte de esta mañana me retumbaba la cabeza: “mejor que me hubiesen enchironao!”

GDI: Yusles y los meetings

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Dediquemos éste, el primer capítulo de la Guía del Inútil, al estudio del comportamiento del sujeto en cuestión, Yusles, en uno de los eventos más cotidianos de nuestra vida laboral: los meetings. A ver, además de perder el tiempo y la cordura, que más se hace en los meetings? Exacto! Repartir marrones.

Desde su infravalorada posición, Yusles es buen conocedor de esta rutina por lo que, en principio, su primera opción siempre será no ir al meeting. Para los que no seáis inútiles natos dejar de ir a los meetings puede resultar muy radical. Falta media hora para el meeting y empiezas a sudar. Un cuarto de hora. Cinco minutos... “no voy”, “no voy”..., pero al final, vas. Cómo evitar esto? Nada más recibir una invitación a un meeting, cambialé fecha y hora. Rápido! Llegará un momento en que no te fiarás lo más mínimo de tu calendario y hasta dejarás de mirarlo. Objetivo cumplido: los marrones ya no revolotearán a tu alrededor!

Sí, es cierto que en ocasiones, bien por el qué dirán, bien por presión social, bien por tu amenazante jefe, la primera opción no se puede llevar a cabo. Vamos, que tienes que ir al meeting. Bueno, no pasa nada. Verás los marrones pasar cerca, pero aún puedes esquivarlos. Fundamental: nada más entrar al meeting, elige una de las esquinas del techo y, pase lo que pase, no la pierdas de vista hasta que acabe. Cualquier titubeo, contacto visual, ni digamos mirar la presentación, podría dar a entender que te interesa lo más mínimo lo que se está hablando.

Si aún así alguien repara en ti y se le ocurre pronunciar tu nombre mientras asignan un marrón… entonces tienes que jugar tu última carta, ese as que tienes escondido en la manga, esa frase que Yusles es capaz de repetir incluso en sueños: “Sí, sería factible, pero es bastante más complejo de lo que parece”. Perfecta. Un "yo-no-es-por-no-ir, si-hay-que-ir-se-va" en versión Yusles. Aplicable a prácticamente todo, rebosando ambigüedad. Oyen esa frase y ya saben que “no es que tu no estés dispuesto a hacerlo”, pero es que “va a tardar mucho” y  “va a ser muy caro”. El interés se desvanece. Y el marrón, también.

Bien amigos, nadie dijo que llegar a inútil fuese fácil... ahora, a ponerlo en práctica!


Las mejores ideas

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Recuérdalo: lo mires como lo mires y te pongas como te pongas, las mejores ideas siempre son y van a ser las de tu jefe. Cuanto antes lo aceptes, mejor. Así que si tienes sugerencias sobre cómo gestionar mejor el trabajo o se te ocurren estrategias con las que se podría aumentar la eficacia del equipo, si sabes cómo automatizar algún proceso, si quieres proponer el uso de estándares… Da igual, lo que sea, mira a ver cómo te las ingenias para que parezca que sea idea suya.

Sí, sé que es duro. Un golpe para tu ego en el mejor de los casos. Pero al fin y al cabo, qué prefieres, tu ego o perder tu valioso tiempo sistemáticamente cada semana?

Ejemplo práctico: salgo de uno de mis míticos meetings de la muerte. Casi 4 horas, 14 personas, un desastre total, salimos igual que entramos, pero más viejos. A la salida pillo a Komander por banda y le sugiero:

-   Komander, mira, que he pensao, que somos pocos en los meeting. Yo invitaría también a los de finanzas y a los de mantenimiento. Alquilamos una carpa y ya está.
-    Más gente aún? Si lo que habría que hacer sería quitar! [A veces pienso que es todo cuestión de llevarme la contraria...]
-    Cómo? “quitar”? Invitar a menos gente dices? Interesante. Si tan solo supiésemos cómo reducir los participantes. Ya sé, podríamos invitar solo a esos que no dicen nada y se pasan todo el meeting leyendo correos. Los que solo interrumpen para decir tonterías.
-    Uhm, no sé. Yo creo que lo mejor sería dejar solo a los que pueden aportar algo no? [si es que en el fondo la teoría se la sabe... Solo tienes que hacerle ver la luz]
-    Ah, fijaté tú! O sea, los que llevan meses currando en ésto y te saben decir en un milisegundo los pros y contras de todas las opciones, que por cierto, ellos mismos evaluaron?
-    Sí!
-   Genial, cómo no se me había ocurrido! Por cierto, eso sí, la agenda la eliminamos. Que cada uno hable de lo que quiera cuando quiera, que fluya la creatividad!
-   Buff, pero es que así los meetings se hacen eternos! Si tener la agenda es bueno, lo único que tendríamos que respetarla…
-    Ah sí? Que habría que respetar la agenda? Qué gran ocurrencia! Entonces, quieres que a partir de la semana que viene invitemos solo a los que tengan algo que aportar e insistimos en que se siga la agenda, no?
-    Sí, eso he dicho!

Aaaaahhhhh, todo sea por la ciencia...




El equipo "B"


Pero que maleducada soy! Dos meses por aquí y aún no he tenido la decencia de presentar a mis compis de curro, ese equipo “B” con el que lidio cada día, ese dream team que en mi cabeza adquiere más bien la forma de los Parchís en su versión treinta-cincuentañera: cuatro colores y un dado.

Vayamos con las presentaciones.

Sin duda el color rojo sería para Komander, no porque es el jefe, sino por ser el color que adquiere su cara cuando “educadamente” nos indica lo mal que una vez más lo hemos hecho todo. Está al frente de (más que cuestionablemente) los éxitos y (no tan cuestionablemente) los fracasos del equipo. Le encantan los meetings y si por el fuera no haría otra cosa en todo el día. Pasará por encima de ti por muy en puente que estés y no dudará en matar(te) y contarse 20.

Con el blanco tendríamos a Prudencio, tanto por su cualidad de cándido, neutro e imparcial como por su cualidad de dado. Lo peor que le puede pasar jamás a Prudencio es que alguien le pida que tome una decisión. Un poco el Pocahontas de la oficina. Defensor de la paz y la armonía del equipo. Prudencio trabajaría boca abajo colgao de un árbol en invierno con tal de no discutir.

Con el verde tenemos a la Chefin, la que realmente corta el bacalao. El verde es su color porque es la gran esperanza del equipo. Fiel aliada de servidora en sus maquiavélicos planes contra Komander. Una estratega nata. Como ya sabéis, en todo equipo hay un crack y, fuera de toda duda razonable, Chefin es la crack de este equipo.

A Yusles, el inútil del grupo, le daríamos el azul, como el mar, porque va y viene, y sube y baja, y siempre está ahí, en su infinita calma, como si nada. Objeto de mis estudios y mi fascinación. Se podría escribir tomos y tomos sobre él (que de hecho, como sabéis, es una de mis ocupaciones). No adelanto más. Todo sobre él y el resto de Yusles del resto de curros, en la Guía del inútil.

Por último, nos queda el amarillo, que será el color de servidora. No porque sea mi color favorito…, sino porque es el color del limón, que también es ácido. 


Komander


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Mi Komander es un tío super organizao. Es más, hiperorganizao diría yo. Allá donde va siempre lleva alguna agenda: o la tablet, o el smartphone, o el laptop del curro, o el suyo. Siempre. Eso sí, cada uno con su servidor, todos distintos y todos sincronizados. Que si no sería muy sencillo. Yo estoy segura de que cuando le suena el despertador se le enciende la cafetera, que seguro que también está sincronizada.

Eso sí, a las reuniones no llega. “Dramatización” de lo sucedido esta misma mañana:

-       (riiing, riiiing) Komander, que estamos aquí esperándote.
-       Esperándome?
-       Sí, el meeting. Te acuerdas que te mandé la invitación?
-       Uhm, que raro, no me aparece en el calendario….
-       Vaya. Puedes venir aún. Y por favor, te traes la lista de entidades.
-       Ah, es verdad! Que tenía que prepararla…
-       Déjame adivinar, se te ha desacompasado el recordatorio de la tablet, a que sí?

Yo no es que sea un ejemplo a seguir, pero oye, mi  “sofisticado” sistema organizativo rara vez me falla. Consta de tres elementos:
·           Calendario
·           Post-its
·           Cerebro
 siendo este último el encargado de dirigir mis órganos visuales hacia los otros dos.

Lo admito, no es cool ni hightech…, pero a los meetings, llego.

El curro


Imagen de pixabay.com
Con éste ya son 3 los curros que aparecen en mi currículo. Si bien distintos entre si, no he podido evitar percatarme de ciertos elementos/”elementos” que todos parecen tener en común.

Soy consciente de que ¨3¨ está muy lejos de ser población estadística suficiente como para sacar conclusiones aplicables a la totalidad de los curros…, pero mira tú por donde, me la voy a jugar!

·            El crack

A veces se le reconoce enseguida. Otras veces, está más discutida la cosa. En cualquier caso, reconocerás al crack porque es al que no se le discute. Cuando el crack dice “rosa claro”, todos asienten.

Que qué? que en tu curro no hay crack? Bien amigo/a, si no eres capaz de encontrar al crack de tu curro, posiblemente sea porque eres tú.  Si éste es el caso, y salvo que se vea reflejado en tu nómina, créeme que de verdad que lo siento mucho por ti! Vas a trabajar el doble que los demás, vas a tener que tomar tú las decisiones, te van a caer a ti todas las broncas (básicamente, porque todo fue decisión tuya), tu Komander no te va a dejar trabajar ni a sol ni a sombra, etc, etc.

·            El inútil

Mucho más interesante que la del crack es la figura del inútil. Porque en esto estamos todos de acuerdo: desde la China hasta el Perú, en cualquier curro que se precie, siempre habrá un inútil.

SIEMPRE.

A veces cuesta más identificarlo, otras se presenta ya el primer día. Y al igual que en el caso anterior, si no eres capaz de identificar al inútil, muy posiblemente sea porque el inútil eres tú, en cuyo caso: Enhorabuena! Sí señor, te lo has currao! Porque si eres el inútil, nadie te va a mandar tareas, nadie te va a asignar responsabilidades, nadie va a esperar nada de ti… y vas a vivir a cuerpo de rey!

El estudio del inútil en su hábitat natural es algo que me tiene abstraída desde hace varios años. A lo Félix Rodríguez de la Fuente de la oficina.

Poco a poco, iré compartiendo mis descubrimientos.

·            Meetings de la muerte

Son aquellos de los que, después de cuatro horas metidos en un habitación, sales sin haber tomado ninguna decisión, sin haber aprendido nada, sin haber entendido nada y con una sensación enorme de haber perdido el tiempo.

Eso sí, con galletas, un power point y varios (sí, varios!) punteros láser.

Ya iré colgando blogs con los meetings de la muerte más “memorables” que he tenido hasta ahora. Como para perdérselos…

·            El “contestar a todos”

Hoy sin ir más lejos. Vuelvo del almuerzo, abro el correo y zaskatraska! 37 emails! Por el amor del supremo! Qué eficientes que son mis compañeros! Dispuesta a empaparme con los recientes acontecimientos comienzo a leer:

Email 1: Estimados todos, necesitamos un meeting para decidir cómo vamos a hacer los tests de la semana que viene. Que os parece mañana martes a las 10:00?

Respuesta 1: ay, es que mañana tengo que ir a recoger mi coche, que lo dejo en el garaje a las 9:00, pero según me han dicho, como mis ruedas no tienen llantas, como poco necesitan una hora y luego entre que llego y tal... Puede ser mejor a las 11:00, pa asegurarnos?

Respuesta 2 (el organizador): Uhm, por mi bien, siempre y cuando les parezca bien a todos los demás.

Respuesta 3: A mí me va bien!

Respuesta 4: Y a mí!

Respuesta 5: Y a mí!

Respuesta 6 (la del garaje): ay, perdonad, es que no me acordaba de que a las 11:00 tengo otra reunión. Lo podemos pasar al miércoles?

Respuesta 7 (el organizador): Vale. Pero el miércoles tiene que ser a las 9:00 porque yo a las 10:30 tengo que ir a hablar con los de finanzas. Que decís los demás? Miércoles a las 9:00?

Respuesta 8: A mí me va bien!

Respuesta 9: Y a mí!

Respuesta 10: Yo el miércoles no estoy, que vienen mis suegros y nos hemos cogido el día libre para pasar más tiempo con ellos, que como viven fuera casi no ven a los niños. Pero cualquier otro día puedo, tanto por la mañana como por la tarde.

Respuesta 11 (el organizador): Venga, pues que os parece el jueves, que no lo podemos retrasar más, que el test es la semana que viene!! Jueves a las 10:00?

Respuesta 12 (la de las ruedas): A mí me va bien!

Respuesta 13 (el de los suegros): Y a mí!

Respuesta 14 (uno que aún no había dicho nada): ay perdonad, que es que estaba en una reunión y acabo de ver todo esto. No lo podemos cambiar a por la tarde? Que es que el jueves justo viene el fontanero, que ayer el pequeño no sabemos cómo encajó su chupete en el friegaplatos y oye, que estamos sin friegaplatos desde ayer y el fontanero solo tiene libre el jueves.

Respuesta 15 (el organizador): Jueves a las 14:00?

Respuesta 16 (la de las ruedas): A mí me va bien!

Respuesta 17 (el del friegaplatos): Y a mí!

Respuesta 18 (el de los suegros): Y a mí!

Respuesta 19 (el organizador): Vaya, a las 14:00 no hay ninguna habitación libre, tiene que ser a las 15:30.

[…]

Y así suma y sigue hasta que eventualmente converge a “viernes a las 10:00, aunque esté un poco pillao, que el test es la semana que viene”

Sin comentarios.

Menos mal que me acababa de tomar mi Fackitol 600mg del medio día, que si no!


¿Que por qué un blog?


Pues porque por algún sitio tenía que reventar!!!

Supongo que es igual para todo el mundo: hay épocas de tu vida en las que prácticamente parece que no te sucede nada, que vives en la monotonía, que cada día/semana/mes es un deja vu del anterior... y luego hay épocas en las que no das abasto! Pues bien, yo estoy en una de estas últimas. En honor a la verdad, por suerte o por desgracia, debo decir que de las primeras he tenido más bien pocas!

En fin, una historia como otra cualquiera: nueva ciudad, nuevo curro, nuevos compañeros, nuevo piso, Polanski, nuevos y viejos amigos, nuevos quehaceres....

Sin duda alguna, cada uno de estos episodios se merecerá protagonizar como poco un post, si no varios.... De momento, abriré boca.

Por un lado tenemos la búsqueda de piso y la mudanza, que me tuvo altamente entretenida los primeros seis meses. Bueno, en realidad, las dos mudanzas, ya que tuve que cambiar de piso nada más llegar. Sí, esto es súper reconfortante y ya te da ¨ánimos¨ desde el comienzo.

Luego está el curro, que diremos es... especial. Pero bueno, no me voy a quejar (aún) porque al menos tengo, que no es poco en los tiempos que corren.

Y por último, que ojo, no menos importante, está la irrupción de Polanski en mi vida. Así, nada más llegar, que parece que me lo regalaron al empadronarme!

Ha habido de todo: para reír, para llorar, para olvidar, para repetir, para emocionarse... y por supuesto, lo que está por llegar! Pero bueno, no adelantemos acontecimientos, que todo se andará lo que de andar es.

Así comienza servidora su nueva vida y su primer blog.