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Hablemos del tiempo

Vaya, vaya con Servidora, que así a lo tonto, a lo tonto se ha pasado un mes desaparecida del blog…

Pues sí, eso he hecho. Cabría pensar que he estado de mes sabático por Sudamérica, o que acabo de volver de una misión en África, que he pasado el mes sometida al cruel tutelaje de Pai Mei o que he estado haciendo un intensivo de polaco (ninguna de las cuales hubiese sido mala idea, dicho sea de paso). Pero lo cierto es algo mucho más mundanal que todo eso. A lo que me he dedicado en cuerpo y alma este último mes ha sido básicamente a perder el tiempo.

Me ha costado reconocerlo. Perpleja ante la frustración de no dar abasto comencé a indagar en el asunto. No hay excusas, las cuentas salen. Dos son los sumideros de tiempo que he identificado: el primer lugar, se lo llevan las series. “Miss Octubre” en este caso tiene nombre y apellido: Bad, Breaking Bad. Pobre de mí! Con esas críticas que se gasta, como no iba a caer… y claro, yo que soy de hacer las cosas “bien”, me puse al cien por cien y total, que se me ha ido el mes. La buena noticia es que ahora que me la he acabado voy a tener bastante tiempo, claro está, hasta que vuelvan Juego de Tronos y Malviviendo. El otro gran contribuyente a la pérdida de tiempo: el teléfono. Ya no solo por su función de teléfono, sino por wasap, Facebook, Skype, 2048… En fin, ya me entendéis.

Sé lo que estáis pensando. Y el blog? No es otra pérdida de tiempo?

En absoluto!!

Desde que lo empecé todo han sido ventajas:

1) Me auto-parto de risa escribiendo, que oye, no veas la pasta de psicólogo que me ahorra.

2) He conocido a otras tantas que están tan igualmente de atar como yo (véase Sandra o Arabella), que de alguna manera también ayuda.

3) He descubierto mi incuestionable potencial artístico.

4) He aprendido de todo:
  • Veinte formas baratas de enviar cualquier tipo de bien de “a” a “b”, via el tráfico de aceite.
  • Gracias a Sabela, ahora sé que el arbustillo del desierto se llama estepicursor.
  • Sara me ha enseñado que un japonés sopa en una reunión en realidad está practicando Inemuri.
  • Increíble pero cierto, como a bien tuvo explicarme Tallahassee, además del verde también hay un Hulk rojo.
  • Gracias a Ciudadano P, me he enterado de que un bodorrio no es lo que pensamos, sino todo lo contrario (oséase, una boda humilde), lo cual me lleva al siguiente punto:

5) La RAE es ahora mi mejor amiga, junto con otros tantos blogs de enseñanzas lingüísticas, gracias a los cuales he escrito correctamente “dar abasto”, frente al “dar a basto” que me pedía el cuerpo. Y por si todo falla, también tengo correctora de textos con nombre y apellidos, que me tira de las orejas si me dejo un diacrítico… y alguna otra barbaridad que se me escapa de vez en cuando.

En fin, que antes me dejo las series, Facebook, wasap o el trabajo si hace falta, que mi querido fackitol!

Que por cierto… hoy cumple su primer año.


La señora Molinero

Es “tremendamente grato” que tires a arrancar tu coche y un misterioso y complejo sistema de fallos eléctricos no solo haga saltar la alarma, sino que además la mantenga sonando después de apagar el motor. Decibelio puro a diestro y siniestro! Y por supuesto esto pasa estando aún sin bici (al igual que a Jeffrey Lebowski con su alfombra, a mi también me han dicho que tienen a sus mejores hombres buscando mi rueda). 

Toco todos los botones que encuentro, y nada. Abro el capó, y me quedo igual que estaba porque no sé que tocar. Desde mi limitado conocimiento de usuaria, identifico unos tres o cuatro sitios donde se puede destornillar algo. Subo corriendo a casa y traigo todas mis herramientas, que enumeraré a continuación: destornillador grande, destornillador pequeño, llave Allen de Ikea, martillo. Ninguno de mis destornilladores valen para esos tornillos. Con la tuerca no puedo ni intentarlo. Del martillo, decido prescindir por el bien de todos.

Allí estábamos servidora, las herramientas y los decibelios, cuando aparca un coche justo a mi lado, del que baja una señora muy mayor con una muleta. No iba ni a preguntarle (prejuzgar mal servidora, mal! mal!), pero tal era mi abatimiento que de perdidos al río: “perdone señora, no tendrá usted una llave inglesa?”

Parecía que esta iba a ser la historia de cómo hice callar a mi coche (que también os lo diré). No lo es. Esta es la historia de como conocí a una gran mujer. Por suerte se llama Müller, así que no tengo que inventarme un nombre para mantener su “anonimato”.

La señora Müller me lleva a su casa y saca una caja de herramientas que ni Manolo el fontanero. No tenía llave inglesa porque tenía llaves fijas de todos los tamaños. “Llévatelas y ya me las traerás”. Y así fue cómo solté un borne de la batería y acallé a mi coche (y a los vecinos).

De esto hace ya dos semanas y se puede decir que fue el comienzo de una gran amistad. Justo ayer estuve tomando unos vinos con ella, que cuenta nada menos que con 84 años, veinte de viudedad y  dos operaciones de cadera. Eso sí, me dice, la vista la tiene buenísima. Súper planazo (y por una vez no, no lo digo con ironía). Porque es un lujo poder pasar una velada con una señora que vivió en sus carnes la segunda guerra mundial y que hizo un voluntariado de un par de décadas dedicado a la integración de inmigrantes como yo, pero en los sesenta. Les acogía en su propia casa y les enseñaba alemán (que pena no haberla conocido antes!). Escucharla me hace más sabia. Además, hace unos pastelitos divinos.

Ya saliendo por la puerta le digo: 
  • Señora Müller, cuando vaya a España la semana que viene le voy a traer unos pastelitos típicos de mi pueblo
  • Bien, bien, muchas gracias. Pero si a ti te da igual, mejor que pastelitos, no me podrías traer schorizo de ese naranja?

Me rio. Es de las mías!


El polaco

No amigos no, esta vez no vengo a despotricar sobre el individuo, sino a ensalzar las “virtudes” de su lengua materna.

Y es que pasada la euforia del enamoramiento, eventualmente comienzan a aparecer los “daños colaterales”: que te has echao un novio polaco? Guay, pues a aprender polaco! Queridos solteros y solteras del mundo, he aquí un consejo: la próxima vez que conozcáis a alguien, olvidaos del “estudias o trabajas”, “bebe!” o “qué hace una chica como tú en un sitio como éste?”. NO. Id a lo importante: “, cuantas declinaciones tienes?”, “y vocales?”, “cuantas consonantes seguidas eres capaz de pronunciar?”. Este tipo de preguntas realmente os permitirá juzgar y evaluar objetivamente el sarao en el que os estáis metiendo. Así, sin paños calientes, porque después le cogéis cariño y ya no hay vuelta atrás.

Cuando piensas que tú ya pasaste tu calvario con el alemán y su nominativo, acusativo, genitivo y dativo, descubres que el polaco no escatima en casos: añádele vocativo, locativo e instrumental. Es que no pasé yo ya mi penitencia? Por qué? Por qué?

Pues menos mal que la pasé, porque otra de las cosas "buenas" de aprender polaco en Alemania es que las clases son, por supuesto, en alemán. Qué significa “przekupstwo”? (nótese que son 3 vocales para 8 consonantes). “Bestechlichkeit”. Ah! Ya está mucho más claro!

Según el Foreign Service Institute, más se me habría complicado la cosa (lingüísticamente, se entiende) de haber sido Polanski árabe, coreano, chino o japonés. Justo después va el polaco. Solteros y solteras del mundo, si no queréis renunciar a la componente exótica sin complicaros demasiado la vida, el Foreign Service Institute os da a elegir entre varias latitudes, desde noruego hasta italiano, pasando por holandés, danés y francés. Ahí lo dejo!

Para quitarme mérito, Polanski me recuerda: “yo también estoy aprendiendo tu idioma”. Claro que sí! Yo tengo que aprender a pronunciar “przepraszam” y Polanski tiene que aprender a pronunciar “disculpe”. Lo mismico. Cinco vocales, menudo reto para una criatura que puede pronunciar nueve, dos de ellas nasales. Que yo le he oido pronunciar palabras, que ni los delfines! “Pero conjugáis los verbos”, anda y es que los polacos no? De hecho, una conjugación más tienen ellos.

En fin. Todo sea por amor.

Lo único que me consuela es saber que nunca dominará todas las acepciones de la palabra “cojones”.


La empollona


Imagen de pixabay.com
Te pasas media vida intentando convencer a tu madre para que se apunte a las clases de gimnasia para mayores que pone el ayuntamiento de tu pueblo. Y venga y dale, más y más ventajas que le cuentas y todo por 20 euros... el trimestre! Si es que me los quitan de las manos, señora! Pues nada, ella erre que erre, excusa por aquí, excusa por allá, que no y que no y que no. Y un día, va al supermercado, se encuentra con dos amiguitas suyas de cuando eran jóvenes y oye, pues que me la convencen en 10 minutos. Ahí es poco!

Pero espera que aún no he acabado. Llega el día D a la hora H y mi madre acampa en el ayuntamiento, cual fan de Justin Bieber, para ser de las primeras no vaya a ser que se quede sin curso. No me preguntéis cómo sucedieron los hechos, pero mi madre salió del ayuntamiento apuntada a clase de gimnasia, cultura general y psicología.

Yo con cara de cromo.

Pues bien, quién me lo iba a decir… Desde que mi madre va a clase se acabaron las llamadas de “hola hija, qué tal todo?”, “Cuándo vienes?”, “Qué tal el trabajo?”, “y Polanski?”, “Cuándo me dais nietos?”. No, no. Ahora es más bien: “hija, te quería yo preguntar…”. Y no se le pasa una, qué va. Deberes que le ponen, deberes que hace.

He aquí la pregunta de ayer:
  • Hija, cómo se dice, “armario” o “almario”?
  • Mama, armario es con “r”.
  • Estás segura?
  • Claro mama, cómo va a ser con “l”!! Lo has buscado en el diccionario?
  • Es que ha dicho la profesora que no podemos utilizar el diccionario. Míralo en internet.
  • (me tengo que reír) Mama, si no vale el diccionario internet no valdrá tampoco.
  • Ah, de internet no ha dicho nada. Míralo en internet!
  • Mama que estoy segura.
  • Que lo mires!

Y allá que va servidora a la RAE y … sorpresón: armario y almario, no solo las dos están aceptadas sino que además, son la misma cosa (ay de mi, pobre ignorante!). Qué, cómo os habéis quedao? Miedo me da que un día de éstos me cuadre el círculo...


El periodo crítico de re-convivencia

Imagen de pixabay.com
Llega la navidad y con ella vuelve el turrón, las naranjas, la lotería... y los hijos pródigos de este país, pues hacemos lo propio!

También vuelves en junio y en agosto, pero no, en navidad es como que mejor. Tus padres, abrumados por la felicidad, te van a buscar al aeropuerto, a la estación o a la Conchinchina si hace falta. Te traen a tu (su) casita, decorada con todos esos adornos y el árbol de navidad. Entras a tu habitación y la encuentras más ordenada de lo que jamás estuvo cuando tú vivías en ella. Continuando y concluyendo: recibimiento propio de un hotel de 5 estrellas. Pero qué digo? Mejor! Porque nada más llegar se acerca la chef jefa para discutir contigo el menú de todas las fiestas. 

Así comienza la re-convivencia, con la familia congregada alrededor del hogar, cantando villancicos al son de la guitarra, como en los viejos tiempos. Entrañable. Idílico. Podríamos inspirar al mismísimo Murillo. Nos faltan el buey y la mula!

Llega la hora de la cena. Para acompañar a la selección de delicatessen preparada por tu madre, todo "made in Spain" (concretamente en la huerta de enfrente de la casa), tu padre elige una peli del oeste de Clint Eastwood. Qué gracioso el Eastwood hablando en castellano!

Durante los primeros días de la re-convivencia observas un curioso fenómeno paranormal por el cual tus calcetines desaparecen de donde los dejes y aparecen mágicamente dobladitos en el cajón de los calcetines (que poco o nada tiene que ver con el de Polanski) oliendo a brisa marina.

Estás tan abrumada que casi no le das importancia la primera vez que tienes que registrar la casa entera en busca de tus calcetines de deporte, que eventualmente aparecen en el cajón de tu hermano, cuyo pie es cinco números mayor que el tuyo. La magia, es lo que tiene! Pero no pasa nada porque es navidad y lo importante es que ya tienes los calcetines y te puedes ir a correr por el campo, lujazo donde los haya.

Así, uno tras otro, se van sucediendo los días: uno, dos, tres, nochebuena, navidad, seis, siete...

Estás tan metida en esta dinámica de lo idílico que te pilla del todo descolocada el día que te despiertas de la siesta a golpe de acordes, cortesía de tu hermano con la maldita guitarrica. Joder, como en los viejos tiempos! Decides salir de allí pero no encuentras tus zapatillas porque el duende mágico ha decidido que era hora de lavarlas (!·$%#"?? ) y sales descalza intentando buscar un recodo de paz. Pasas por el salón donde tu padre, que no se cansa, sigue viendo otra peli del oeste, que yo me pregunto, es que ese canal no tiene otra cosa? Depués de todos estos días el acento de Clint Eastwood en castellano ya me parece de todo menos gracioso. En tu intento por escapar buscas las llaves del coche, pero no están en su sitio (porque sí, las llaves del coche tienen un sitio y deben de estar ahí, en SU sitio), así que sales a perderte en la huerta, sin más.

Allí, entre las habas y las lechugas te das cuenta de que, efectivamente, has alcanzado el periodo crítico de re-convivencia.

Y tú? Cuál es tu periodo crítico de re-convivencia?

A los puristas del idioma


Imagen de pixabay.com
A mis queridos amigos los puristas de la lengua cervantina, desde ya os digo: tenéis razón.

Si bien hubo tiempos mejores, reconozco que nunca merecí un sillón de la RAE. Desde luego la expatriación no ha ayudado y el popurrí idiomático en el que vivo, tampoco.

Así pues, pido disculpas de antemano por todos esos diacríticos ausentes, por los errores en el uso de los signos de puntuación, por los pronombres demostrativos que pueda acentuar como adjetivos y por las demás aberraciones de las que ni yo ni el autocorrector somos conscientes.

Prometo en cualquier caso ir mejorando con la práctica. Para ello cuento con una gran herramienta en mi mesilla de noche: mi libro de lengua castellana de octavo de EGB.

Ahora bien, no pido perdón por todas esas exclamaciones e interrogaciones que cierro sin haber abierto antes (excepto en el primer post, para quedar bien). Tampoco por el uso indiscriminado de anglicismos. Está mal? Sí. Pero en la república independiente de mi blog no se abren interrogaciones, que para eso ya está la vida.