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Aserejé

Y otra vez he estado desaparecida... aunque esta vez seguro que adivináis por qué :-)

Pues sí, tras un rato de lo más “divertido” y “placentero” a más no poder, la Polaquilla ya está con nosotros!

[Nota mental: llevar siempre una epidural encima, por lo que pueda pasar]

El día de la marmota

Toca comenzar el post de hoy dando las gracias a este país por el Mutterschutz, o en otras palabras, la baja de maternidad antes de la maternidad “per se”. Estoy segura de que hay mujeres que llegan al parto como una rosa, pero yo desde luego no soy una de ellas. Y el caso es que dolerme no me duele nada. Ni se me hichan las piernas, ni me duele la espalda, duermo como un osito..., pero me estoy dando cuenta de que esto de crear seres humanos casi "de la nada" es agotador. Agotador del todo.

Una de ciencias

Hoy toca lección de ciencia. Tranquilos, no hace falta que vayáis a buscar el libro aquel del instituto... estoy segurísima de que no la vais a encontrar allí...

Un domingo alarmante

Domingo por la mañana. No sé qué hora es, pero sé que es temprano. Lo sé porque estoy retozando tranquilamente en la cama, calentita, sin mayor preocupación que girar de lado a lado y volverme a dormir.

De repente, suena el timbre. “Ya están los de las biblias”, pienso. Ah no, espera, que es domingo. Vuelve a sonar el timbre. Para cuando se levanta Polanski y se asoma a la ventana, el timbre ya ha sonado unas tres veces. Son dos señores, me dice. “Buff, los de las biblias, que ahora también trabajan los domingos”, sigo pensando.

Potando voy, potando vengo

Érase una vez, un polaco y una española que feliz e inocentemente paseaban por los Alpes. Quiso el destino que se me escapase el telesilla y que él llegase a tiempo de coger el mio, y unos años después, papá puso una semillita en mamá y la empujó con...

Lo que estoy intentando decir es, que estamos embarazados!

El desenlace

Pues sí, como la mayoría habéis adivinado, lo primero que hicimos tras los eventos del sábado pasado, fue colocarnos en la caja que acababa de abrir. No fue fácil. Para una vez que yo consigo contenerme y no liarla, Polanski, que normalmente es una balsa de aceite, parece no lidiar muy bien con la situación y me toca literalmente arrastrarle de “A” a “B” mientras farfulla.

El final de la historia podría haber sido que pagamos mi molde de tarta y fuimos felices y comimos perdices... Pero no.

To say or not to say?

Ayer salió el sol en Munich, así que salimos de casa con una misión muy clara: paseo por el río mientras dure el sol y después, compra de mi primer molde de tarta (indispensable para continuar con el training de master chef). Una vez más, un plan sencillo.

“Un paseo semanal” es el precio que pago por no tener que hacer deporte. Polanski me dio un ultimátum: como mínimo, mínimo, tenemos que ir a pasear al menos un día a la semana. Me parece razonable. La única condición que le he puesto es que no paseo “bajo cero” ni con lluvia (parece obvio, pero es que este hombre es todoterreno...).

El deporte

El deporte es bueno. Lo dice todo el mundo. Lo dice la tele, la radio, internet, cualquier revista que pille en la sala de espera del médico. Es universal y parece que hay consenso.

Yo no lo discuto. Para una vez que el mundo se pone de acuerdo en algo, no voy a ponerme yo a rebatirlo... Eso sí, lo único que le pido al deporte, es que me deje en paz. Yo no valgo. No valgo. Un paseito, sí. Un par de largos, también. Algo de yoga, vale. Pero ya.

Pura ciencia

  • Cariñuski mio, te has acordado de comprar la nuez moscada y el kilo de carne picada para la lasaña? 
  • [eins?] 
  • [ayudándole a hacer memoria] Sí, te lo he dicho esta mañana, en el desayuno. 
  • […] 
  • Sí, mientras preparabas el café. 
  • Ah! Ya, pero... es que... no puedes esperar que escuche todo lo que dices. 

Qué? qué os parece? He empezado a cocinar!! Es uno de mis propósitos de año nuevo: creo que ya he llegado a esa edad en la que una tiene que saber cómo tranformar una bola de carne picada en unas buenas albóndigas.

Ah sí, y luego está el hecho de que no puedo contar con que mi novio me escuche (al menos no a tiempo completo). Es mucho pedir! No voy a decir que no había notado algo. En ocasiones, a partir de un cierto número de frases, sobretodo cuando hablamos (=hablo) de temas altamente interesantes como la lista de la compra o el sexo de los ángeles, nuestras conversaciones acaban adoptando un cierto patrón:
  • He pensado que después del trabajo podríamos ir al supermercado directamente, sin pasar por casa. 
  • Aham 
  • Pilar se ha bajado una aplicación que enciende y apaga la tele
  • Aham
  • Mira, un tanque acaba de derribar la pared de la cocina!
  • Aham

    Y oye, pues una saca conclusiones. Esto nunca pasa cuando estamos decidiendo en qué irlandes vemos la final de la copa de Europa. No sé, es un fenómeno súper extraño.

    Como buena investigadora que soy, con algunos dotes detectivescos, recurro a LA herramienta universal por antonomasia para recabar información en torno a cualquier extraño fenómeno: Google. 

    Primera búsqueda: “mi novio no me escucha”

    El primer resultado no tiene desperdicio: “mi novio no me escucha, pero lo intenta”. Di que sí! A vender motos pondría yo a este hombre, pero ya! A lo que íbamos: la primera sorpresa es ver el ingente número de resultados... algunos incluso ofreciendo consejo para hacer que tu marido te escuche, como una entrada de wikihow (me parto!) en la que, tras compararte con ruido blanco, te explica qué hacer para que esto cambie.

    Tras unos minutos ojeando ésto y aquello, saco mi primera conclusión: la mayoría de “artículos” relacionan de alguna manera el hecho de “no escuchar” con una condición del individio: su género. 
    Qué revelación! Será verdad? Vuelvo a preguntar a google.

    Segunda búsqueda: escuchan las mujeres mejor que los hombres?

    Google responde a esta pregunta con su primera entrada: “¿por qué las mujeres escuchan mejor que los hombres?” Vaya, entonces, es verdad!! La cosa se pone interesante... Al parecer se han hecho varios estudios al respecto, que han demostrado diferencias en la actividad cerebral de unas y otros durante la escucha. Se junta el hambre con las ganas de comer: nosotras escuchamos con las dos partes del cerebro, mientras que ellos solo con una. Además, nuestra voz es “más compleja”, poniéndoselo aún más difícil al receptor mono-lobular.

    También, una vez más, te explican técnicas para conseguir que un hombre te escuche (de verdad, estoy a lagrimón puro!), como por ejemplo, no hablarle de frente, sino de lado (y esto con gráficos explicativos!!).

    [voy a poner un silencio aquí para que proceses todo lo anterior]

    Pues ya me quedo más tranquila! Si no puedo hacer la lasaña no es por culpa de Polanski, sino de su lóbulo cerebral derecho, que no se activa... Viene así de serie.

    Tras haberos hecho pensar (o no), os dejo con las moralejas de este post. Sí, hoy tenemos dos moralejas: si quieres que tu novio se acuerde de la lista de la compra, mándale un wasap. Y segunda y casi que más importante: el que se aburre es porque quiere!

    Y tú, de qué padeces? Escuchas o no escuchas? ;-p



    Viviendo y aprendiendo

    Imagen de Ciudadano P
    Esta semana me salgo del guión de la mano de Multicoolty, que me ha hecho una entrevista “veraniega” (quien me lea desde Alemania entenderá el por qué de las comillas) para su blog sobre expatriados en Alemania.

    Aquí os dejo el link a la entrevista, en inglés.
    Los que prefiráis una versión cervantina, podéis seguir leyendo una tradución muy, muy libre de la misma (para los que ya me “conocéis”).

    Ya que estamos, si tú también eres o has sido expatriada/o, cuéntame tu experiencia!

    Ahí va.

    • Cuándo y por qué viniste a Alemania?
     Allá en 2004, recién licenciada, cuando el mundo todavía no hablaba de crisis y en mi país era impensable que el precio de la vivienda pudiese alguna vez desplomarse, Servidora recibió una oferta laboral para venir a Alemania, Pepa. Una oferta que no pude rechazar. Así fue como comenzó mi aventura germana. Se suponía que iba a ser por un par de años, pero una cosa llevó a la otra y diez años y tres ciudades más tarde (las mudanzas ni las cuento), aquí estoy, disfrutando de la vida en mi querido país adoptivo.

    • Cómo fue tu integración? Encontraste alguna dificultad? Hablabas el idioma?
    Cuando llegué aquí tan solo podía chapurrear algo de inglés, de alemán, cero patatero. Para arreglarlo, me tiré de cabeza a la piscina yéndome a un piso compartido con alemanes. Mano de santo. En seis meses ya me defendía y a los dos años ya hablaba alemán. En el trabajo, tanto mi jefe (que poco o nada tenía que ver con Komander) como mis compañeros facilitaron muchísimo mi adaptación, preocupándose en todo momento de que estuviese bien y ayudándome en todo lo que hiciese falta.

    Así que para mí integrarme en la sociedad alemana, lejos de una “dificultad”, fue un enorme placer. Creo que si eres respetuosa hacia sus formas y costumbres y te tomas el tiempo y el esfuerzo que lleva aprender su idioma, descubrirás que los alemanes son mucho más que su cliché.
     

    • Qué es lo que más te choca de Alemania (bueno y malo)?
    Lo que más me choca positivamente es el inmenso civismo que muestran los alemanes, el respeto que profesan tanto hacia el individuo como hacia la sociedad en general (con la excepción, por supuesto, de mi vecino). Los alemanes son honestos y sinceros (a veces demasiado!) y esto es algo que valoro mucho!

    Un efecto secundario de esta "rectitud" puede manifestarse en forma de "inflexibilidad". Normalmente no es un problema, pero a veces se vuelve ridículo. Mi ejemplo favorito: la carta de un restaurante ofrece "espagueti boloñesa" y "tallarines cabonara". Si lo que de verdad te apetece es espagueti carbonara... buena suerte!!!
     

    • Ha cambiado tu estilo de vida desde que viniste a Alemania? Si sí, cómo?
    Totalmente. Pasé del horario español a comer a las 12:00, cenar a las 19:00. Ya tengo planes para 2015, mientras que en España posiblemente no sabría qué voy a hacer el viernes. De hecho, volver a España es ahora para mí un "shock cultural", que ha patrocinado el famoso post de la "alemanización". Por ejemplo, ahora, cuando sale el sol, dejo lo que sea que esté haciendo y entro en modo cangrejo. Lo primero es lo primero, que no se sabe cuándo vas a volver a verlo!

    • Puedes decirnos algún "error cultural" que hayas cometido en Alemania?
    Si bien con el tiempo puede que los alemanes pasen a ser tus fieles amigos, esto desde luego no sucede de un día para otro. Cuando me mudé a mi primer apartamento, fui uno por uno tocando los 26 timbres de los 26 vecinos para anunciar mi llegada al edificio, a la ciudad y al país. Sin reparar en gastos informativos. Solo diré que no es así como funciona la cosa...

    •  Qué siginifica Multiculturalismo para ti?
    Para mí multiculturalismo es sinónimo de enriquecimiento. Si bien una cultura distinta puede resultar difícil de asimilar y de adaptarse (créeme, integrarme en China fue una historia muy distinta), lo cierto es que la experiencia siempre es enriquecedora: poder trabajar con compañeros de distintas nacionalidades, tener amigos "de" y "en" muchísimos países distintos, sin olvidar a mis amigos y familia españoles y, cómo no, a mi querido Polanski.

    Multiculturalismo es una forma de vida, por suerte, mi forma de vida. 


    • Recomendarías la experiencia?
    No puedo más que recomendar cualquier experiencia internacional (no necesariamente tiene que durar 10 años!). Esta es mi cuarta vez viviendo en el extranjero, y cada país en el que he vivido me ha aportado mucho más de lo que pude imaginar.

    Viviendo y aprendiendo. Siempre. 

    Polonia

    La República de Polonia, país situado al este de Alemania, miembro de la unión Europea y cuya población ronda los 38 millones y medio de habitantes. Cuna de la única persona del mundo en posesión de premios Nobel en distintas especialidades, que, recordemos, se trata de una mujer. Casi igual de importante, cuna también de Polanski (esto último no viene en wikipedia), motivo por el que he añadido Polonia a mi lista de regular peregrinage. 

    Anoche volvimos de pasar unos días allí. No era la primera vez que iba, ya he estado varias veces, y cada vez que voy me sorprende más cómo una nación con una latitud tan próxima a la germana, puede tener una mentalidad tan próxima a la española. Nada tiene que envidiar el Lazarillo de Tormes al de Varsovia! Pero esta visita ha sido distinta. Por qué?, os estaréis preguntando... Pues porque ahora “hablo” polaco... [silencio, solemnidad, tensión en el aire, estepicursor rodando, graznido de cuervo] Sí, eso es lo que Polanski les ha dicho a sus padres. 

    Y ahí estoy yo, con mi (futura) suegra, entablando conversación. Naturalmente no entiendo todo lo que me dice. Pillo una palabra por aquí, otra por allá e interpolo. En mi cabeza nuestras conversaciones se suceden así: 
    • Dime Servidora, qué opinión te merece el resultado de las recientes elecciones en India? 
    • Esto es mesa. Eso es ventana. La ventana es blanca. 
    • Entiendo. Y dime, qué planes tenéis para este verano? Os vais de vacaciones a algún sitio? 
    • Café, por favor. Sin leche.
    • Y que tal en el trabajo? 
    • A las siete y media.
    Luego está mi (futuro) suegro, tal vez más consciente de mis limitaciones idiomáticas. De cada dos frases que me dice, una siempre es “quieres arándanos?” Me estaba preocupando un poco esa fijación con los arándanos, pero luego me enteré de que Polanski le había dicho que me gustan mucho. Vamos, “exageración parental”, como mi madre, que cada vez que viene Polanski a casa le persigue todo el día con una loncha de jamón...
    Lo que más me gusta de mis visitas a los Polansky es la degustación de los manjares caseros súper bio preparados por mis suegros (mi vocabulario culinario es sobresaliente!). Precisamente light no es, y por supuesto como buenos padres me ceban todo lo que pueden y más y tengo que probarlo todo aunque reviente... y yo que soy tan sacrificada... y está todo taaaaaaaaaaaan rico! Me podría pasar el día comiendo pierogi, uno de cada y luego volvemos a empezar... Y la carne, y las salsas, y los postres... Todo por la causa! Si una tiene que sacrificarse, se sacrifica!
    Pero llegamos al único “contra” nacional... que en sí, no es un contra... lo es solo para mi ego. Quiero preguntar y pregunto: exactamente qué proporción de mantequilla y carnaza incluye la dieta polaca para que las mujeres de este país carezcan de celulitis, lorzilla y cartucheras? Mi (futuro) cuñao no ayuda. Su novia de este mes, modelo. La del mes pasado, modelo. La de mayo, no era modelo pero porque no querría, porque atributos tenía de sobra! Todas me sacan un palmo.
    Menos mal que yo siempre veo la rosa y no la espina (Kahlil Gibran), el vaso medio lleno (mi abuela), la oportunidad en toda dificultad (Winston Churchill ), y fackitol (Servidora Tedesca) también. En lugar de traumatizarme, prefiero darle la vuelta a la tortilla: yo no soy bajita-gordita-celulítica-acneica-estriada. Yo soy “exótica” en Polonia.

    Zanjando y concluyendo mi crónica polaca, os dejo con la moraleja de esta historia [sí, hoy la historia tiene moraleja]: las blueberries son arándanos azules en castellano, cuantos más pierogis comas, mejor y el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija (que siempre es bueno recordarlo). 


    El día de la bestia

    En algún momento de 1999 decidí eliminar de mi vocabulario toda sentencia que comenzase por “Yo nunca”. Es más, soy educada con todos los curas por si acaso. Pero es que ni así se libra una de tener que tragarse sus propias palabras... Y es que digo y Diego son dos viejos conocidos. Os acordáis? Lo dije, bueno no, lo escribí bien clarito hace siete meses: “No me mueven ni a pedradas de este piso” 

    Y a que no adivináis lo que he hecho? Pues sí, me vuelvo a mudar (en ello estoy!). No sé si es que muy dentro de mí me he propuesto batir el récord mundial de mudanzas al año o que la oportunidad apareció tan calva que no me pude resistir... Solo diré que por cuatro euros más de alquiler al mes ganamos treinta metros cuadrados extra. Y todo sin comisiones a agencias. Tú qué hubieses hecho? Pues yo también. 

    El hombrecillo verde que vive en mi hombro derecho me lo recordó: “Servidora, que esto implica meter todas vuestras pertenencias en cajas y transportar las cajas, y los muebles y desmontarlos y volverlos a montar. Y domicilia la luz, nuevo módem, a saber cuándo va a funcionar el teléfono...” No le escuché. Treinta metros cuadrados extra es una guinda demasiado dulce como para no hincarle el diente. 

    Podría elaborar bastante más la lista de engorros que supone (otra vez) una mudanza, pero en lugar de eso, voy a centrarme en esa gran batalla que la mudanza me ha ayudado a ganar. Y es que le he sacado partido al Pisuerga y he conseguido que Polanski se enfrente al peor de sus miedos, su asignatura pendiente: el cajón de los calcetines! 

    Y es que habíamos llegado a ese punto que tantas parejas alcanzan en su relación. Hay questiones que realmente preferirías no tener que formular nunca. Aguantas y aguantas. Se lo dejas caer, al principio sútilmente, luego ya no tan sútilmente, hasta que llega un día en que no te queda más remedio que amenazarle: el cajón de los calcetines o yo. Y ese día había llegado. El día de la bestia. 

    Para satisfacción de mi ego (y por su bien), elige “yo”. Así que coge su ipod, se pone los cascos y se encierra en la habitación. 

    [1 hora]

    Preocupada por él, abro sigilosamente la puerta y me asomo tímidamente. El espectáculo es dantesco. Tres colinas en la cama: una marrón, una negra y la tercera azul. Ya sabéis que no me gusta exagerar, pero fácil, fácil, unos doscientos calcetines (que de ninguna manera se va a traducir en cien pares, eso ya lo sé yo). Además, los calcetines habían invadido parcialmente el cajón contiguo (peor de lo que yo pensaba!).

    En el centro Polanski, semienterrado por los calcetines en estado de shock, hiperventilando:
    - How did this happen? Cómo he llegado aquí? Cómo? Cómo?

    Yo creo que llevaba unos 20 años evitando este momento.

    Me solidarizo y le echo un mano. Fue duro, no lo voy a negar. Incluso con mi ayuda, nos costó lo suyo hacer pares e identificar viudos. Hubo muchas bajas. Exhausta, confio en que al menos haya aprendido la lección y que, en el futuro, comience a hacer pares a la puerta de la lavadora... Pero no:

    - A partir de ahora, no volveré a comprar más de un par del mismo modelo.


    El arte

    Por unas cosas y por otras, entre las que se incluye un enmarronamiento sin precedentes por parte de Komander, me ha tocado pasarme Semana Santa aquí, en la ciudad. Al mal tiempo (que también), buena cara! Ha sido interesante. Unos treinta aparcamientos libres delante de mi casa. Puedes cruzar las calles sin mirar. Si vas a cualquier restaurante fuera del centro, vacío. Si vas a cualquier restaurante en el centro, menú en inglés. En fin, como Madrid en agosto pero sin que se te derritan las suelas de los zapatos.

    Polanski y yo hemos aprovechado para explorar un poco la ciudad, y hemos comenzado por la Pinakothek der Moderne: cuatro museos bajo un mismo techo. Qué os voy a decir. Como no me he pasado al campo de la guía lo haré breve: Colección de arte moderno. Espectacular exhibición de “historia del diseño”. Una obra de arte es en sí el edificio. La tienda, no tiene desperdicio.

    Después de unas tres horas y haciendo un esfuerzo sobrehumano, he conseguido reducir a 2 las obras de arte que más me han impresionado hoy:



    Nótese el uso magistral del negro y del “negro claro”. Irrupciones de gris. El ángulo frente a la curva. La intersección. Tan familiar, que no le han quitado siquiera el fleco a la hoja tras arrancarla del cuaderno. Me quito el sombrero, sí señor.

    Quizá seáis de la opinión de que como crítica de arte no me voy a poder ganar el pan. Estoy de acuerdo. Pero he aquí el descubrimiento del día: como artista, sí! Aquí va toda mi vanidad en forma de confesión: me veo a la altura de estas obras. Tal ha sido la inspiración que he recibido hoy que me he pasado toda la tarde ultimando mis creaciones. Separo mi obra (o "creación vespertina") en dos series:

    1. La serie urbana, compuesta por “niños jugando en el jardín inglés” y “niños jugando en el jardín inglés con perro” (sí, hay cierta influencia germana en mi arte, que le voy a hacer).



    2. La serie rural compuesta por “picnic junto al lago en día soleado” y “picnic junto al lago en día soleado observado por abejarruco”.

    Como son mis primeras series, agradecería de todo corazón vuestras críticas y opiniones, que el jueves vienen a recogerlas los del Reina Sofia. 

    Por último, y totalmente independiente de lo anterior (ejem, ejem), os dejo una reflexión, también procedente del museo:



    "Esto es arte, o podemos tirarlo a la basura?"

    Me tranquiliza que se planteen estas questiones.



    Albóndigas con tomate

    No es que se me de mal. Tampoco se me da bien. Yo diría simplemente, que no se me da. Y es que desde que el tiempo es tiempo, a mi siempre se me han ocurrido unas doscientas ochenta y tres mil cosas mejores que hacer que cocinar. Así sobreviví mis tiempos universitarios. A base de sandwiches de salchichas Frankfurt con ketchup, latas de atún y pasta, mucha pasta. Lo más cercano a cocinar que practiqué fue la extracción de pizza de congelador y posterior inserción en horno (lo tenía y tengo masterizado!) 
    Image courtesy of Apolonia / FreeDigitalPhotos.net
    Total, que ahora, con esto de que somos dos y Polanski de vez en cuando (muy de vez en cuando) me obsequia con delicatessens polacas, pues como que me va picando el gusanillo y he decidido comenzar con la experimentación culinaria.
    En respuesta a un plato súper delicado polaco basado en hígado, manzana y cebolla para aburrir, y aprovechando la inmensa adaptación de Polanski a la cocina española, he decidido preparar unas albóndigas con salsa de tomate. Para ser exactos, fue justo cuando pasaba por la sección de cárnicos del supermercado que lo decidí: “voy a comprar carne picada y así hago unas albóndigas”. Eso es lo que le he oido decir a mi madre cientos de veces y, al día siguiente, aparecen unas albóndigas pachuparse los dedos. No sé qué hice mal... En fin, mejor no adelantarme a los acontecimientos.
    Sábado por la mañana, servidora se pone manos a la obra. Rallo el tomate, frío el tomate. Corto cebolla, frío cebolla. Todo a la olla. Hasta aquí bien. Cojo la carne picada y hago bolas. A puntito estaba de echarlas a la sartén, cuando me atacó un atisbo de lucidez que me hizo llamar a mi madre para que me diese el visto bueno.

    • Hola mama!
    • Anda, mira que bien, justo quería yo que me corrigieses unos deberes de matemáticas...
    • No, mama, espera, que ahora no puedo. Estoy haciendo albóndigas
    • Albóndigas? Congeladas?
    • No mama, las estoy haciendo yo! He comprado carne picada.
    • [silencio al otro lado de la línea]
    • Mama?
    • Sí, sí hija, aquí estoy. Qué le has echado a la carne?
    • Sal y pimienta
    • Ya, pero para hacer las albóndigas?
    • Carne? [Lo admito, podría haber hecho uso de internet previo a la lista de la compra ...]
    • Sí bueno, pero tendrás que añadirle el huevo, el pan, el peregil y unos piñones...
    • Uhm. No tengo ni huevo, ni peregil, ni por supuesto piñones, pero tengo aquí unas rebanadas de pan de molde...
    • [más silencio] Y para la salsa? Qué le has echado a la salsa?
    • Tomate y cebolla
    • Podrías freir una hojita de laurel...  
    • Mama, conociéndome no sé como puedes ni tan siquiera pensar que una hoja de laurel haya jamás entrado en mi cocina! [es más, si tengo cocina es porque venía con la casa] 
    • Bueno, con tomate y cebolla también estará bueno...
    Algo desalentada vuelvo a mis bolas de carne dispuesta a adentrarme en el campo de la improvisación y a hacer malabarismos con todo ingrediente no caducado que pueda encontrar en mi cocina. Detrás de las manzanas, algo mustia, encuentro una patata. A la cazuela! En uno de los cajones aparece medio ajo. A la sartén con las albóndigas!! Y como siempre he visto en la tele que estas cosas se arreglan con vino, le echo media botellita a la salsa. 
    En fin, supongo que el atento lector no necesitará mucha más información sobre los hechos para hacerse una idea de lo que salió de aquella cazuela. Ves las albóndigas de la foto? Pues nada que ver!
    Y allá va mi pobre cobaya, en lo que no puede ser considerado más que una muestra extrema de agradecimiento, y me dice: uhm! Que ricas las albúndigas!
    Solo espero que Polanski haya olvidado esta experiencia para cuando pruebe las albóndigas de mi madre, y no pueda comparar...

    El rey del mambo

    En honor a la verdad y para que no todo sea despotricar, debo decir y digo, que Polanski está haciendo verdaderos esfuerzos por acercarse a mi cultura. No, no estoy hablando de su amistad inquebrantable con Serrano y Manchego, ni de lo bien que se ha adaptado al concepto cañita + tapita. Me refiero a su interés por aprender el idioma, conocer el país, su cine, su música... y en ocasiones alguna que otra idea que se le ocurre que escapa un poco a mi entendimiento.

    Me explico: por más que le he insistido en que eso de “typical spanish” tiene más bien poco, ha decidido que como bueno español tiene que aprender a bailar salsa. Ya, pobrecillo, que le voy a hacer... igual un día me trae un sombrero mariachi a casa, por si me da morriña. Yo le he intentado desviar hacia el pasodoble, sevillanas, Paquito el chocolatero, pachanga pura y dura, en fin, lo typical spanish. Pero nada, él en sus trece. Cabezón el polaco. Que quiere salsa? Pues salsa.

    Por no quitarle la ilusión, accedo a ir a un taller de estos de prueba. Le veía tan motivado, tan seguro de sí mismo y tan tremendamente desconocedor del baile en general y de la salsa en particular, que por un momento pensé que nos apuntaba directamente al curso de avanzado-super-profesional (ay Hollywood, cuánto daño has hecho!). Pero no, se ve que le pudo la prudencia y empezamos con el nivel cero-tirando-a-negativo. Menos mal.

    A toro pasado diré: no tengo ni la más remota idea de lo que pensaba Polanski que iba a ser aprender a bailar. Creo que en su cabeza la profesora ponía la música y todos nos convertíamos en pequeños Patrick Swayze y Shakiras. Su gozo en un pozo, me temo. Allá que va la profe y empieza a contar del uno al siete saltándose el cuatro, y paso pa la derecha y paso pa la izquierda. Ahora giramos. Y ahora con la chica. Con esa no! En fin. Mareao como el pato.

    Por si ésto no complicase ya las cosas lo suficiente, además la criatura tiene un deje baloncestil que le impide bailar sin dar saltitos, con lo que pierde demasiado tiempo “en el aire” como para encima poder dar los pasos a tiempo. Un desastre total. Polanski indignado con los elementos en general y conmigo en particular, por dar los pasos bien. Vamos, que la tontería de su “integración” casi me cuesta a Polanski en sí.

    Cabizbajo, nada más llegar a casa, me enseña una entrada de wikipedia: 

    - Pues tenías razón, la salsa no es typical spanish...
    - Ven, te voy a enseñar a hacer gazpacho, que esa sí es española.

    En fin, paciencia.


    El polaco

    No amigos no, esta vez no vengo a despotricar sobre el individuo, sino a ensalzar las “virtudes” de su lengua materna.

    Y es que pasada la euforia del enamoramiento, eventualmente comienzan a aparecer los “daños colaterales”: que te has echao un novio polaco? Guay, pues a aprender polaco! Queridos solteros y solteras del mundo, he aquí un consejo: la próxima vez que conozcáis a alguien, olvidaos del “estudias o trabajas”, “bebe!” o “qué hace una chica como tú en un sitio como éste?”. NO. Id a lo importante: “, cuantas declinaciones tienes?”, “y vocales?”, “cuantas consonantes seguidas eres capaz de pronunciar?”. Este tipo de preguntas realmente os permitirá juzgar y evaluar objetivamente el sarao en el que os estáis metiendo. Así, sin paños calientes, porque después le cogéis cariño y ya no hay vuelta atrás.

    Cuando piensas que tú ya pasaste tu calvario con el alemán y su nominativo, acusativo, genitivo y dativo, descubres que el polaco no escatima en casos: añádele vocativo, locativo e instrumental. Es que no pasé yo ya mi penitencia? Por qué? Por qué?

    Pues menos mal que la pasé, porque otra de las cosas "buenas" de aprender polaco en Alemania es que las clases son, por supuesto, en alemán. Qué significa “przekupstwo”? (nótese que son 3 vocales para 8 consonantes). “Bestechlichkeit”. Ah! Ya está mucho más claro!

    Según el Foreign Service Institute, más se me habría complicado la cosa (lingüísticamente, se entiende) de haber sido Polanski árabe, coreano, chino o japonés. Justo después va el polaco. Solteros y solteras del mundo, si no queréis renunciar a la componente exótica sin complicaros demasiado la vida, el Foreign Service Institute os da a elegir entre varias latitudes, desde noruego hasta italiano, pasando por holandés, danés y francés. Ahí lo dejo!

    Para quitarme mérito, Polanski me recuerda: “yo también estoy aprendiendo tu idioma”. Claro que sí! Yo tengo que aprender a pronunciar “przepraszam” y Polanski tiene que aprender a pronunciar “disculpe”. Lo mismico. Cinco vocales, menudo reto para una criatura que puede pronunciar nueve, dos de ellas nasales. Que yo le he oido pronunciar palabras, que ni los delfines! “Pero conjugáis los verbos”, anda y es que los polacos no? De hecho, una conjugación más tienen ellos.

    En fin. Todo sea por amor.

    Lo único que me consuela es saber que nunca dominará todas las acepciones de la palabra “cojones”.


    La empollona


    Imagen de pixabay.com
    Te pasas media vida intentando convencer a tu madre para que se apunte a las clases de gimnasia para mayores que pone el ayuntamiento de tu pueblo. Y venga y dale, más y más ventajas que le cuentas y todo por 20 euros... el trimestre! Si es que me los quitan de las manos, señora! Pues nada, ella erre que erre, excusa por aquí, excusa por allá, que no y que no y que no. Y un día, va al supermercado, se encuentra con dos amiguitas suyas de cuando eran jóvenes y oye, pues que me la convencen en 10 minutos. Ahí es poco!

    Pero espera que aún no he acabado. Llega el día D a la hora H y mi madre acampa en el ayuntamiento, cual fan de Justin Bieber, para ser de las primeras no vaya a ser que se quede sin curso. No me preguntéis cómo sucedieron los hechos, pero mi madre salió del ayuntamiento apuntada a clase de gimnasia, cultura general y psicología.

    Yo con cara de cromo.

    Pues bien, quién me lo iba a decir… Desde que mi madre va a clase se acabaron las llamadas de “hola hija, qué tal todo?”, “Cuándo vienes?”, “Qué tal el trabajo?”, “y Polanski?”, “Cuándo me dais nietos?”. No, no. Ahora es más bien: “hija, te quería yo preguntar…”. Y no se le pasa una, qué va. Deberes que le ponen, deberes que hace.

    He aquí la pregunta de ayer:
    • Hija, cómo se dice, “armario” o “almario”?
    • Mama, armario es con “r”.
    • Estás segura?
    • Claro mama, cómo va a ser con “l”!! Lo has buscado en el diccionario?
    • Es que ha dicho la profesora que no podemos utilizar el diccionario. Míralo en internet.
    • (me tengo que reír) Mama, si no vale el diccionario internet no valdrá tampoco.
    • Ah, de internet no ha dicho nada. Míralo en internet!
    • Mama que estoy segura.
    • Que lo mires!

    Y allá que va servidora a la RAE y … sorpresón: armario y almario, no solo las dos están aceptadas sino que además, son la misma cosa (ay de mi, pobre ignorante!). Qué, cómo os habéis quedao? Miedo me da que un día de éstos me cuadre el círculo...


    Bárbara

    Imagen de pixabay.com
    Tras la entrañable estancia en el hogar paterno y con el periodo crítico de re-convivencia bien excedido, retornas a la Germania. Aterrizas con las pilas (y las cartucheras) bien cargadas, con tus 18 kilos de naranjas en la maleta y con todos esos propósitos de año nuevo: ir a correr todas las semanas, dedicar más tiempo al polaco (aquí no me refiero a Polanski no, sino a su bendita lengua materna...), leer más, comer más sano, cabrearme menos con Komander... En fin, lo típico, dispuesta a comerme el mundo!

    Llegas a tus 48 metros cuadrados que llevan sin saber de la calefacción diez días. Efecto nevera. No te puedes quitar la chaqueta hasta pasadas dos horas. Pero no pasa nada porque ahí estáis tú y tu positivismo y eventualmente Polanski, que llega justo cuando alcanzamos la temperatura de habitabilidad (haylos afortunados!), también cargado de buenos propósitos... y regalos! Se puede pedir más? Tan motivados estamos que decidimos ir a correr ya a la mañana siguiente, para ir haciendo hábito.

    Admito que el positivismo no se ve igual por la mañana temprano. Pero como no puedes tirar la toalla el primer día de la operación 2014-fit, pues sacas todos los bártulos y te preparas para la acción. Cuando por fin estás tú ya en modo Rocky Balboa, preparada para afrontar la dura cuesta arriba (en el sentido más literal de la palabra), abres la puerta y, a lo cubo de agua fría, te topas con Bárbara!

    Dejadme que os la presente: Bárbara es la encantadora señora que se encarga de que nuestra escalera reluzca. Aproximadamente un metro setenta, unos 100 kilos de peso y esa expresión entre amenazadora y letal. La llamo Bárbara no por preservar su identidad, sino por preservar la mia ante el riesgo de preguntarle su nombre! Bárbara siempre tiene esos gestos para contigo, informándote de lo inapropiado que resulta pisar donde ha fregado o interponerte a su paso con la aspiradora.

    Es demasiado tarde. Resulta imposible esquivar su mirada, así que mientras sigilosamente nos acercamos al ascensor intentando pisar lo menos posible su suelo fregado, pronuncio un tímido “feliz año nuevo” con la esperanza de que nos perdone la vida. Pero no, Bárbara no entiende que no hayamos levantado el vuelo para llegar al ascensor. La veo negar con la cabeza mientras la vena de su cuello comienza a hincharse, su mirada inyectada en sangre. Finalmente abre la boca para decirnos...

    Lo que sucedió a continuación no va a ser narrado porque los niños también pueden leer ésto y servidora no quiere herir sensibilidades. Por propósitos blogísticos, supondremos que Bárbara contestó: “Feliz año nuevo para vosotros también”.

    La realidad es que no habían pasado ni 32 horas de 2014 y ya me tuve que tomar el primer Fackitol del año. Este 2014 promete!

    Feliz año a todos!!

    El periodo crítico de re-convivencia

    Imagen de pixabay.com
    Llega la navidad y con ella vuelve el turrón, las naranjas, la lotería... y los hijos pródigos de este país, pues hacemos lo propio!

    También vuelves en junio y en agosto, pero no, en navidad es como que mejor. Tus padres, abrumados por la felicidad, te van a buscar al aeropuerto, a la estación o a la Conchinchina si hace falta. Te traen a tu (su) casita, decorada con todos esos adornos y el árbol de navidad. Entras a tu habitación y la encuentras más ordenada de lo que jamás estuvo cuando tú vivías en ella. Continuando y concluyendo: recibimiento propio de un hotel de 5 estrellas. Pero qué digo? Mejor! Porque nada más llegar se acerca la chef jefa para discutir contigo el menú de todas las fiestas. 

    Así comienza la re-convivencia, con la familia congregada alrededor del hogar, cantando villancicos al son de la guitarra, como en los viejos tiempos. Entrañable. Idílico. Podríamos inspirar al mismísimo Murillo. Nos faltan el buey y la mula!

    Llega la hora de la cena. Para acompañar a la selección de delicatessen preparada por tu madre, todo "made in Spain" (concretamente en la huerta de enfrente de la casa), tu padre elige una peli del oeste de Clint Eastwood. Qué gracioso el Eastwood hablando en castellano!

    Durante los primeros días de la re-convivencia observas un curioso fenómeno paranormal por el cual tus calcetines desaparecen de donde los dejes y aparecen mágicamente dobladitos en el cajón de los calcetines (que poco o nada tiene que ver con el de Polanski) oliendo a brisa marina.

    Estás tan abrumada que casi no le das importancia la primera vez que tienes que registrar la casa entera en busca de tus calcetines de deporte, que eventualmente aparecen en el cajón de tu hermano, cuyo pie es cinco números mayor que el tuyo. La magia, es lo que tiene! Pero no pasa nada porque es navidad y lo importante es que ya tienes los calcetines y te puedes ir a correr por el campo, lujazo donde los haya.

    Así, uno tras otro, se van sucediendo los días: uno, dos, tres, nochebuena, navidad, seis, siete...

    Estás tan metida en esta dinámica de lo idílico que te pilla del todo descolocada el día que te despiertas de la siesta a golpe de acordes, cortesía de tu hermano con la maldita guitarrica. Joder, como en los viejos tiempos! Decides salir de allí pero no encuentras tus zapatillas porque el duende mágico ha decidido que era hora de lavarlas (!·$%#"?? ) y sales descalza intentando buscar un recodo de paz. Pasas por el salón donde tu padre, que no se cansa, sigue viendo otra peli del oeste, que yo me pregunto, es que ese canal no tiene otra cosa? Depués de todos estos días el acento de Clint Eastwood en castellano ya me parece de todo menos gracioso. En tu intento por escapar buscas las llaves del coche, pero no están en su sitio (porque sí, las llaves del coche tienen un sitio y deben de estar ahí, en SU sitio), así que sales a perderte en la huerta, sin más.

    Allí, entre las habas y las lechugas te das cuenta de que, efectivamente, has alcanzado el periodo crítico de re-convivencia.

    Y tú? Cuál es tu periodo crítico de re-convivencia?

    Manda huevos!


    Imagen de pixabay.com
    Polanksi llega a casa. Tras abrir la puerta, salta su bolsa de deporte que cuidadosamente dejó en ese mismo lugar el día anterior, esquiva las cajas con la ropa de invierno, que aún no ha tenido tiempo de bajar al sótano y deja la mochila en el suelo, junto a la maleta del fin de semana anterior aún sin deshacer.

    Entonces se dirige a donde recuerdo estaba el sofá, lo desentierra de debajo de esa montaña de ropa de invierno que antes estaba en las cajas y aún no está en el armario, saca la tablet y se pone a hacer sus cosas.

    Así, sin inmutarse, sin mostrar estupor alguno.

    Pero luego vas tú y se te ocurre meter en la lavadora su ropa de deporte junto con el resto de ropa:

    -       No, no… es que no me gusta mezclar la ropa de deporte con el resto
    -       Por qué?
    -       Porque la de deporte huele mal
    -       Pues por eso la estamos metiendo en la lavadora, para que huela bien…
    -       Sí, sí, pero por separado

    Manda huevos! Mi (nuestro) salón se asemeja al campo de batalla de Braveheart (después de la batalla, se entiende) y no es un problema, pero ay de ti si metes el calcetín de deporte en la mundanal colada!

    Pero espérate que aún no ha acabado la criatura. Eventualmente, se levanta del sofá rumbo a la nevera. Empieza a hacerse un bocadillo. Atónita, veo cómo echa mano de mi preciado aceite de oliva:

    -       Polanski, seguro que no prefieres esa mantequilla rica que me obligaste a comprar? Con omega 3 y todo…
    -       No, el jamón serrano me gusta más con aceite de oliva de “elmacera”

    O sea, que vas tú al súper a comprar la mantequilla esa chunga que te pide porque él “es más de mantequilla”, que si me pillan los parroquianos me echan de la liga de mus, y luego va él y hala, a tirar de aceite de “elmacera”.

    En fin, supongo que de ésto último no le puedo culpar, si es que no cuesta nada acostumbrarse a lo bueno… Si no dímelo a mi, que desde que llegó Polanski no he vuelto a limpiar el baño, ni pasar la aspiradora, ni subir la compra, ni tender la ropa... vamos, lo que se considera un reparto equitativo de las tareas.

    Qué viva la convivencia!