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El día de la marmota

Toca comenzar el post de hoy dando las gracias a este país por el Mutterschutz, o en otras palabras, la baja de maternidad antes de la maternidad “per se”. Estoy segura de que hay mujeres que llegan al parto como una rosa, pero yo desde luego no soy una de ellas. Y el caso es que dolerme no me duele nada. Ni se me hichan las piernas, ni me duele la espalda, duermo como un osito..., pero me estoy dando cuenta de que esto de crear seres humanos casi "de la nada" es agotador. Agotador del todo.

Una de ciencias

Hoy toca lección de ciencia. Tranquilos, no hace falta que vayáis a buscar el libro aquel del instituto... estoy segurísima de que no la vais a encontrar allí...

Un domingo alarmante

Domingo por la mañana. No sé qué hora es, pero sé que es temprano. Lo sé porque estoy retozando tranquilamente en la cama, calentita, sin mayor preocupación que girar de lado a lado y volverme a dormir.

De repente, suena el timbre. “Ya están los de las biblias”, pienso. Ah no, espera, que es domingo. Vuelve a sonar el timbre. Para cuando se levanta Polanski y se asoma a la ventana, el timbre ya ha sonado unas tres veces. Son dos señores, me dice. “Buff, los de las biblias, que ahora también trabajan los domingos”, sigo pensando.

Quién me manda a mí!

La brillante idea se me ocurrió en pleno periodo hormonal, posiblemente en uno de los picos. Me crecí en ausencia de mis plenas facultades mentales (todo lo plenas que pueden llegar a estar, se entiende) y se me antojó conveniente el refrescar el correcto (subrayo correcto, versus lo que hago ahora) uso de preposiciones, declinación de adjetivos y demás minucias de las que hasta ahora no me he preocupado porque, total, incluso con preposiciones aleatorias, entenderme me entienden.

Potando voy, potando vengo

Érase una vez, un polaco y una española que feliz e inocentemente paseaban por los Alpes. Quiso el destino que se me escapase el telesilla y que él llegase a tiempo de coger el mio, y unos años después, papá puso una semillita en mamá y la empujó con...

Lo que estoy intentando decir es, que estamos embarazados!

No me toques la tarifa

Cuando llegué a Alemania hace ya muchos años, mi por aquel entonces compañero de piso (alemán) me dio uno de los mejores consejos que se le puede dar a alguien recién llegado a este país:

En Alemania hay tres cosas que debes saber: 


  1. Un buen médico no es fácil de encontrar. Busca uno que no te quiera por tu seguro.
  2. Tarde o temprano, vas a necesitar un abogado. Estate preparada.
  3. Hagan lo que hagan y digan lo que digan, nunca confíes en la Deutsche Telekom (extensible a las demás compañías de telefonía).
Más razón que un santo! Si bien nunca dudé de la veracidad de sus palabras, cierto es que con los años he ido constatando hasta qué punto tenía razón: en los tres puntos he pecado. 

Así pues, podría contaros cómo no debéis fiaros de médicos que claman necesitáis éste o aquel tratamiento (particularmente, si tienes seguro privado) y de cómo un buen abogado os puede sacar de éste y más aprietos. Pero como me acaba de llamar una amable señorita de O2, voy a centrarme en el tercer punto.

Después de once años disfrutando de internet en Alemania, y las miles de historias para no dormir con las que podría llenar unos veinte posts fácilmente, he desarrollado un extraño hábito: me niego a ahorrar con mi tarifa de internet, de móvil o de fijo (enseguida veréis por qué).

Cada vez que me llama algún amable empleado de mi proveedor de telefonía, la conversación se sucede tal que así:
  • Hola buenos días, le llamamos de O2
  • Buenos días
  • Estamos promocionando una nueva tarifa para …
  • [le corto] Muchas gracias, pero no estoy interesada
  • Pero, con esta tarifa tienes más minutos y pagas menos
  • Ya, ya, no dudo de que sea una gran tarifa. Pero no estoy interesada
  • Puedo preguntar por qué?
  • Claro! Hasta ahora, siempre que he cambiado de tarifa, o bien han aparecido costes en mi factura que he tenido que reclamar (menos mal que siempre reviso la factura, verdad?) o mi conexión/teléfono ha dejado de funcionar por unas semanas
  • Vaya, que mala suerte. Pero eso con nosotros no te va a pasar. Por cierto [dándose cuenta de que mi acento de alemán, poco], prefieres que hablemos en inglés?

[Aquí tengo que hacer un inciso. Los trabajadores de proveedoras de telefonía alemanas suelen padecer una curiosa enfermedad conocida como “síndrome del idioma parpadeante”. Se suele manifestar por un inglés más que fluido cuando trabajan en la sección de “nuevos contratos”, que se convierte en un alemán de lo más arraigado cuando les trasladan a la sección de “resolución de problemas con contratos existentes” y que empeora más aún en la sección de “darse de baja de contratos”. No os asustéis si la misma persona que os hizo el contrato ya no habla inglés cuando no os funciona el teléfono.]

  • Hablamos como quieras, siempre y cuando no me toques la tarifa.
  • Pero que vas a pagar menos!

Y así suma y sigue. Yo entiendo que cueste de entender, pero es que el diablo sabe más por viejo que por diablo, y yo ya tengo mis añitos. Una vez más, como tantas veces en la vida, prevalece el primer axioma de la ingeniería: "funciona? sí. Pues no lo toques".

Y eso hago.



El desenlace

Pues sí, como la mayoría habéis adivinado, lo primero que hicimos tras los eventos del sábado pasado, fue colocarnos en la caja que acababa de abrir. No fue fácil. Para una vez que yo consigo contenerme y no liarla, Polanski, que normalmente es una balsa de aceite, parece no lidiar muy bien con la situación y me toca literalmente arrastrarle de “A” a “B” mientras farfulla.

El final de la historia podría haber sido que pagamos mi molde de tarta y fuimos felices y comimos perdices... Pero no.

To say or not to say?

Ayer salió el sol en Munich, así que salimos de casa con una misión muy clara: paseo por el río mientras dure el sol y después, compra de mi primer molde de tarta (indispensable para continuar con el training de master chef). Una vez más, un plan sencillo.

“Un paseo semanal” es el precio que pago por no tener que hacer deporte. Polanski me dio un ultimátum: como mínimo, mínimo, tenemos que ir a pasear al menos un día a la semana. Me parece razonable. La única condición que le he puesto es que no paseo “bajo cero” ni con lluvia (parece obvio, pero es que este hombre es todoterreno...).

La moqueta siempre llama dos veces

Ayer fui a visitar a mi amigo Charlie. Tuve que ir a su casa porque desde que se puso a cambiar moquetas por tarimas, es el único hábitat en el que es posible encontrarle. 

Y allí aparece, pálido, desvalido, vista extraviada... En cinco años compartiendo pupitre nunca le había visto tan calamitoso...

- Charlie, cuéntame, qué males te acaecen?

No te quites el sayo

Abre tu armario. Coge toda tu ropa y tírala en la cama. Así, con furia, como en las películas americanas cuando la novia se enfada y echa al novio de casa, previo lanzamiento de prendas por la ventana. Ahora ve hacia tus zapatos. Quiero que abras todas las cajas y repartas los zapatos por el suelo, cuanto más lejos quede cada zapato de su par, mejor. Y por último, ve al cajón donde guardas guantes, bufandas, gorros y demás, y lo vacías, también encima de la cama.
 

La ayuda

Conversación en wasap con una amiga mía:
  • Servidora, qué haces esta tarde?
  • Pues tengo clase de polaco y después había quedado para cenar, por?
  • Ah, vale. Cancela todo eso y te vienes a casa a recogerme. Necesito que me saquen de aquí!

Se trata de una mujer de mediana edad, recientemente operada, madre de tres criaturas e hija de dos almas cándidas que no han dudado en venirse a Alemania, Pepe, a echarle una mano a su querida vástaga en tan delicadas circunstancias.

Por qué no hablas alemán

Seguramente hayas llegado a Alemania con mucha curiosidad, ilusión por la nueva vida que te espera y con una enorme motivación por aprender alemán... Si tengo razón con las dos primeras, pero te falta la última, te lo garantizo, no vas a aprender alemán. 

Puede que tu falta de motivación esté relacionada con la dificultad del idioma. No lo discuto. Es verdad que el alemán es difícil. 

Que querer es poder, también es verdad. 

Igual has decidido vivir solo o con tu familia. O quizá te has decantado por un piso compartido, idealmente con alemanes. También puede que hayas optado, para empezar, por irte a vivir con gente de cualquier otra nacionalidad. Aquí no quiero ser pesimista, puede que no hablen inglés y que os veáis igualmente forzados a hablar alemán. Si no es el caso, tendrás una experiencia intercultural (o no) única, altamente recomendable... pero no contribuirá a tu inmersión lingüística. 

No te culpo, el mercado inmobiliario no está como para elegir... 

Puede que para paliar esta situación hagas un curso intensivo, o cuatro horas de clase a la semana junto con un par de tándems....O puede que pases las tardes (y las noches, y los fines de semana) con tus amigos españoles echándote unas risas y recordando tiempos mejores. Quizá también despotricando sobre lo difícil que es practicar el alemán que aprendes (o no) en clase y señalando cómo los elementos se han puesto en tu contra. Si este último es el caso, te lo pasarás muy bien, os echaréis unas risas y conocerás a mucha gente, tal vez de lo más interesante, pero tampoco aprenderás alemán. 

Puede que te hayas hecho el carnet de la biblioteca más cercana y que saques todas las semanas diez libros de vocabulario para niños, que devoras cada noche después de tus dos horas (mínimo) de clase. O puede que ni siquiera sepas cómo se dice biblioteca en alemán. 

Puede que veas constantemente televisión (o cine, o series) alemana, o que escuches la radio a todas horas. O puede que no. 

Puede que te hayas bajado (y uses) n-mil aplicaciones para reforzar vocabulario o gramática. O puede que seas más de "wasapear" en alguna lengua que ya hables.

Igual llegas a la conclusión de que no es culpa tuya, que tú has intentado por todas integrarte en la sociedad alemana, pero que claro, es taaaan dificil... Puede que sea difícil (es más, es difícil), pero, de verdad lo has intentado? Te has apuntado a alguna Verein? A algún curso de la Volkshochschule (además del de alemán)? Vas a las fiestas de tus vecinos? Se te ha ocurrido hacer un voluntariado en cualquiera de las ONG alemanas que trabajan con alemanes? O ir a cualquier asilo a dar conversación a los más que agradecidos ancianos, que no dudarán en hacerte parte de su vida (vida alemana, claro está)? 

Puede que te encuentres entre los primeros, que tu respuesta a cualquiera de las preguntas anteriores sea “sí”, en cuyo caso, estoy de acuerdo contigo: tú lo has hecho todo bien. Y por eso hablas alemán o lo hablarás muy pronto, estoy segura. 

Puede que te encuentres entre los segundos y que tu respuesta a todas las preguntas anteriores sea “no”. Si ese es el caso, no deberías darle más vueltas: no hablas alemán, porque no quieres hablar alemán. 

Así de sencillo.


El bosque cementerio

Una nada despreciable cantidad de individuos, la mayoría, ante la posibilidad de mudarse a vivir al lado de un cementerio, contestarán con elusivas incluyendo vocablos del tipo: “grima”, “mal rollo”, “yuyu”, “lagarto, lagarto” y suma y sigue. En algún momento yo fui una de ellas, pero todo eso cambió en Irlanda, donde descubrí lo increíblemente bonito e inspirador que puede resultar un cementerio. Y ahora, viviendo al lado del más bonito de Munich, palabras como “yuyu” o “mal rollo” son las últimas que me vienen a la cabeza.

Por un lado, indiscutible, está la proximidad a la muerte. Si bien todos entendemos que tarde o temprano nos va a tocar, en ocasiones, juzgando por la facilidad con la que empleamos el término “problema”, parece que se nos olvida. A veces, desgraciadamente, nos tiene que pasar algo realmente duro para que las trivialidades que nos abruman cada día recuperen el nivel de insignificancia que realmente les corresponde en la escala de valores de nuestra vida.

Cada vez que entro (y sobretodo, salgo) de este lugar, siento que mis prioridades vuelven a su sitio y cada cosa tiene la importancia que tiene, ninguna más. Y también, escribo entradas como esta... Posiblemente (sin duda) lo vea así porque no son los míos a los que entierran aquí cada día. Pero éstos también han caído y seguirán haciéndolo. Y si mi dolor sirve para que otros aprecien más la vida, pues qué mejor salida.

Luego está la paz. “Friedhof” (“cementerio” en alemán) literalmente traducido, significa “patio de paz”. Y en el bosque cementerio, la paz es tanta que no cabe. Las tumbas, muchas centenarias, a veces pequeños panteones, están perfectamente integradas en el paisaje, en absoluta armonía. Si te pierdes lo suficiente como para llegar al centro, encontrarás un lago rodeado de espacio y de silencio. Y si normalmente es precioso, en otoño es que no tengo palabras. 
Para que veáis que no exagero lo más mínimo, aquí dejo algunas de las fotos que he tomado estos días.








"Food for thought" para esta tarde de domingo:

“Aprende como si fueras a vivir para siempre. Vive como si fueras a morir mañana.”
Mahatma Gandhi


El "libre" comercio

En un arrebato de creatividad, me ha dado por estrenar sección en el blog: Germanosidades, que, como su nombre "indica", no son más que curiosidades germanas. Mira que hay para elegir! El Frei Körper Kultur (o el arte de ir en bolas), el Almabtrieb (o cómo disfrazar a tu vaca), el Maibaum o árbol de mayo, el tanz in den Mai o "entrar en mayo bailando" (como veis mayo da para mucho) y una larga lista de etc, etc.

Como por algún sitio hay que empezar, he decidido escribir el primer post de Germanosidades sobre el "libre" comercio, que, como veréis a continuación, nada tiene que ver con el libre comercio que todos conocemos. Y es que desde el primer día que puse el pie en este país vivo fascinada por el civismo que se respira, pilar fundamental sobre el que se sostiene la transacción comercial en cuestión: el "libre" comercio.

Supongamos que te apetece una tortilla a las 3 de la madrugada de un domingo... y no te quedan huevos en la nevera. No pasa nada! te vas a uno de estos establecimientos, abres la nevera, eliges los huevos que más te gusten y pagas en la caja situada convenientemente al lado de la nevera. Así de sencillo!

Que llega Halloween y te pilla sin calabaza? Te vas al campo, buscas un puesto de éstos y tres cuartos de lo mismo: eliges tu calabaza, buscas la más parecida en el inventario de existencias estratégicamente ubicado al lado de las calabazas, se la pagas a la caja y a casa con ella.






















Unas florecillas para alegrar la casa? Más fácil imposible. Si encontrar la calabaza puede resultar más desafiante, los campos de flores están por todas partes. Además, vienen con su cuchillo y todo. Eliges a la víctima, la cortas, la pagas, y te la llevas.



Vayamos ahora al sector transporte. Comparemos la "libre" entrada al metro de Munich con la """libre"""(!!!) entrada, por ejemplo, al de Madrid. Sobran las palabras.


Y bueno, este último no entra en la categoría de "libre", pero lo he incluido porque me hace mucha gracia. Quién adivina qué venden aquí?




Y tú? Has encontrado más ejemplos de "libre" comercio, en Alemania o en cualquier otro país? Mándamelo o déjalo en los comentarios!! Ich freue mich!



Viviendo y aprendiendo

Imagen de Ciudadano P
Esta semana me salgo del guión de la mano de Multicoolty, que me ha hecho una entrevista “veraniega” (quien me lea desde Alemania entenderá el por qué de las comillas) para su blog sobre expatriados en Alemania.

Aquí os dejo el link a la entrevista, en inglés.
Los que prefiráis una versión cervantina, podéis seguir leyendo una tradución muy, muy libre de la misma (para los que ya me “conocéis”).

Ya que estamos, si tú también eres o has sido expatriada/o, cuéntame tu experiencia!

Ahí va.

  • Cuándo y por qué viniste a Alemania?
 Allá en 2004, recién licenciada, cuando el mundo todavía no hablaba de crisis y en mi país era impensable que el precio de la vivienda pudiese alguna vez desplomarse, Servidora recibió una oferta laboral para venir a Alemania, Pepa. Una oferta que no pude rechazar. Así fue como comenzó mi aventura germana. Se suponía que iba a ser por un par de años, pero una cosa llevó a la otra y diez años y tres ciudades más tarde (las mudanzas ni las cuento), aquí estoy, disfrutando de la vida en mi querido país adoptivo.

  • Cómo fue tu integración? Encontraste alguna dificultad? Hablabas el idioma?
Cuando llegué aquí tan solo podía chapurrear algo de inglés, de alemán, cero patatero. Para arreglarlo, me tiré de cabeza a la piscina yéndome a un piso compartido con alemanes. Mano de santo. En seis meses ya me defendía y a los dos años ya hablaba alemán. En el trabajo, tanto mi jefe (que poco o nada tenía que ver con Komander) como mis compañeros facilitaron muchísimo mi adaptación, preocupándose en todo momento de que estuviese bien y ayudándome en todo lo que hiciese falta.

Así que para mí integrarme en la sociedad alemana, lejos de una “dificultad”, fue un enorme placer. Creo que si eres respetuosa hacia sus formas y costumbres y te tomas el tiempo y el esfuerzo que lleva aprender su idioma, descubrirás que los alemanes son mucho más que su cliché.
 

  • Qué es lo que más te choca de Alemania (bueno y malo)?
Lo que más me choca positivamente es el inmenso civismo que muestran los alemanes, el respeto que profesan tanto hacia el individuo como hacia la sociedad en general (con la excepción, por supuesto, de mi vecino). Los alemanes son honestos y sinceros (a veces demasiado!) y esto es algo que valoro mucho!

Un efecto secundario de esta "rectitud" puede manifestarse en forma de "inflexibilidad". Normalmente no es un problema, pero a veces se vuelve ridículo. Mi ejemplo favorito: la carta de un restaurante ofrece "espagueti boloñesa" y "tallarines cabonara". Si lo que de verdad te apetece es espagueti carbonara... buena suerte!!!
 

  • Ha cambiado tu estilo de vida desde que viniste a Alemania? Si sí, cómo?
Totalmente. Pasé del horario español a comer a las 12:00, cenar a las 19:00. Ya tengo planes para 2015, mientras que en España posiblemente no sabría qué voy a hacer el viernes. De hecho, volver a España es ahora para mí un "shock cultural", que ha patrocinado el famoso post de la "alemanización". Por ejemplo, ahora, cuando sale el sol, dejo lo que sea que esté haciendo y entro en modo cangrejo. Lo primero es lo primero, que no se sabe cuándo vas a volver a verlo!

  • Puedes decirnos algún "error cultural" que hayas cometido en Alemania?
Si bien con el tiempo puede que los alemanes pasen a ser tus fieles amigos, esto desde luego no sucede de un día para otro. Cuando me mudé a mi primer apartamento, fui uno por uno tocando los 26 timbres de los 26 vecinos para anunciar mi llegada al edificio, a la ciudad y al país. Sin reparar en gastos informativos. Solo diré que no es así como funciona la cosa...

  •  Qué siginifica Multiculturalismo para ti?
Para mí multiculturalismo es sinónimo de enriquecimiento. Si bien una cultura distinta puede resultar difícil de asimilar y de adaptarse (créeme, integrarme en China fue una historia muy distinta), lo cierto es que la experiencia siempre es enriquecedora: poder trabajar con compañeros de distintas nacionalidades, tener amigos "de" y "en" muchísimos países distintos, sin olvidar a mis amigos y familia españoles y, cómo no, a mi querido Polanski.

Multiculturalismo es una forma de vida, por suerte, mi forma de vida. 


  • Recomendarías la experiencia?
No puedo más que recomendar cualquier experiencia internacional (no necesariamente tiene que durar 10 años!). Esta es mi cuarta vez viviendo en el extranjero, y cada país en el que he vivido me ha aportado mucho más de lo que pude imaginar.

Viviendo y aprendiendo. Siempre. 

El paticidio

Muy de uvas a peras Chefin me pide que le haga el siguiente favor: ella recoge a sus hijas de la guardería, las trae a Mordor, yo las llevo hasta la esquina de mi casa y allí las recoge su papá. Así súper Chefín se puede volver a salvar el mundo haciendo horas y horas y horas en la oficina. Ella sola hace todas las horas extra de Alemania.

Aún no os lo he dicho, pero a mi me encantan los niños, así que más que hacerle el favor a ella, me lo hace ella a mi (que no a mi reloj biológico). Y es que con sus hijas voy la mar de entretenida, practico alemán infantil (que nunca viene mal, por si las moscas) y me hacen preguntas de lo más curiosas (sí, están en la época del “y por qué” ) que retan mi intelecto: ¿por qué tenemos mocos? ¿por qué las piedras de Mordor brillan? [Nótese que he abierto las interrogaciones por la cercanía de la palabra “intelecto”. Que no se acostumbre nadie!] 

El único “daño colateral” es que me entero de cosas que nadie jamás querría saber sobre su jefa, como por ejemplo: “mi mamá tiene más pelos en las piernas que mi papá” o “una vez, mi mamá le pegó en la cara a mi papá. Yo lo vi”. No sé si luego se lo dicen a Chefin. Yo desde luego no le voy a preguntar... 

El lunes pasado fue uno de esos días en los que me pidió que le hiciese el favor. Todo parecía ir como de costumbre, como diría Scott Smith, era un plan sencillo. Las niñas se sientan, les pongo el cinturón, conduzco a cincuenta por la autovía, jugamos a Dora Exploradora....Todo iba de libro cuando de repente, veo una bola salir por los aires unos cincuenta metros delante de mi. Luego la bola se convierte en una explosión de plumas. 

Cuando se despeja un poco el tráfico, me quedo horrorizada con la estampa: una incauta mamá pata, gastando una irresponsabilidad más propia de un gobernante español que de una de su especie, ha decidido cruzar la autopista con nada menos que toda su prole: unos diez patitos del tamaño de un puño. 

  • De qué color lleváis los zapatos?? 

No funciona. Las niñas no tardan ni dos segundos en ver a los patitos saliendo por los aires en lo que constituye el mayor paticidio que he presenciado en mi vida. Trágico como es, yo, poco a poco, sé que lo iré superando. Pero, y las niñas? 

  • [gritos] Los patitos! Los patitos! Están atropellando a los patitos! Se van a morir? Se van a morir!!
  • No, no. Los patitos saben volar! Luego aterrizan en el arcén y ya la policía de los patitos viene y les salva. 
  •  Pero uno ha salido rodando. 
  •  Nooooo, no estaba rodando, es que andaba muy deprisa, para llegar antes! 

Madre mía, que difícil lo tienen las madres (las patas también). 

Tras diez minutos de terapia y gracias a la infinita credulidad de las peques, consigo “entregar” a unas niñas convencidísimas de que los patitos dormirán esa noche en casita con su mama, formando la entrañable imagen de familia feliz monoparental a la que nos tienen acostumbrados. Así se lo cuentan a su sonriente papá que viene a recogerlas. 

  • Hala, darle las gracias a Servidora por traeros. Qué no le dais un besito? 

Hoy están tímidas (o en estado de shock, una de las dos). La mayor se mira los zapatos (a buenas horas, mangas verdes!), levanta la mirada. Se sonroja. Me mira. Mira a su papá, que insiste: 

  • Dale un besito a Servidora!  

Vuelve a agachar la vista. Me mira. Mira a su papá... y en un tono más que audible le dice:
  • Tú primero.

Lo que me faltaba! Apaga y vámonos.

El arte

Por unas cosas y por otras, entre las que se incluye un enmarronamiento sin precedentes por parte de Komander, me ha tocado pasarme Semana Santa aquí, en la ciudad. Al mal tiempo (que también), buena cara! Ha sido interesante. Unos treinta aparcamientos libres delante de mi casa. Puedes cruzar las calles sin mirar. Si vas a cualquier restaurante fuera del centro, vacío. Si vas a cualquier restaurante en el centro, menú en inglés. En fin, como Madrid en agosto pero sin que se te derritan las suelas de los zapatos.

Polanski y yo hemos aprovechado para explorar un poco la ciudad, y hemos comenzado por la Pinakothek der Moderne: cuatro museos bajo un mismo techo. Qué os voy a decir. Como no me he pasado al campo de la guía lo haré breve: Colección de arte moderno. Espectacular exhibición de “historia del diseño”. Una obra de arte es en sí el edificio. La tienda, no tiene desperdicio.

Después de unas tres horas y haciendo un esfuerzo sobrehumano, he conseguido reducir a 2 las obras de arte que más me han impresionado hoy:



Nótese el uso magistral del negro y del “negro claro”. Irrupciones de gris. El ángulo frente a la curva. La intersección. Tan familiar, que no le han quitado siquiera el fleco a la hoja tras arrancarla del cuaderno. Me quito el sombrero, sí señor.

Quizá seáis de la opinión de que como crítica de arte no me voy a poder ganar el pan. Estoy de acuerdo. Pero he aquí el descubrimiento del día: como artista, sí! Aquí va toda mi vanidad en forma de confesión: me veo a la altura de estas obras. Tal ha sido la inspiración que he recibido hoy que me he pasado toda la tarde ultimando mis creaciones. Separo mi obra (o "creación vespertina") en dos series:

1. La serie urbana, compuesta por “niños jugando en el jardín inglés” y “niños jugando en el jardín inglés con perro” (sí, hay cierta influencia germana en mi arte, que le voy a hacer).



2. La serie rural compuesta por “picnic junto al lago en día soleado” y “picnic junto al lago en día soleado observado por abejarruco”.

Como son mis primeras series, agradecería de todo corazón vuestras críticas y opiniones, que el jueves vienen a recogerlas los del Reina Sofia. 

Por último, y totalmente independiente de lo anterior (ejem, ejem), os dejo una reflexión, también procedente del museo:



"Esto es arte, o podemos tirarlo a la basura?"

Me tranquiliza que se planteen estas questiones.



El polaco

No amigos no, esta vez no vengo a despotricar sobre el individuo, sino a ensalzar las “virtudes” de su lengua materna.

Y es que pasada la euforia del enamoramiento, eventualmente comienzan a aparecer los “daños colaterales”: que te has echao un novio polaco? Guay, pues a aprender polaco! Queridos solteros y solteras del mundo, he aquí un consejo: la próxima vez que conozcáis a alguien, olvidaos del “estudias o trabajas”, “bebe!” o “qué hace una chica como tú en un sitio como éste?”. NO. Id a lo importante: “, cuantas declinaciones tienes?”, “y vocales?”, “cuantas consonantes seguidas eres capaz de pronunciar?”. Este tipo de preguntas realmente os permitirá juzgar y evaluar objetivamente el sarao en el que os estáis metiendo. Así, sin paños calientes, porque después le cogéis cariño y ya no hay vuelta atrás.

Cuando piensas que tú ya pasaste tu calvario con el alemán y su nominativo, acusativo, genitivo y dativo, descubres que el polaco no escatima en casos: añádele vocativo, locativo e instrumental. Es que no pasé yo ya mi penitencia? Por qué? Por qué?

Pues menos mal que la pasé, porque otra de las cosas "buenas" de aprender polaco en Alemania es que las clases son, por supuesto, en alemán. Qué significa “przekupstwo”? (nótese que son 3 vocales para 8 consonantes). “Bestechlichkeit”. Ah! Ya está mucho más claro!

Según el Foreign Service Institute, más se me habría complicado la cosa (lingüísticamente, se entiende) de haber sido Polanski árabe, coreano, chino o japonés. Justo después va el polaco. Solteros y solteras del mundo, si no queréis renunciar a la componente exótica sin complicaros demasiado la vida, el Foreign Service Institute os da a elegir entre varias latitudes, desde noruego hasta italiano, pasando por holandés, danés y francés. Ahí lo dejo!

Para quitarme mérito, Polanski me recuerda: “yo también estoy aprendiendo tu idioma”. Claro que sí! Yo tengo que aprender a pronunciar “przepraszam” y Polanski tiene que aprender a pronunciar “disculpe”. Lo mismico. Cinco vocales, menudo reto para una criatura que puede pronunciar nueve, dos de ellas nasales. Que yo le he oido pronunciar palabras, que ni los delfines! “Pero conjugáis los verbos”, anda y es que los polacos no? De hecho, una conjugación más tienen ellos.

En fin. Todo sea por amor.

Lo único que me consuela es saber que nunca dominará todas las acepciones de la palabra “cojones”.


La alemanización

Imagen de pixabay.com
Si en 2005 me hubieses preguntado que cuánto llevo en Alemania, te hubiese contestado alegremente que un añito. Si me hubieses preguntado en 2010, te hubiese dicho que (a ver, rápidamente, haz la cuenta) que con la tontería ya llevo mis 6 años por aquí. Si me preguntases ahora mismo que cuánto tiempo llevo en Alemania, solo se me ocurriría una respuesta que darte: demasiado.

Normalmente los estragos de la alemanización los notas cuando vuelves a casa. Llamas a tus amigas para salir por ahí como en los viejos tiempos y te dicen que sí, que claro que quedamos esa misma noche. A qué hora? A las 10 (que sabes que van a ser las 11). Y cómo aguanto yo sin cenar hasta las 11!? Que yo en Alemania a esa hora ya tengo hasta la digestión hecha! Haces de tripas corazón (porque así las tienes entretenidas) y aguantas estoicamente hasta las 10. Os veis en un restaurante fashionfashionsuperfashion para poneros al día, o séase, contaros lo poco que facebook esconde. Ah! Mi gozo en un pozo, esto es un guirigay! Siempre se ha hablado tan alto en los restaurantes? Si casi no me oigo a mi misma!

Puestas a no oírnos, digo yo, vámonos al bar! Intentas pagar “getrennt”, pero el camarero te mira como a un bicho raro. Por fin llegáis al bar y entonces son tus amigas las que flipan contigo cuando te vuelves loca bailando y bailando y bailando que cierran el bar y tú aún sigues bailando, que te da igual que te pongan el aserejé, que macarena, que cualquier pachanga chunga chunga porque, aceptémoslo... en Alemania no se baila. Y sí, ya se lo que me vais a decir: hay bares en Alemania donde se puede bailar salsa. A ver, cómo te lo digo: si consideras que un bar de salsa alemán suple de alguna manera cualquiera de los bares españoles en los que se baila cualquiera que sea la música que ponga... entonces te hemos perdido para siempre!

De vuelta a casa te sorprendes a las cuatro de la mañana parada en un paso de cebra con el semáforo en rojo, siendo los únicos presentes tú y ese arbustillo del desierto que solo pasa cuando no hay nadie (cómo se llama ese arbustillo, por cierto?). Te dices a ti misma: “perotutastonta?” y cruzas.

Sabes que has vivido demasiado tiempo en Alemania cuando vas a comer a un chiringuito de la playa y miras a tu alrededor para darte cuenta de que, bajo el sol de agosto a las 3 de la tarde, los únicos que no estáis comiendo a la sombra sois los guiris y tú. No has comido al sol nunca antes, pero es que te vuelves tanoréxica. Da igual que hayas salido la noche de antes, tú te levantas tempranito para ir a la playa. De hecho, vas a la playa aunque sea invierno, que te dejas a tu familia en estado de shock con ésos arrebatos.

Sabes que llevas demasiado tiempo en Alemania cuando el número de veces que vas a la peluquería por año es igual o menor al número de veces que vuelves a España. Es más, adivinas que un compañero ha estado recientemente por casa cuando le ves su nuevo corte de pelo. En la peluquería abres el hola o el diez minutos o cualquiera que sea la “literatura” presente y descubres que no conoces a nadie (lo cual no es necesariamente malo). Es más... que la Carbonero estaba embarazada??

Y la más cotidiana de las añoranzas: sabes que llevas demasiado tiempo en Alemania cuando el jamón deja de ser ese manjar del día a día para convertirse en objeto de culto. Lo veneras. Observas con preocupación cómo se va acabando... y entonces entiendes que ya toca volver a casa.