Mostrando entradas con la etiqueta Chefin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chefin. Mostrar todas las entradas

El paticidio

Muy de uvas a peras Chefin me pide que le haga el siguiente favor: ella recoge a sus hijas de la guardería, las trae a Mordor, yo las llevo hasta la esquina de mi casa y allí las recoge su papá. Así súper Chefín se puede volver a salvar el mundo haciendo horas y horas y horas en la oficina. Ella sola hace todas las horas extra de Alemania.

Aún no os lo he dicho, pero a mi me encantan los niños, así que más que hacerle el favor a ella, me lo hace ella a mi (que no a mi reloj biológico). Y es que con sus hijas voy la mar de entretenida, practico alemán infantil (que nunca viene mal, por si las moscas) y me hacen preguntas de lo más curiosas (sí, están en la época del “y por qué” ) que retan mi intelecto: ¿por qué tenemos mocos? ¿por qué las piedras de Mordor brillan? [Nótese que he abierto las interrogaciones por la cercanía de la palabra “intelecto”. Que no se acostumbre nadie!] 

El único “daño colateral” es que me entero de cosas que nadie jamás querría saber sobre su jefa, como por ejemplo: “mi mamá tiene más pelos en las piernas que mi papá” o “una vez, mi mamá le pegó en la cara a mi papá. Yo lo vi”. No sé si luego se lo dicen a Chefin. Yo desde luego no le voy a preguntar... 

El lunes pasado fue uno de esos días en los que me pidió que le hiciese el favor. Todo parecía ir como de costumbre, como diría Scott Smith, era un plan sencillo. Las niñas se sientan, les pongo el cinturón, conduzco a cincuenta por la autovía, jugamos a Dora Exploradora....Todo iba de libro cuando de repente, veo una bola salir por los aires unos cincuenta metros delante de mi. Luego la bola se convierte en una explosión de plumas. 

Cuando se despeja un poco el tráfico, me quedo horrorizada con la estampa: una incauta mamá pata, gastando una irresponsabilidad más propia de un gobernante español que de una de su especie, ha decidido cruzar la autopista con nada menos que toda su prole: unos diez patitos del tamaño de un puño. 

  • De qué color lleváis los zapatos?? 

No funciona. Las niñas no tardan ni dos segundos en ver a los patitos saliendo por los aires en lo que constituye el mayor paticidio que he presenciado en mi vida. Trágico como es, yo, poco a poco, sé que lo iré superando. Pero, y las niñas? 

  • [gritos] Los patitos! Los patitos! Están atropellando a los patitos! Se van a morir? Se van a morir!!
  • No, no. Los patitos saben volar! Luego aterrizan en el arcén y ya la policía de los patitos viene y les salva. 
  •  Pero uno ha salido rodando. 
  •  Nooooo, no estaba rodando, es que andaba muy deprisa, para llegar antes! 

Madre mía, que difícil lo tienen las madres (las patas también). 

Tras diez minutos de terapia y gracias a la infinita credulidad de las peques, consigo “entregar” a unas niñas convencidísimas de que los patitos dormirán esa noche en casita con su mama, formando la entrañable imagen de familia feliz monoparental a la que nos tienen acostumbrados. Así se lo cuentan a su sonriente papá que viene a recogerlas. 

  • Hala, darle las gracias a Servidora por traeros. Qué no le dais un besito? 

Hoy están tímidas (o en estado de shock, una de las dos). La mayor se mira los zapatos (a buenas horas, mangas verdes!), levanta la mirada. Se sonroja. Me mira. Mira a su papá, que insiste: 

  • Dale un besito a Servidora!  

Vuelve a agachar la vista. Me mira. Mira a su papá... y en un tono más que audible le dice:
  • Tú primero.

Lo que me faltaba! Apaga y vámonos.

El equipo "B"


Pero que maleducada soy! Dos meses por aquí y aún no he tenido la decencia de presentar a mis compis de curro, ese equipo “B” con el que lidio cada día, ese dream team que en mi cabeza adquiere más bien la forma de los Parchís en su versión treinta-cincuentañera: cuatro colores y un dado.

Vayamos con las presentaciones.

Sin duda el color rojo sería para Komander, no porque es el jefe, sino por ser el color que adquiere su cara cuando “educadamente” nos indica lo mal que una vez más lo hemos hecho todo. Está al frente de (más que cuestionablemente) los éxitos y (no tan cuestionablemente) los fracasos del equipo. Le encantan los meetings y si por el fuera no haría otra cosa en todo el día. Pasará por encima de ti por muy en puente que estés y no dudará en matar(te) y contarse 20.

Con el blanco tendríamos a Prudencio, tanto por su cualidad de cándido, neutro e imparcial como por su cualidad de dado. Lo peor que le puede pasar jamás a Prudencio es que alguien le pida que tome una decisión. Un poco el Pocahontas de la oficina. Defensor de la paz y la armonía del equipo. Prudencio trabajaría boca abajo colgao de un árbol en invierno con tal de no discutir.

Con el verde tenemos a la Chefin, la que realmente corta el bacalao. El verde es su color porque es la gran esperanza del equipo. Fiel aliada de servidora en sus maquiavélicos planes contra Komander. Una estratega nata. Como ya sabéis, en todo equipo hay un crack y, fuera de toda duda razonable, Chefin es la crack de este equipo.

A Yusles, el inútil del grupo, le daríamos el azul, como el mar, porque va y viene, y sube y baja, y siempre está ahí, en su infinita calma, como si nada. Objeto de mis estudios y mi fascinación. Se podría escribir tomos y tomos sobre él (que de hecho, como sabéis, es una de mis ocupaciones). No adelanto más. Todo sobre él y el resto de Yusles del resto de curros, en la Guía del inútil.

Por último, nos queda el amarillo, que será el color de servidora. No porque sea mi color favorito…, sino porque es el color del limón, que también es ácido.