La brillante idea se me ocurrió en pleno periodo hormonal, posiblemente en uno de los picos. Me crecí en ausencia de mis plenas facultades mentales (todo lo plenas que pueden llegar a estar, se entiende) y se me antojó conveniente el refrescar el correcto (subrayo correcto, versus lo que hago ahora) uso de preposiciones, declinación de adjetivos y demás minucias de las que hasta ahora no me he preocupado porque, total, incluso con preposiciones aleatorias, entenderme me entienden.
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To say or not to say?
Ayer salió el sol en Munich, así que salimos de casa con una misión muy clara: paseo por el río mientras dure el sol y después, compra de mi primer molde de tarta (indispensable para continuar con el training de master chef). Una vez más, un plan sencillo.
“Un paseo semanal” es el precio que pago por no tener que hacer deporte. Polanski me dio un ultimátum: como mínimo, mínimo, tenemos que ir a pasear al menos un día a la semana. Me parece razonable. La única condición que le he puesto es que no paseo “bajo cero” ni con lluvia (parece obvio, pero es que este hombre es todoterreno...).
“Un paseo semanal” es el precio que pago por no tener que hacer deporte. Polanski me dio un ultimátum: como mínimo, mínimo, tenemos que ir a pasear al menos un día a la semana. Me parece razonable. La única condición que le he puesto es que no paseo “bajo cero” ni con lluvia (parece obvio, pero es que este hombre es todoterreno...).
Por qué no hablas alemán
Seguramente hayas llegado a Alemania con mucha curiosidad, ilusión por la nueva vida que te espera y con una enorme motivación por aprender alemán... Si tengo razón con las dos primeras, pero te falta la última, te lo garantizo, no vas a aprender alemán.
Puede que tu falta de motivación esté relacionada con la dificultad del idioma. No lo discuto. Es verdad que el alemán es difícil.
Que querer es poder, también es verdad.
Igual has decidido vivir solo o con tu familia. O quizá te has decantado por un piso compartido, idealmente con alemanes. También puede que hayas optado, para empezar, por irte a vivir con gente de cualquier otra nacionalidad. Aquí no quiero ser pesimista, puede que no hablen inglés y que os veáis igualmente forzados a hablar alemán. Si no es el caso, tendrás una experiencia intercultural (o no) única, altamente recomendable... pero no contribuirá a tu inmersión lingüística.
No te culpo, el mercado inmobiliario no está como para elegir...
Puede que para paliar esta situación hagas un curso intensivo, o cuatro horas de clase a la semana junto con un par de tándems....O puede que pases las tardes (y las noches, y los fines de semana) con tus amigos españoles echándote unas risas y recordando tiempos mejores. Quizá también despotricando sobre lo difícil que es practicar el alemán que aprendes (o no) en clase y señalando cómo los elementos se han puesto en tu contra. Si este último es el caso, te lo pasarás muy bien, os echaréis unas risas y conocerás a mucha gente, tal vez de lo más interesante, pero tampoco aprenderás alemán.
Puede que te hayas hecho el carnet de la biblioteca más cercana y que saques todas las semanas diez libros de vocabulario para niños, que devoras cada noche después de tus dos horas (mínimo) de clase. O puede que ni siquiera sepas cómo se dice biblioteca en alemán.
Puede que veas constantemente televisión (o cine, o series) alemana, o que escuches la radio a todas horas. O puede que no.
Puede que te hayas bajado (y uses) n-mil aplicaciones para reforzar vocabulario o gramática. O puede que seas más de "wasapear" en alguna lengua que ya hables.
Igual llegas a la conclusión de que no es culpa tuya, que tú has intentado por todas integrarte en la sociedad alemana, pero que claro, es taaaan dificil... Puede que sea difícil (es más, es difícil), pero, de verdad lo has intentado? Te has apuntado a alguna Verein? A algún curso de la Volkshochschule (además del de alemán)? Vas a las fiestas de tus vecinos? Se te ha ocurrido hacer un voluntariado en cualquiera de las ONG alemanas que trabajan con alemanes? O ir a cualquier asilo a dar conversación a los más que agradecidos ancianos, que no dudarán en hacerte parte de su vida (vida alemana, claro está)?
Puede que te encuentres entre los primeros, que tu respuesta a cualquiera de las preguntas anteriores sea “sí”, en cuyo caso, estoy de acuerdo contigo: tú lo has hecho todo bien. Y por eso hablas alemán o lo hablarás muy pronto, estoy segura.
Puede que te encuentres entre los segundos y que tu respuesta a todas las preguntas anteriores sea “no”. Si ese es el caso, no deberías darle más vueltas: no hablas alemán, porque no quieres hablar alemán.
Así de sencillo.
El "libre" comercio
En un arrebato de creatividad, me ha dado por estrenar sección en el blog: Germanosidades, que, como su nombre "indica", no son más que curiosidades germanas. Mira que hay para elegir! El Frei Körper Kultur (o el arte de ir en bolas), el Almabtrieb (o cómo disfrazar a tu vaca), el Maibaum o árbol de mayo, el tanz in den Mai o "entrar en mayo bailando" (como veis mayo da para mucho) y una larga lista de etc, etc.
Como por algún sitio hay que empezar, he decidido escribir el primer post de Germanosidades sobre el "libre" comercio, que, como veréis a continuación, nada tiene que ver con el libre comercio que todos conocemos. Y es que desde el primer día que puse el pie en este país vivo fascinada por el civismo que se respira, pilar fundamental sobre el que se sostiene la transacción comercial en cuestión: el "libre" comercio.
Supongamos que te apetece una tortilla a las 3 de la madrugada de un domingo... y no te quedan huevos en la nevera. No pasa nada! te vas a uno de estos establecimientos, abres la nevera, eliges los huevos que más te gusten y pagas en la caja situada convenientemente al lado de la nevera. Así de sencillo!
Que llega Halloween y te pilla sin calabaza? Te vas al campo, buscas un puesto de éstos y tres cuartos de lo mismo: eliges tu calabaza, buscas la más parecida en el inventario de existencias estratégicamente ubicado al lado de las calabazas, se la pagas a la caja y a casa con ella.
Unas florecillas para alegrar la casa? Más fácil imposible. Si encontrar la calabaza puede resultar más desafiante, los campos de flores están por todas partes. Además, vienen con su cuchillo y todo. Eliges a la víctima, la cortas, la pagas, y te la llevas.
Vayamos
ahora al sector transporte. Comparemos la "libre" entrada al metro de
Munich con la """libre"""(!!!) entrada, por ejemplo, al de Madrid. Sobran las
palabras.
Y bueno, este último no entra en la categoría de "libre", pero lo he incluido porque me hace mucha gracia. Quién adivina qué venden aquí?
Y tú? Has encontrado más ejemplos de "libre" comercio, en Alemania o en cualquier otro país? Mándamelo o déjalo en los comentarios!! Ich freue mich!
Viviendo y aprendiendo
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| Imagen de Ciudadano P |
Aquí os dejo el link a la entrevista, en inglés.
Los que prefiráis una versión cervantina, podéis seguir leyendo una tradución muy, muy libre de la misma (para los que ya me “conocéis”).
Ya que estamos, si tú también eres o has sido expatriada/o, cuéntame tu experiencia!
Ahí va.
Ya que estamos, si tú también eres o has sido expatriada/o, cuéntame tu experiencia!
Ahí va.
- Cuándo y por qué viniste a Alemania?
Allá en 2004, recién licenciada, cuando el mundo todavía no hablaba de crisis y en mi país era impensable que el precio de la vivienda pudiese alguna vez desplomarse, Servidora recibió una oferta laboral para venir a Alemania, Pepa. Una oferta que no pude rechazar. Así fue como comenzó mi aventura germana. Se suponía que iba a ser por un par de años, pero una cosa llevó a la otra y diez años y tres ciudades más tarde (las mudanzas ni las cuento), aquí estoy, disfrutando de la vida en mi querido país adoptivo.
- Cómo fue tu integración? Encontraste alguna dificultad? Hablabas el idioma?
Así que para mí integrarme en la sociedad alemana, lejos de una “dificultad”, fue un enorme placer. Creo que si eres respetuosa hacia sus formas y costumbres y te tomas el tiempo y el esfuerzo que lleva aprender su idioma, descubrirás que los alemanes son mucho más que su cliché.
- Qué es lo que más te choca de Alemania (bueno y malo)?
Un efecto secundario de esta "rectitud" puede manifestarse en forma de "inflexibilidad". Normalmente no es un problema, pero a veces se vuelve ridículo. Mi ejemplo favorito: la carta de un restaurante ofrece "espagueti boloñesa" y "tallarines cabonara". Si lo que de verdad te apetece es espagueti carbonara... buena suerte!!!
- Ha cambiado tu estilo de vida desde que viniste a Alemania? Si sí, cómo?
- Puedes decirnos algún "error cultural" que hayas cometido en Alemania?
- Qué siginifica Multiculturalismo para ti?
Multiculturalismo es una forma de vida, por suerte, mi forma de vida.
- Recomendarías la experiencia?
No puedo más que recomendar cualquier experiencia internacional (no necesariamente tiene que durar 10 años!). Esta es mi cuarta vez viviendo en el extranjero, y cada país en el que he vivido me ha aportado mucho más de lo que pude imaginar.
Viviendo y aprendiendo. Siempre.
Polonia
La República de Polonia, país situado al este de Alemania, miembro de la unión Europea y cuya población ronda los 38 millones y medio de habitantes. Cuna de la única persona del mundo en posesión de premios Nobel en distintas especialidades, que, recordemos, se trata de una mujer. Casi igual de importante, cuna también de Polanski (esto último no viene en wikipedia), motivo por el que he añadido Polonia a mi lista de regular peregrinage.
Anoche volvimos de pasar unos días allí. No era la primera vez que iba, ya he estado varias veces, y cada vez que voy me sorprende más cómo una nación con una latitud tan próxima a la germana, puede tener una mentalidad tan próxima a la española. Nada tiene que envidiar el Lazarillo de Tormes al de Varsovia! Pero esta visita ha sido distinta. Por qué?, os estaréis preguntando... Pues porque ahora “hablo” polaco... [silencio, solemnidad, tensión en el aire, estepicursor rodando, graznido de cuervo] Sí, eso es lo que Polanski les ha dicho a sus padres.
Y ahí estoy yo, con mi (futura) suegra, entablando conversación. Naturalmente no entiendo todo lo que me dice. Pillo una palabra por aquí, otra por allá e interpolo. En mi cabeza nuestras conversaciones se suceden así:
- Dime Servidora, qué opinión te merece el resultado de las recientes elecciones en India?
- Esto es mesa. Eso es ventana. La ventana es blanca.
- Entiendo. Y dime, qué planes tenéis para este verano? Os vais de vacaciones a algún sitio?
- Café, por favor. Sin leche.
- Y que tal en el trabajo?
- A las siete y media.
Luego está mi (futuro) suegro, tal vez más consciente de mis limitaciones idiomáticas. De cada dos frases que me dice, una siempre es “quieres arándanos?” Me estaba preocupando un poco esa fijación con los arándanos, pero luego me enteré de que Polanski le había dicho que me gustan mucho. Vamos, “exageración parental”, como mi madre, que cada vez que viene Polanski a casa le persigue todo el día con una loncha de jamón...
Lo que más me gusta de mis visitas a los Polansky es la degustación de los manjares caseros súper bio preparados por mis suegros (mi vocabulario culinario es sobresaliente!). Precisamente light no es, y por supuesto como buenos padres me ceban todo lo que pueden y más y tengo que probarlo todo aunque reviente... y yo que soy tan sacrificada... y está todo taaaaaaaaaaaan rico! Me podría pasar el día comiendo pierogi, uno de cada y luego volvemos a empezar... Y la carne, y las salsas, y los postres... Todo por la causa! Si una tiene que sacrificarse, se sacrifica!
Pero llegamos al único “contra” nacional... que en sí, no es un contra... lo es solo para mi ego. Quiero preguntar y pregunto: exactamente qué proporción de mantequilla y carnaza incluye la dieta polaca para que las mujeres de este país carezcan de celulitis, lorzilla y cartucheras? Mi (futuro) cuñao no ayuda. Su novia de este mes, modelo. La del mes pasado, modelo. La de mayo, no era modelo pero porque no querría, porque atributos tenía de sobra! Todas me sacan un palmo.
Menos mal que yo siempre veo la rosa y no la espina (Kahlil Gibran), el vaso medio lleno (mi abuela), la oportunidad en toda dificultad (Winston Churchill ), y fackitol (Servidora Tedesca) también. En lugar de traumatizarme, prefiero darle la vuelta a la tortilla: yo no soy bajita-gordita-celulítica-acneica-estriada. Yo soy “exótica” en Polonia.
Zanjando y concluyendo mi crónica polaca, os dejo con la moraleja de esta historia [sí, hoy la historia tiene moraleja]: las blueberries son arándanos azules en castellano, cuantos más pierogis comas, mejor y el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija (que siempre es bueno recordarlo).
Zanjando y concluyendo mi crónica polaca, os dejo con la moraleja de esta historia [sí, hoy la historia tiene moraleja]: las blueberries son arándanos azules en castellano, cuantos más pierogis comas, mejor y el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija (que siempre es bueno recordarlo).
La señora Molinero
Es “tremendamente grato” que tires a arrancar tu coche y un misterioso y complejo sistema de fallos eléctricos no solo haga saltar la alarma, sino que además la mantenga sonando después de apagar el motor. Decibelio puro a diestro y siniestro! Y por supuesto esto pasa estando aún sin bici (al igual que a Jeffrey Lebowski con su alfombra, a mi también me han dicho que tienen a sus mejores hombres buscando mi rueda).
Toco todos los botones que encuentro, y nada. Abro el capó, y me quedo igual que estaba porque no sé que tocar. Desde mi limitado conocimiento de usuaria, identifico unos tres o cuatro sitios donde se puede destornillar algo. Subo corriendo a casa y traigo todas mis herramientas, que enumeraré a continuación: destornillador grande, destornillador pequeño, llave Allen de Ikea, martillo. Ninguno de mis destornilladores valen para esos tornillos. Con la tuerca no puedo ni intentarlo. Del martillo, decido prescindir por el bien de todos.
Allí estábamos servidora, las herramientas y los decibelios, cuando aparca un coche justo a mi lado, del que baja una señora muy mayor con una muleta. No iba ni a preguntarle (prejuzgar mal servidora, mal! mal!), pero tal era mi abatimiento que de perdidos al río: “perdone señora, no tendrá usted una llave inglesa?”
Parecía que esta iba a ser la historia de cómo hice callar a mi coche (que también os lo diré). No lo es. Esta es la historia de como conocí a una gran mujer. Por suerte se llama Müller, así que no tengo que inventarme un nombre para mantener su “anonimato”.
La señora Müller me lleva a su casa y saca una caja de herramientas que ni Manolo el fontanero. No tenía llave inglesa porque tenía llaves fijas de todos los tamaños. “Llévatelas y ya me las traerás”. Y así fue cómo solté un borne de la batería y acallé a mi coche (y a los vecinos).
De esto hace ya dos semanas y se puede decir que fue el comienzo de una gran amistad. Justo ayer estuve tomando unos vinos con ella, que cuenta nada menos que con 84 años, veinte de viudedad y dos operaciones de cadera. Eso sí, me dice, la vista la tiene buenísima. Súper planazo (y por una vez no, no lo digo con ironía). Porque es un lujo poder pasar una velada con una señora que vivió en sus carnes la segunda guerra mundial y que hizo un voluntariado de un par de décadas dedicado a la integración de inmigrantes como yo, pero en los sesenta. Les acogía en su propia casa y les enseñaba alemán (que pena no haberla conocido antes!). Escucharla me hace más sabia. Además, hace unos pastelitos divinos.
Ya saliendo por la puerta le digo:
Allí estábamos servidora, las herramientas y los decibelios, cuando aparca un coche justo a mi lado, del que baja una señora muy mayor con una muleta. No iba ni a preguntarle (prejuzgar mal servidora, mal! mal!), pero tal era mi abatimiento que de perdidos al río: “perdone señora, no tendrá usted una llave inglesa?”
Parecía que esta iba a ser la historia de cómo hice callar a mi coche (que también os lo diré). No lo es. Esta es la historia de como conocí a una gran mujer. Por suerte se llama Müller, así que no tengo que inventarme un nombre para mantener su “anonimato”.
La señora Müller me lleva a su casa y saca una caja de herramientas que ni Manolo el fontanero. No tenía llave inglesa porque tenía llaves fijas de todos los tamaños. “Llévatelas y ya me las traerás”. Y así fue cómo solté un borne de la batería y acallé a mi coche (y a los vecinos).
De esto hace ya dos semanas y se puede decir que fue el comienzo de una gran amistad. Justo ayer estuve tomando unos vinos con ella, que cuenta nada menos que con 84 años, veinte de viudedad y dos operaciones de cadera. Eso sí, me dice, la vista la tiene buenísima. Súper planazo (y por una vez no, no lo digo con ironía). Porque es un lujo poder pasar una velada con una señora que vivió en sus carnes la segunda guerra mundial y que hizo un voluntariado de un par de décadas dedicado a la integración de inmigrantes como yo, pero en los sesenta. Les acogía en su propia casa y les enseñaba alemán (que pena no haberla conocido antes!). Escucharla me hace más sabia. Además, hace unos pastelitos divinos.
Ya saliendo por la puerta le digo:
- Señora Müller, cuando vaya a España la semana que viene le voy a traer unos pastelitos típicos de mi pueblo
- Bien, bien, muchas gracias. Pero si a ti te da igual, mejor que pastelitos, no me podrías traer schorizo de ese naranja?
Me rio. Es de las mías!
Es cultural
2007. Estocolmo. Tomo parte en una reunión con exactamente cuatro participantes: un holandés, un japonés, un estadounidense (sí, ya sé que parece el chiste) y servidora. Reconozco que no era particularmente interesante de lo que estábamos hablando, pero de ahí a que, de repente, el japonés se desplome dormido sobre la mesa... Yo al principio pensé que se había muerto, pero el americano, hombre de mundo, nos lo aclaró en seguida: "es cultural".
Pues sí, quizá éste fue el más hardcore de los comportamientos que jamás vi justificado bajo el lema “es cultural”, pero lo cierto es que con esto del ambiente de trabajo internacional que tanto se practica hoy en día, experiencias “culturales” de éstas tengo, por suerte o por desgracia, como para hacer un top ten.
Espera, se me ha ocurrido una idea: voy a hacer un top ten!
10. Oler mal. Yo entiendo que en el norte de Europa no haga falta desodorante. Entiendo que se sude tan poco que uno pueda incluso ponerse la misma camisa dos días seguidos. Pero es que hasta en Alemania de vez en cuando hace calor! Es normal que tenga que ponerme yo una máscara de oxígeno para entrar en tu oficina? Pues no me queda otra, porque es cultural...
9. Beber en el trabajo. Como quien se toma un café: dos de la tarde, te bajas a la cafetería del curro y te tomas tu medio litro (que no una caña) de cervecita, claro que sí, como un señor! Como es cultural! Y no, no va por los alemanes...
8. Quitarse los zapatos. Imagínate: llegas a la oficina, te sientas, enciendes el ordenador y mientras arranca te quitas los zapatos y te vas, en calcetines, a echarte un café. WTF!! Es cultural?? Pues se ve que sí, porque así se pasa el individuo el resto del día.
7. Llegar tarde. Con este tema mejor ni empiezo porque me inunda la cólera. Qué os voy a decir. Parece ser que si eres de determinados países mediterráneos se acepta que llegues tarde a una reunión. “Es cultural”, te dicen.
6. Asearse en la oficina. Unos tanto y otros tan calvo. Los hay que no se duchan, y luego están los que se traen la higiene personal a la oficina. Pero no, no estoy hablando de traérsela al baño de la oficina... estoy hablando de traérsela a la oficina en sí. Véase, afeitarse delante del ordenador. O, peor aún: vale que te pongas sandalias con calcetines (a todo se acostumbra una), pero que te los quites y te pongas a cortarte las uñas de los pies así, entre email y email? Es eso cultural? Todavía tengo pesadillas por la noche con uñas voladoras.
5. Lavarse los dientes. Parece ser que solo es cultural para (algunos) mediterráneos el lavarse los dientes en el trabajo. A mi me parece muy bien que no te quieras lavar los dientes (allá tú y tu salud dental)... pero si te has comido cebolla y media en la comida, realmente tienes que hablarme a dos palmos de distancia?
4. Hacer deporte en el trabajo. Lo cierto es que (y yo estoy encantada con ello) aquí se fomenta mucho el deporte, hasta el punto de que en todas las empresas en las que he estado hay vestuarios para que puedas ducharte, por ejemplo, después de hacerte 40km en bici para ir al trabajo. Hasta aquí bien (por los que se duchan). Pero es realmente necesario traerte la ropa sucia y colgarla en la percha de la oficina?
3. Eructar, salpicar y otras lindezas. Os habéis preguntado cómo consigue uno beberse una sopa con chopsticks? Pues os lo voy a decir: succionando y... salpicando! A la lavadora mi camisa. Pero oye, es que es cultural!
2. Desnudarse en el trabajo. Aún recuerdo a esta compañera (cuya nacionalidad no voy a revelar, pero se aceptan apuestas) que no dudó en quitarse la camiseta en medio de la oficina para enseñarnos el nuevo tatuaje que se había hecho en el omóplato... Así, sin pudor ni ánimo de exhibicionismo, toda natural. "Cultural" a más no poder! Menos mal que el tatuaje estaba en la espalda...
Por último, el número 1 me he propuesto conquistarlo yo el día en que, 100% cultural, encienda una traca a lo fallas en uno de los meetings de la muerte, al grito de: Fack it oooool!
La alemanización
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| Imagen de pixabay.com |
Si en 2005 me hubieses preguntado que cuánto llevo en Alemania, te hubiese contestado alegremente que un añito. Si me hubieses preguntado en 2010, te hubiese dicho que (a ver, rápidamente, haz la cuenta) que con la tontería ya llevo mis 6 años por aquí. Si me preguntases ahora mismo que cuánto tiempo llevo en Alemania, solo se me ocurriría una respuesta que darte: demasiado.
Normalmente los estragos de la alemanización los notas cuando vuelves a casa. Llamas a tus amigas para salir por ahí como en los viejos tiempos y te dicen que sí, que claro que quedamos esa misma noche. A qué hora? A las 10 (que sabes que van a ser las 11). Y cómo aguanto yo sin cenar hasta las 11!? Que yo en Alemania a esa hora ya tengo hasta la digestión hecha! Haces de tripas corazón (porque así las tienes entretenidas) y aguantas estoicamente hasta las 10. Os veis en un restaurante fashionfashionsuperfashion para poneros al día, o séase, contaros lo poco que facebook esconde. Ah! Mi gozo en un pozo, esto es un guirigay! Siempre se ha hablado tan alto en los restaurantes? Si casi no me oigo a mi misma!
Puestas a no oírnos, digo yo, vámonos al bar! Intentas pagar “getrennt”, pero el camarero te mira como a un bicho raro. Por fin llegáis al bar y entonces son tus amigas las que flipan contigo cuando te vuelves loca bailando y bailando y bailando que cierran el bar y tú aún sigues bailando, que te da igual que te pongan el aserejé, que macarena, que cualquier pachanga chunga chunga porque, aceptémoslo... en Alemania no se baila. Y sí, ya se lo que me vais a decir: hay bares en Alemania donde se puede bailar salsa. A ver, cómo te lo digo: si consideras que un bar de salsa alemán suple de alguna manera cualquiera de los bares españoles en los que se baila cualquiera que sea la música que ponga... entonces te hemos perdido para siempre!
De vuelta a casa te sorprendes a las cuatro de la mañana parada en un paso de cebra con el semáforo en rojo, siendo los únicos presentes tú y ese arbustillo del desierto que solo pasa cuando no hay nadie (cómo se llama ese arbustillo, por cierto?). Te dices a ti misma: “perotutastonta?” y cruzas.
Sabes que has vivido demasiado tiempo en Alemania cuando vas a comer a un chiringuito de la playa y miras a tu alrededor para darte cuenta de que, bajo el sol de agosto a las 3 de la tarde, los únicos que no estáis comiendo a la sombra sois los guiris y tú. No has comido al sol nunca antes, pero es que te vuelves tanoréxica. Da igual que hayas salido la noche de antes, tú te levantas tempranito para ir a la playa. De hecho, vas a la playa aunque sea invierno, que te dejas a tu familia en estado de shock con ésos arrebatos.
Sabes que llevas demasiado tiempo en Alemania cuando el número de veces que vas a la peluquería por año es igual o menor al número de veces que vuelves a España. Es más, adivinas que un compañero ha estado recientemente por casa cuando le ves su nuevo corte de pelo. En la peluquería abres el hola o el diez minutos o cualquiera que sea la “literatura” presente y descubres que no conoces a nadie (lo cual no es necesariamente malo). Es más... que la Carbonero estaba embarazada??
Y la más cotidiana de las añoranzas: sabes que llevas demasiado tiempo en Alemania cuando el jamón deja de ser ese manjar del día a día para convertirse en objeto de culto. Lo veneras. Observas con preocupación cómo se va acabando... y entonces entiendes que ya toca volver a casa.
Bárbara
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| Imagen de pixabay.com |
Tras la entrañable estancia en el hogar paterno y con el periodo crítico de re-convivencia bien excedido, retornas a la Germania. Aterrizas con las pilas (y las cartucheras) bien cargadas, con tus 18 kilos de naranjas en la maleta y con todos esos propósitos de año nuevo: ir a correr todas las semanas, dedicar más tiempo al polaco (aquí no me refiero a Polanski no, sino a su bendita lengua materna...), leer más, comer más sano, cabrearme menos con Komander... En fin, lo típico, dispuesta a comerme el mundo!
Llegas a tus 48 metros cuadrados que llevan sin saber de la calefacción diez días. Efecto nevera. No te puedes quitar la chaqueta hasta pasadas dos horas. Pero no pasa nada porque ahí estáis tú y tu positivismo y eventualmente Polanski, que llega justo cuando alcanzamos la temperatura de habitabilidad (haylos afortunados!), también cargado de buenos propósitos... y regalos! Se puede pedir más? Tan motivados estamos que decidimos ir a correr ya a la mañana siguiente, para ir haciendo hábito.
Admito que el positivismo no se ve igual por la mañana temprano. Pero como no puedes tirar la toalla el primer día de la operación 2014-fit, pues sacas todos los bártulos y te preparas para la acción. Cuando por fin estás tú ya en modo Rocky Balboa, preparada para afrontar la dura cuesta arriba (en el sentido más literal de la palabra), abres la puerta y, a lo cubo de agua fría, te topas con Bárbara!
Dejadme que os la presente: Bárbara es la encantadora señora que se encarga de que nuestra escalera reluzca. Aproximadamente un metro setenta, unos 100 kilos de peso y esa expresión entre amenazadora y letal. La llamo Bárbara no por preservar su identidad, sino por preservar la mia ante el riesgo de preguntarle su nombre! Bárbara siempre tiene esos gestos para contigo, informándote de lo inapropiado que resulta pisar donde ha fregado o interponerte a su paso con la aspiradora.
Es demasiado tarde. Resulta imposible esquivar su mirada, así que mientras sigilosamente nos acercamos al ascensor intentando pisar lo menos posible su suelo fregado, pronuncio un tímido “feliz año nuevo” con la esperanza de que nos perdone la vida. Pero no, Bárbara no entiende que no hayamos levantado el vuelo para llegar al ascensor. La veo negar con la cabeza mientras la vena de su cuello comienza a hincharse, su mirada inyectada en sangre. Finalmente abre la boca para decirnos...
Lo que sucedió a continuación no va a ser narrado porque los niños también pueden leer ésto y servidora no quiere herir sensibilidades. Por propósitos blogísticos, supondremos que Bárbara contestó: “Feliz año nuevo para vosotros también”.
La realidad es que no habían pasado ni 32 horas de 2014 y ya me tuve que tomar el primer Fackitol del año. Este 2014 promete!
Feliz año a todos!!
El periodo crítico de re-convivencia
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| Imagen de pixabay.com |
Llega la navidad y con ella vuelve el turrón, las naranjas, la lotería... y los hijos pródigos de este país, pues hacemos lo propio!
También vuelves en junio y en agosto, pero no, en navidad es como que mejor. Tus padres, abrumados por la felicidad, te van a buscar al aeropuerto, a la estación o a la Conchinchina si hace falta. Te traen a tu (su) casita, decorada con todos esos adornos y el árbol de navidad. Entras a tu habitación y la encuentras más ordenada de lo que jamás estuvo cuando tú vivías en ella. Continuando y concluyendo: recibimiento propio de un hotel de 5 estrellas. Pero qué digo? Mejor! Porque nada más llegar se acerca la chef jefa para discutir contigo el menú de todas las fiestas.
Así comienza la re-convivencia, con la familia congregada alrededor del hogar, cantando villancicos al son de la guitarra, como en los viejos tiempos. Entrañable. Idílico. Podríamos inspirar al mismísimo Murillo. Nos faltan el buey y la mula!
Llega la hora de la cena. Para acompañar a la selección de delicatessen preparada por tu madre, todo "made in Spain" (concretamente en la huerta de enfrente de la casa), tu padre elige una peli del oeste de Clint Eastwood. Qué gracioso el Eastwood hablando en castellano!
Durante los primeros días de la re-convivencia observas un curioso fenómeno paranormal por el cual tus calcetines desaparecen de donde los dejes y aparecen mágicamente dobladitos en el cajón de los calcetines (que poco o nada tiene que ver con el de Polanski) oliendo a brisa marina.
Estás tan abrumada que casi no le das importancia la primera vez que tienes que registrar la casa entera en busca de tus calcetines de deporte, que eventualmente aparecen en el cajón de tu hermano, cuyo pie es cinco números mayor que el tuyo. La magia, es lo que tiene! Pero no pasa nada porque es navidad y lo importante es que ya tienes los calcetines y te puedes ir a correr por el campo, lujazo donde los haya.
Así, uno tras otro, se van sucediendo los días: uno, dos, tres, nochebuena, navidad, seis, siete...
Estás tan metida en esta dinámica de lo idílico que te pilla del todo descolocada el día que te despiertas de la siesta a golpe de acordes, cortesía de tu hermano con la maldita guitarrica. Joder, como en los viejos tiempos! Decides salir de allí pero no encuentras tus zapatillas porque el duende mágico ha decidido que era hora de lavarlas (!·$%#"?? ) y sales descalza intentando buscar un recodo de paz. Pasas por el salón donde tu padre, que no se cansa, sigue viendo otra peli del oeste, que yo me pregunto, es que ese canal no tiene otra cosa? Depués de todos estos días el acento de Clint Eastwood en castellano ya me parece de todo menos gracioso. En tu intento por escapar buscas las llaves del coche, pero no están en su sitio (porque sí, las llaves del coche tienen un sitio y deben de estar ahí, en SU sitio), así que sales a perderte en la huerta, sin más.
Allí, entre las habas y las lechugas te das cuenta de que, efectivamente, has alcanzado el periodo crítico de re-convivencia.
Y tú? Cuál es tu periodo crítico de re-convivencia?
Pesadilla antes de navidad
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| Imagen de pixabay.com |
A
día de hoy, dos son los vuelos que ha perdido servidora. El primero fue hace un
par de años en Madrid y el segundo, ahora mismo.
Rebobinemos
seis horas. Servidora sale de casa feliz y contenta porque es navidad y se va a
casa con mama que le hace paella rica, rica. Se dirige a la estación donde
cogerá un autobús que la llevará al aeropuerto. Hasta aquí bien, la primera
parte del plan se ha cumplido a la perfección.
Ya
en el autobús procedo al ritual de lectura que me sumirá en un letargo, que
normalmente durará hasta que abran al puerta y entre el frío mortal alemán. Sin
embargo esta vez el letargo se ve interrumpido mucho antes, al poco de entrar
en la autovía. Un atasco de aquí a Parla! Avanzamos poco a poco hasta que por
fin adelantamos el “accidente” que ha causado todo este follón.
Escribo
“accidente” y no accidente porque en Alemania son dos cosas distintas. Un
“accidente” es lo que en España llamamos besito. En España le das, sin querer,
un besito al coche de delante, bajáis los dos conductores, miráis que no ha
pasado nada y hala, cada mochuelo a su olivo. En Alemania bajan los dos
conductores, miran que no ha pasado nada y acto seguido inmovilizan la autovía,
la ciudad y el país si hace falta, hasta que venga el CSI a analizar las
pruebas.
En
fin, que un besito alemán de éstos causa el primer retraso de la jornada.
Una
vez pasado el atasco, la ruta se presenta limpia y esperanzadora. Todo apunta a
que llegaré a tiempo hasta que, a unos tres kilómetros del aeropuerto, el
autobús empieza a hacer un ruidito poco alentador. Pálidos, los pasajeros nos
miramos unos a otros con la expresión del que se teme lo peor. En efecto, en
cuestión de segundos, se para el autobús.
Pasada
la sorpresa y confusión inicial, comienza la marimorena. Aaaaahhhhh! Una jungla
de voces en todos los idiomas. Que ha pasado? Se ha roto el autobús? Cree usted
que llegaremos a tiempo? Entre el guirigay alcanzo a escuchar a otro español
que desesperadamente grita al conductor: “trata de arrancarlo, Karl, trata de
arrancarlo!!!”. Pero no, Karl no arranca el autobús y desde allí ve servidora
salir, puntual, su avión rumbo a la paella.
En
una maniobra sin precedentes, la compañía de autobús consigue traernos al
aeropuerto, desde donde escribo, dos horas después de la salida de mi vuelo. No
estoy despotricando cual bestia parda gracias a que se han apiadado de nosotros
y, tras el testimonio de los del autobús, nos han colocado en un vuelo que sale
en otras tres horas.
En
fin, ya estará fría, pero le he dicho a mi madre que me guarde la paella para
la cena.
El tráfico de aceite
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| Imagen de pixabay.com |
Al principio pues hacía lo que
todos: una vez me traía esto, otra vez aquello, intentando siempre no violar
los sagrados límites del peso de equipaje.
Con el tiempo, me he ido
perfeccionando. Ahora ya viajo a España directamente con las maletas vacías,
que el día menos pensado voy a levantar sospechas en el aeropuerto y vendrán a
preguntarme que qué estoy tramando. Esto implica que tengo que tener todo
reduplicado en casa de mis padres: cepillo de dientes, pijama, ropa para toda
la semana (es decir, toda esa ropa que ya ni me viene pero insisto en
conservar), un par de zapatillas, desodorante… que no queremos malgastar
espacio de aceite con desodorante!
Cuando llego allí ya mi madre
suele tener un buen surtidito preparado para que se lleve la niña-ay-pobrecita
a la Germania. Paso primero y más importante: decide que es lo esencial para
ti, porque eso será lo que viaje en el equipaje de mano, que luego las maletas
se pierden, “dónde está mi jamón?”, “no sé de qué me estás hablando”… en fin,
ya sabemos cómo va la historia. Sé que elegir entre el jamón y el queso
manchego es un poco como elegir entre papa y mama, pero todos sabemos a quién
elegiríamos. Yo, jamón. Siempre.
Entonces y solo entonces empieza
el arte del tetris aplicado al equipaje. Es un proceso iterativo: encajas
bienes en la maleta, cierras, pesas, pones o quitas, cierras, pesas… y así
hasta que converja. Si bien es cierto que lo suyo es llegar al límite sin
pasarse, yo normalmente tiro a pasarme. Que por qué? Muy sencillo: porque todos
tenemos un buen día de vez en cuando, incluido el personal del mostrador de
facturación… y mira que si fuese el caso y te dejan pasar, digamos, cinco
quilitos más? A servidora señores, le ha pasado. También es cierto que más de una
vez me han dicho que “ni de coña”, en cuyo caso abro la maleta, saco el
hatillo-auxiliar-por-si-las-moscas, se lo doy a mis padres para que lo
disfruten “a mi salud” y santas pascuas.
Para que veáis que a veces cuela,
he aquí el más grandioso ejemplo que jamás he experimentado: 28 de diciembre de
2011, servidora levanta como buenamente puede el maletón lleno de naranjas y lo
deja caer sobre la cinta, a la vez que se apresura a indicar: “ventanilla por
favor”. Sin levantar la vista del ordenador, aquel maravilloso trabajador
anónimo contesta: “voy a hacer como que no veo lo que pesa esa maleta”, y me da
mi tarjeta de embarque mientras la cinta engulle los 32 kilos de maletón.
No lo pude evitar, abrí la maleta
de mano, también a rebosar de naranjas, y le di una. Porque el que siembra,
recoge.
A los puristas del idioma
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| Imagen de pixabay.com |
Si bien hubo tiempos mejores,
reconozco que nunca merecí un sillón de la RAE. Desde luego la expatriación no
ha ayudado y el popurrí idiomático en el que vivo, tampoco.
Así pues, pido disculpas de
antemano por todos esos diacríticos ausentes, por los errores en el uso de los
signos de puntuación, por los pronombres demostrativos que pueda acentuar como
adjetivos y por las demás aberraciones de las que ni yo ni el autocorrector
somos conscientes.
Prometo en cualquier caso ir
mejorando con la práctica. Para ello cuento con una gran herramienta en mi
mesilla de noche: mi libro de lengua castellana de octavo de EGB.
Ahora bien, no pido perdón por
todas esas exclamaciones e interrogaciones que cierro sin haber abierto antes
(excepto en el primer post, para quedar bien). Tampoco por el uso
indiscriminado de anglicismos. Está mal? Sí. Pero en la república independiente
de mi blog no se abren interrogaciones, que para eso ya está la vida.

















