Mostrando entradas con la etiqueta vuelo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vuelo. Mostrar todas las entradas

Enemiga pública número 1

Desde el mismísimo día en que nos emparanoiamos todos con el peligro de los fluidos y demás enseres en aviones, no he podido dejar de fijarme en las diferencias que se producen entre los controles de seguridad de unos y otros aeropuertos. De todo he vivido: desde hacerme abrir la maleta por un lip gloss, hasta dejarme pasar con un champú, la colonia y una lata de foie grass (por todos conocido el efecto explosivo del foie grass!!). Que digo yo, igual de peligroso será el champú de Munich a Madrid, que de Madrid a Munich...

A lo que íbamos: volvía servidora feliz y contenta (dentro de lo contenta que una puede estar cuando deja Madrid a sus espaldas) de vuelta a Munich. Ocho de la tarde. Llego al control de equipaje de mano. Saco laptop, desodorante, el cacao y todo lo que ofende a la seguridad aeronáutica. Mi gozo en un pozo, aún así, el amable controlador de equipajes me pregunta:

- Señorita, es ésta su maleta?

- Sí, ha visto algo?

- Abrala, por favor.

- [mientras la abro y tratando de ver la pantalla del escáner] Si quiere dígame lo que ha visto, a ver si sé qué es... (todo sea por cooperar con las fuerzas de la ley y el orden)

- Abra la maleta!

- Pero si me dice...

- Que abra la maleta! No le puedo decir! El procedimiento es el procedimiento, y está prohibido enseñarle la pantalla del escaner!! Abra la maleta!!! [tish! El látigo le falta...]

Qué suerte la mía! Con la simpatía hemos topado! Servidora que, otra cosa no, pero vuelos ha cogido unos cuantos, que casi que ha aprendido alemán comentando escaners, le contesta "amablemente":

- Pues vaya mi#rd% de procedimiento que tienen aquí!

El increible Hulk, pero en rojo. Rojo, rojo, cada vez más rojo, hasta que grita: Guardia civil!! Guardia civil!!!

Se acerca el guardia civil, al que el "simpático" controlador de equipajes le comunica:

- Aquí la señorita ha dicho, nada menos, que el procedimiento de chequeo de equipajes es... una mi#rd%! "piiiiiii" ha dicho!!

Nada me podría haber preparado para la respuesta del guardia civil:

- Es que es una mi#rd%!

No tengo palabras para describir la cara de Hulk. Que entiendo que está haciendo su trabajo, pero es que otros tantos lo hacen igual de bien sin malas formas ni abuso de poder gratuito.

El guardia civil de súper buen rollo me insta a "cooperar" (pues si de eso es de lo que trato!) mientras el "simpático" controlador rebolica toda mi maleta. Aparece uno de mis compañeros de trabajo y de viaje, que me dice:

- Jo, me han parado y me han abierto la maleta... La verdad es que en el escáner el palo del paraguas parece un "arma letal", jeje!

Qué le vamos a hacer, no tengo contención ninguna... Me falta tiempo para replicar a mi amigo el controlador:

- Fíjese usted! En la cinta esa de ahí al lado el procedimiento sí que deja enseñar la pantalla del escáner...

- Guaaaaaaaaaardia civil!! Guaaaaaaardiaaaaaaaaa!

No diré que vi pasar mi vida ante mis ojos, pero lo que sí se me pasó por la cabeza fue: me enchironan!! Me enchironan!! A mi madre la mato del disgusto y Komander me mata a mi porque me pierdo el meeting de mañana que, esta vez sí, ha prometido que es suuuuuper importante!

Gracias al supremo, el guardia civil sigue siendo el más enrollao del aeropuerto y toma control de la situación, insta al controlador paranoico a que nos enseñe el escaner e inmediatamente identifico el objeto ofensor, que no es otro que mi pasador de pelo! Todo este lio causado por un pasador de pelo. Un pasador de pelo!!! El guardia civil y mi amigo Hulk por fin me dejan ir.

Aunque en ese momento me sentí como William Wallace ante la libertad, la verdad es que a la salida del meeting de la muerte de esta mañana me retumbaba la cabeza: “mejor que me hubiesen enchironao!”

Pesadilla antes de navidad


Imagen de pixabay.com
A día de hoy, dos son los vuelos que ha perdido servidora. El primero fue hace un par de años en Madrid y el segundo, ahora mismo.

Rebobinemos seis horas. Servidora sale de casa feliz y contenta porque es navidad y se va a casa con mama que le hace paella rica, rica. Se dirige a la estación donde cogerá un autobús que la llevará al aeropuerto. Hasta aquí bien, la primera parte del plan se ha cumplido a la perfección.

Ya en el autobús procedo al ritual de lectura que me sumirá en un letargo, que normalmente durará hasta que abran al puerta y entre el frío mortal alemán. Sin embargo esta vez el letargo se ve interrumpido mucho antes, al poco de entrar en la autovía. Un atasco de aquí a Parla! Avanzamos poco a poco hasta que por fin adelantamos el “accidente” que ha causado todo este follón.

Escribo “accidente” y no accidente porque en Alemania son dos cosas distintas. Un “accidente” es lo que en España llamamos besito. En España le das, sin querer, un besito al coche de delante, bajáis los dos conductores, miráis que no ha pasado nada y hala, cada mochuelo a su olivo. En Alemania bajan los dos conductores, miran que no ha pasado nada y acto seguido inmovilizan la autovía, la ciudad y el país si hace falta, hasta que venga el CSI a analizar las pruebas.

En fin, que un besito alemán de éstos causa el primer retraso de la jornada.

Una vez pasado el atasco, la ruta se presenta limpia y esperanzadora. Todo apunta a que llegaré a tiempo hasta que, a unos tres kilómetros del aeropuerto, el autobús empieza a hacer un ruidito poco alentador. Pálidos, los pasajeros nos miramos unos a otros con la expresión del que se teme lo peor. En efecto, en cuestión de segundos, se para el autobús.

Pasada la sorpresa y confusión inicial, comienza la marimorena. Aaaaahhhhh! Una jungla de voces en todos los idiomas. Que ha pasado? Se ha roto el autobús? Cree usted que llegaremos a tiempo? Entre el guirigay alcanzo a escuchar a otro español que desesperadamente grita al conductor: “trata de arrancarlo, Karl, trata de arrancarlo!!!”. Pero no, Karl no arranca el autobús y desde allí ve servidora salir, puntual, su avión rumbo a la paella.

En una maniobra sin precedentes, la compañía de autobús consigue traernos al aeropuerto, desde donde escribo, dos horas después de la salida de mi vuelo. No estoy despotricando cual bestia parda gracias a que se han apiadado de nosotros y, tras el testimonio de los del autobús, nos han colocado en un vuelo que sale en otras tres horas.

En fin, ya estará fría, pero le he dicho a mi madre que me guarde la paella para la cena.