Hoy toca lección de ciencia. Tranquilos, no hace falta que vayáis a buscar el libro aquel del instituto... estoy segurísima de que no la vais a encontrar allí...
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Quién me manda a mí!
La brillante idea se me ocurrió en pleno periodo hormonal, posiblemente en uno de los picos. Me crecí en ausencia de mis plenas facultades mentales (todo lo plenas que pueden llegar a estar, se entiende) y se me antojó conveniente el refrescar el correcto (subrayo correcto, versus lo que hago ahora) uso de preposiciones, declinación de adjetivos y demás minucias de las que hasta ahora no me he preocupado porque, total, incluso con preposiciones aleatorias, entenderme me entienden.
No me toques la tarifa
Cuando llegué a Alemania hace ya muchos años, mi por aquel entonces compañero de piso (alemán) me dio uno de los mejores consejos que se le puede dar a alguien recién llegado a este país:
En Alemania hay tres cosas que debes saber:
- Un buen médico no es fácil de encontrar. Busca uno que no te quiera por tu seguro.
- Tarde o temprano, vas a necesitar un abogado. Estate preparada.
- Hagan lo que hagan y digan lo que digan, nunca confíes en la Deutsche Telekom (extensible a las demás compañías de telefonía).
Más razón que un santo! Si bien nunca dudé de la veracidad de sus palabras, cierto es que con los años he ido constatando hasta qué punto tenía razón: en los tres puntos he pecado.
Así pues, podría contaros cómo no debéis fiaros de médicos que claman necesitáis éste o aquel tratamiento (particularmente, si tienes seguro privado) y de cómo un buen abogado os puede sacar de éste y más aprietos. Pero como me acaba de llamar una amable señorita de O2, voy a centrarme en el tercer punto.
Después de once años disfrutando de internet en Alemania, y las miles de historias para no dormir con las que podría llenar unos veinte posts fácilmente, he desarrollado un extraño hábito: me niego a ahorrar con mi tarifa de internet, de móvil o de fijo (enseguida veréis por qué).
Cada vez que me llama algún amable empleado de mi proveedor de telefonía, la conversación se sucede tal que así:
- Hola buenos días, le llamamos de O2
- Buenos días
- Estamos promocionando una nueva tarifa para …
- [le corto] Muchas gracias, pero no estoy interesada
- Pero, con esta tarifa tienes más minutos y pagas menos
- Ya, ya, no dudo de que sea una gran tarifa. Pero no estoy interesada
- Puedo preguntar por qué?
- Claro! Hasta ahora, siempre que he cambiado de tarifa, o bien han aparecido costes en mi factura que he tenido que reclamar (menos mal que siempre reviso la factura, verdad?) o mi conexión/teléfono ha dejado de funcionar por unas semanas
- Vaya, que mala suerte. Pero eso con nosotros no te va a pasar. Por cierto [dándose cuenta de que mi acento de alemán, poco], prefieres que hablemos en inglés?
[Aquí tengo que hacer un inciso. Los trabajadores de proveedoras de telefonía alemanas suelen padecer una curiosa enfermedad conocida como “síndrome del idioma parpadeante”. Se suele manifestar por un inglés más que fluido cuando trabajan en la sección de “nuevos contratos”, que se convierte en un alemán de lo más arraigado cuando les trasladan a la sección de “resolución de problemas con contratos existentes” y que empeora más aún en la sección de “darse de baja de contratos”. No os asustéis si la misma persona que os hizo el contrato ya no habla inglés cuando no os funciona el teléfono.]
- Hablamos como quieras, siempre y cuando no me toques la tarifa.
- Pero que vas a pagar menos!
Y así suma y sigue. Yo entiendo que cueste de entender, pero es que el diablo sabe más por viejo que por diablo, y yo ya tengo mis añitos. Una vez más, como tantas veces en la vida, prevalece el primer axioma de la ingeniería: "funciona? sí. Pues no lo toques".
Cosmopolita-me
Para que os hagáis una idea, la última vez que estuve por aquí escuchaba a Backstreet Boys en mi walkman (sí, walkman), "Men in black" lideraba la taquilla y una oveja llamada Dolly dejaba al mundo boquiabierto.
Y es lo que tiene, si te pasas 18 años sin pisar una ciudad, es altamente probable que a tu regreso lo notes todo muy cambiado... primero, porque la ciudad con casi total seguridad ya no será la misma y segundo, con total seguridad tú no serás la misma.
Y es lo que tiene, si te pasas 18 años sin pisar una ciudad, es altamente probable que a tu regreso lo notes todo muy cambiado... primero, porque la ciudad con casi total seguridad ya no será la misma y segundo, con total seguridad tú no serás la misma.
Pues justo esto me ha pasado esta semana a mi regreso a Londres.
La ayuda
Conversación en wasap con una amiga mía:
- Servidora, qué haces esta tarde?
- Pues tengo clase de polaco y después había quedado para cenar, por?
- Ah, vale. Cancela todo eso y te vienes a casa a recogerme. Necesito que me saquen de aquí!
Se trata de una mujer de mediana edad, recientemente operada, madre de tres criaturas e hija de dos almas cándidas que no han dudado en venirse a Alemania, Pepe, a echarle una mano a su querida vástaga en tan delicadas circunstancias.
Por qué no hablas alemán
Seguramente hayas llegado a Alemania con mucha curiosidad, ilusión por la nueva vida que te espera y con una enorme motivación por aprender alemán... Si tengo razón con las dos primeras, pero te falta la última, te lo garantizo, no vas a aprender alemán.
Puede que tu falta de motivación esté relacionada con la dificultad del idioma. No lo discuto. Es verdad que el alemán es difícil.
Que querer es poder, también es verdad.
Igual has decidido vivir solo o con tu familia. O quizá te has decantado por un piso compartido, idealmente con alemanes. También puede que hayas optado, para empezar, por irte a vivir con gente de cualquier otra nacionalidad. Aquí no quiero ser pesimista, puede que no hablen inglés y que os veáis igualmente forzados a hablar alemán. Si no es el caso, tendrás una experiencia intercultural (o no) única, altamente recomendable... pero no contribuirá a tu inmersión lingüística.
No te culpo, el mercado inmobiliario no está como para elegir...
Puede que para paliar esta situación hagas un curso intensivo, o cuatro horas de clase a la semana junto con un par de tándems....O puede que pases las tardes (y las noches, y los fines de semana) con tus amigos españoles echándote unas risas y recordando tiempos mejores. Quizá también despotricando sobre lo difícil que es practicar el alemán que aprendes (o no) en clase y señalando cómo los elementos se han puesto en tu contra. Si este último es el caso, te lo pasarás muy bien, os echaréis unas risas y conocerás a mucha gente, tal vez de lo más interesante, pero tampoco aprenderás alemán.
Puede que te hayas hecho el carnet de la biblioteca más cercana y que saques todas las semanas diez libros de vocabulario para niños, que devoras cada noche después de tus dos horas (mínimo) de clase. O puede que ni siquiera sepas cómo se dice biblioteca en alemán.
Puede que veas constantemente televisión (o cine, o series) alemana, o que escuches la radio a todas horas. O puede que no.
Puede que te hayas bajado (y uses) n-mil aplicaciones para reforzar vocabulario o gramática. O puede que seas más de "wasapear" en alguna lengua que ya hables.
Igual llegas a la conclusión de que no es culpa tuya, que tú has intentado por todas integrarte en la sociedad alemana, pero que claro, es taaaan dificil... Puede que sea difícil (es más, es difícil), pero, de verdad lo has intentado? Te has apuntado a alguna Verein? A algún curso de la Volkshochschule (además del de alemán)? Vas a las fiestas de tus vecinos? Se te ha ocurrido hacer un voluntariado en cualquiera de las ONG alemanas que trabajan con alemanes? O ir a cualquier asilo a dar conversación a los más que agradecidos ancianos, que no dudarán en hacerte parte de su vida (vida alemana, claro está)?
Puede que te encuentres entre los primeros, que tu respuesta a cualquiera de las preguntas anteriores sea “sí”, en cuyo caso, estoy de acuerdo contigo: tú lo has hecho todo bien. Y por eso hablas alemán o lo hablarás muy pronto, estoy segura.
Puede que te encuentres entre los segundos y que tu respuesta a todas las preguntas anteriores sea “no”. Si ese es el caso, no deberías darle más vueltas: no hablas alemán, porque no quieres hablar alemán.
Así de sencillo.
Viviendo y aprendiendo
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| Imagen de Ciudadano P |
Aquí os dejo el link a la entrevista, en inglés.
Los que prefiráis una versión cervantina, podéis seguir leyendo una tradución muy, muy libre de la misma (para los que ya me “conocéis”).
Ya que estamos, si tú también eres o has sido expatriada/o, cuéntame tu experiencia!
Ahí va.
Ya que estamos, si tú también eres o has sido expatriada/o, cuéntame tu experiencia!
Ahí va.
- Cuándo y por qué viniste a Alemania?
Allá en 2004, recién licenciada, cuando el mundo todavía no hablaba de crisis y en mi país era impensable que el precio de la vivienda pudiese alguna vez desplomarse, Servidora recibió una oferta laboral para venir a Alemania, Pepa. Una oferta que no pude rechazar. Así fue como comenzó mi aventura germana. Se suponía que iba a ser por un par de años, pero una cosa llevó a la otra y diez años y tres ciudades más tarde (las mudanzas ni las cuento), aquí estoy, disfrutando de la vida en mi querido país adoptivo.
- Cómo fue tu integración? Encontraste alguna dificultad? Hablabas el idioma?
Así que para mí integrarme en la sociedad alemana, lejos de una “dificultad”, fue un enorme placer. Creo que si eres respetuosa hacia sus formas y costumbres y te tomas el tiempo y el esfuerzo que lleva aprender su idioma, descubrirás que los alemanes son mucho más que su cliché.
- Qué es lo que más te choca de Alemania (bueno y malo)?
Un efecto secundario de esta "rectitud" puede manifestarse en forma de "inflexibilidad". Normalmente no es un problema, pero a veces se vuelve ridículo. Mi ejemplo favorito: la carta de un restaurante ofrece "espagueti boloñesa" y "tallarines cabonara". Si lo que de verdad te apetece es espagueti carbonara... buena suerte!!!
- Ha cambiado tu estilo de vida desde que viniste a Alemania? Si sí, cómo?
- Puedes decirnos algún "error cultural" que hayas cometido en Alemania?
- Qué siginifica Multiculturalismo para ti?
Multiculturalismo es una forma de vida, por suerte, mi forma de vida.
- Recomendarías la experiencia?
No puedo más que recomendar cualquier experiencia internacional (no necesariamente tiene que durar 10 años!). Esta es mi cuarta vez viviendo en el extranjero, y cada país en el que he vivido me ha aportado mucho más de lo que pude imaginar.
Viviendo y aprendiendo. Siempre.
Polonia
La República de Polonia, país situado al este de Alemania, miembro de la unión Europea y cuya población ronda los 38 millones y medio de habitantes. Cuna de la única persona del mundo en posesión de premios Nobel en distintas especialidades, que, recordemos, se trata de una mujer. Casi igual de importante, cuna también de Polanski (esto último no viene en wikipedia), motivo por el que he añadido Polonia a mi lista de regular peregrinage.
Anoche volvimos de pasar unos días allí. No era la primera vez que iba, ya he estado varias veces, y cada vez que voy me sorprende más cómo una nación con una latitud tan próxima a la germana, puede tener una mentalidad tan próxima a la española. Nada tiene que envidiar el Lazarillo de Tormes al de Varsovia! Pero esta visita ha sido distinta. Por qué?, os estaréis preguntando... Pues porque ahora “hablo” polaco... [silencio, solemnidad, tensión en el aire, estepicursor rodando, graznido de cuervo] Sí, eso es lo que Polanski les ha dicho a sus padres.
Y ahí estoy yo, con mi (futura) suegra, entablando conversación. Naturalmente no entiendo todo lo que me dice. Pillo una palabra por aquí, otra por allá e interpolo. En mi cabeza nuestras conversaciones se suceden así:
- Dime Servidora, qué opinión te merece el resultado de las recientes elecciones en India?
- Esto es mesa. Eso es ventana. La ventana es blanca.
- Entiendo. Y dime, qué planes tenéis para este verano? Os vais de vacaciones a algún sitio?
- Café, por favor. Sin leche.
- Y que tal en el trabajo?
- A las siete y media.
Luego está mi (futuro) suegro, tal vez más consciente de mis limitaciones idiomáticas. De cada dos frases que me dice, una siempre es “quieres arándanos?” Me estaba preocupando un poco esa fijación con los arándanos, pero luego me enteré de que Polanski le había dicho que me gustan mucho. Vamos, “exageración parental”, como mi madre, que cada vez que viene Polanski a casa le persigue todo el día con una loncha de jamón...
Lo que más me gusta de mis visitas a los Polansky es la degustación de los manjares caseros súper bio preparados por mis suegros (mi vocabulario culinario es sobresaliente!). Precisamente light no es, y por supuesto como buenos padres me ceban todo lo que pueden y más y tengo que probarlo todo aunque reviente... y yo que soy tan sacrificada... y está todo taaaaaaaaaaaan rico! Me podría pasar el día comiendo pierogi, uno de cada y luego volvemos a empezar... Y la carne, y las salsas, y los postres... Todo por la causa! Si una tiene que sacrificarse, se sacrifica!
Pero llegamos al único “contra” nacional... que en sí, no es un contra... lo es solo para mi ego. Quiero preguntar y pregunto: exactamente qué proporción de mantequilla y carnaza incluye la dieta polaca para que las mujeres de este país carezcan de celulitis, lorzilla y cartucheras? Mi (futuro) cuñao no ayuda. Su novia de este mes, modelo. La del mes pasado, modelo. La de mayo, no era modelo pero porque no querría, porque atributos tenía de sobra! Todas me sacan un palmo.
Menos mal que yo siempre veo la rosa y no la espina (Kahlil Gibran), el vaso medio lleno (mi abuela), la oportunidad en toda dificultad (Winston Churchill ), y fackitol (Servidora Tedesca) también. En lugar de traumatizarme, prefiero darle la vuelta a la tortilla: yo no soy bajita-gordita-celulítica-acneica-estriada. Yo soy “exótica” en Polonia.
Zanjando y concluyendo mi crónica polaca, os dejo con la moraleja de esta historia [sí, hoy la historia tiene moraleja]: las blueberries son arándanos azules en castellano, cuantos más pierogis comas, mejor y el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija (que siempre es bueno recordarlo).
Zanjando y concluyendo mi crónica polaca, os dejo con la moraleja de esta historia [sí, hoy la historia tiene moraleja]: las blueberries son arándanos azules en castellano, cuantos más pierogis comas, mejor y el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija (que siempre es bueno recordarlo).
El paticidio
Muy de uvas a peras Chefin me pide que
le haga el siguiente favor: ella recoge a sus hijas de la
guardería, las trae a Mordor, yo las llevo hasta la esquina de mi
casa y allí las recoge su papá. Así súper Chefín se puede volver a salvar
el mundo haciendo horas y horas y horas en la oficina. Ella sola hace
todas las horas extra de Alemania.
Aún no os lo he dicho, pero a mi me encantan los niños, así que más que hacerle el favor a ella, me lo hace ella a mi (que no a mi reloj biológico). Y es que con sus hijas voy la mar de entretenida, practico alemán infantil (que nunca viene mal, por si las moscas) y me hacen preguntas de lo más curiosas (sí, están en la época del “y por qué” ) que retan mi intelecto: ¿por qué tenemos mocos? ¿por qué las piedras de Mordor brillan? [Nótese que he abierto las interrogaciones por la cercanía de la palabra “intelecto”. Que no se acostumbre nadie!]
El único “daño colateral” es que me entero de cosas que nadie jamás querría saber sobre su jefa, como por ejemplo: “mi mamá tiene más pelos en las piernas que mi papá” o “una vez, mi mamá le pegó en la cara a mi papá. Yo lo vi”. No sé si luego se lo dicen a Chefin. Yo desde luego no le voy a preguntar...
El lunes pasado fue uno de esos días en los que me pidió que le hiciese el favor. Todo parecía ir como de costumbre, como diría Scott Smith, era un plan sencillo. Las niñas se sientan, les pongo el cinturón, conduzco a cincuenta por la autovía, jugamos a Dora Exploradora....Todo iba de libro cuando de repente, veo una bola salir por los aires unos cincuenta metros delante de mi. Luego la bola se convierte en una explosión de plumas.
Cuando se despeja un poco el tráfico, me quedo horrorizada con la estampa: una incauta mamá pata, gastando una irresponsabilidad más propia de un gobernante español que de una de su especie, ha decidido cruzar la autopista con nada menos que toda su prole: unos diez patitos del tamaño de un puño.
- De qué color lleváis los zapatos??
No funciona. Las niñas no tardan ni dos segundos en ver a los patitos saliendo por los aires en lo que constituye el mayor paticidio que he presenciado en mi vida. Trágico como es, yo, poco a poco, sé que lo iré superando. Pero, y las niñas?
- [gritos] Los patitos! Los patitos! Están atropellando a los patitos! Se van a morir? Se van a morir!!
- No, no. Los patitos saben volar! Luego aterrizan en el arcén y ya la policía de los patitos viene y les salva.
- Pero uno ha salido rodando.
- Nooooo, no estaba rodando, es que andaba muy deprisa, para llegar antes!
Madre mía, que difícil lo tienen las madres (las patas también).
Tras diez minutos de terapia y gracias a la infinita credulidad de las peques, consigo “entregar” a unas niñas convencidísimas de que los patitos dormirán esa noche en casita con su mama, formando la entrañable imagen de familia feliz monoparental a la que nos tienen acostumbrados. Así se lo cuentan a su sonriente papá que viene a recogerlas.
- Hala, darle las gracias a Servidora por traeros. Qué no le dais un besito?
Hoy están tímidas (o en estado de shock, una de las dos). La mayor se mira los zapatos (a buenas horas, mangas verdes!), levanta la mirada. Se sonroja. Me mira. Mira a su papá, que insiste:
- Dale un besito a Servidora!
Vuelve a agachar la vista. Me mira. Mira a su papá... y en un tono más que audible le dice:
- Tú primero.
Lo que me faltaba! Apaga y vámonos.
La señora Molinero
Es “tremendamente grato” que tires a arrancar tu coche y un misterioso y complejo sistema de fallos eléctricos no solo haga saltar la alarma, sino que además la mantenga sonando después de apagar el motor. Decibelio puro a diestro y siniestro! Y por supuesto esto pasa estando aún sin bici (al igual que a Jeffrey Lebowski con su alfombra, a mi también me han dicho que tienen a sus mejores hombres buscando mi rueda).
Toco todos los botones que encuentro, y nada. Abro el capó, y me quedo igual que estaba porque no sé que tocar. Desde mi limitado conocimiento de usuaria, identifico unos tres o cuatro sitios donde se puede destornillar algo. Subo corriendo a casa y traigo todas mis herramientas, que enumeraré a continuación: destornillador grande, destornillador pequeño, llave Allen de Ikea, martillo. Ninguno de mis destornilladores valen para esos tornillos. Con la tuerca no puedo ni intentarlo. Del martillo, decido prescindir por el bien de todos.
Allí estábamos servidora, las herramientas y los decibelios, cuando aparca un coche justo a mi lado, del que baja una señora muy mayor con una muleta. No iba ni a preguntarle (prejuzgar mal servidora, mal! mal!), pero tal era mi abatimiento que de perdidos al río: “perdone señora, no tendrá usted una llave inglesa?”
Parecía que esta iba a ser la historia de cómo hice callar a mi coche (que también os lo diré). No lo es. Esta es la historia de como conocí a una gran mujer. Por suerte se llama Müller, así que no tengo que inventarme un nombre para mantener su “anonimato”.
La señora Müller me lleva a su casa y saca una caja de herramientas que ni Manolo el fontanero. No tenía llave inglesa porque tenía llaves fijas de todos los tamaños. “Llévatelas y ya me las traerás”. Y así fue cómo solté un borne de la batería y acallé a mi coche (y a los vecinos).
De esto hace ya dos semanas y se puede decir que fue el comienzo de una gran amistad. Justo ayer estuve tomando unos vinos con ella, que cuenta nada menos que con 84 años, veinte de viudedad y dos operaciones de cadera. Eso sí, me dice, la vista la tiene buenísima. Súper planazo (y por una vez no, no lo digo con ironía). Porque es un lujo poder pasar una velada con una señora que vivió en sus carnes la segunda guerra mundial y que hizo un voluntariado de un par de décadas dedicado a la integración de inmigrantes como yo, pero en los sesenta. Les acogía en su propia casa y les enseñaba alemán (que pena no haberla conocido antes!). Escucharla me hace más sabia. Además, hace unos pastelitos divinos.
Ya saliendo por la puerta le digo:
Allí estábamos servidora, las herramientas y los decibelios, cuando aparca un coche justo a mi lado, del que baja una señora muy mayor con una muleta. No iba ni a preguntarle (prejuzgar mal servidora, mal! mal!), pero tal era mi abatimiento que de perdidos al río: “perdone señora, no tendrá usted una llave inglesa?”
Parecía que esta iba a ser la historia de cómo hice callar a mi coche (que también os lo diré). No lo es. Esta es la historia de como conocí a una gran mujer. Por suerte se llama Müller, así que no tengo que inventarme un nombre para mantener su “anonimato”.
La señora Müller me lleva a su casa y saca una caja de herramientas que ni Manolo el fontanero. No tenía llave inglesa porque tenía llaves fijas de todos los tamaños. “Llévatelas y ya me las traerás”. Y así fue cómo solté un borne de la batería y acallé a mi coche (y a los vecinos).
De esto hace ya dos semanas y se puede decir que fue el comienzo de una gran amistad. Justo ayer estuve tomando unos vinos con ella, que cuenta nada menos que con 84 años, veinte de viudedad y dos operaciones de cadera. Eso sí, me dice, la vista la tiene buenísima. Súper planazo (y por una vez no, no lo digo con ironía). Porque es un lujo poder pasar una velada con una señora que vivió en sus carnes la segunda guerra mundial y que hizo un voluntariado de un par de décadas dedicado a la integración de inmigrantes como yo, pero en los sesenta. Les acogía en su propia casa y les enseñaba alemán (que pena no haberla conocido antes!). Escucharla me hace más sabia. Además, hace unos pastelitos divinos.
Ya saliendo por la puerta le digo:
- Señora Müller, cuando vaya a España la semana que viene le voy a traer unos pastelitos típicos de mi pueblo
- Bien, bien, muchas gracias. Pero si a ti te da igual, mejor que pastelitos, no me podrías traer schorizo de ese naranja?
Me rio. Es de las mías!
El polaco
No amigos no, esta vez no vengo a despotricar sobre el individuo, sino a ensalzar las “virtudes” de su lengua materna. Y es que pasada la euforia del enamoramiento, eventualmente comienzan a aparecer los “daños colaterales”: que te has echao un novio polaco? Guay, pues a aprender polaco! Queridos solteros y solteras del mundo, he aquí un consejo: la próxima vez que conozcáis a alguien, olvidaos del “estudias o trabajas”, “bebe!” o “qué hace una chica como tú en un sitio como éste?”. NO. Id a lo importante: “tú, cuantas declinaciones tienes?”, “y vocales?”, “cuantas consonantes seguidas eres capaz de pronunciar?”. Este tipo de preguntas realmente os permitirá juzgar y evaluar objetivamente el sarao en el que os estáis metiendo. Así, sin paños calientes, porque después le cogéis cariño y ya no hay vuelta atrás.
Cuando piensas que tú ya pasaste tu calvario con el alemán y su nominativo, acusativo, genitivo y dativo, descubres que el polaco no escatima en casos: añádele vocativo, locativo e instrumental. Es que no pasé yo ya mi penitencia? Por qué? Por qué?
Pues menos mal que la pasé, porque otra de las cosas "buenas" de aprender polaco en Alemania es que las clases son, por supuesto, en alemán. Qué significa “przekupstwo”? (nótese que son 3 vocales para 8 consonantes). “Bestechlichkeit”. Ah! Ya está mucho más claro!
Según el Foreign Service Institute, más se me habría complicado la cosa (lingüísticamente, se entiende) de haber sido Polanski árabe, coreano, chino o japonés. Justo después va el polaco. Solteros y solteras del mundo, si no queréis renunciar a la componente exótica sin complicaros demasiado la vida, el Foreign Service Institute os da a elegir entre varias latitudes, desde noruego hasta italiano, pasando por holandés, danés y francés. Ahí lo dejo!
Para quitarme mérito, Polanski me recuerda: “yo también estoy aprendiendo tu idioma”. Claro que sí! Yo tengo que aprender a pronunciar “przepraszam” y Polanski tiene que aprender a pronunciar “disculpe”. Lo mismico. Cinco vocales, menudo reto para una criatura que puede pronunciar nueve, dos de ellas nasales. Que yo le he oido pronunciar palabras, que ni los delfines! “Pero conjugáis los verbos”, anda y es que los polacos no? De hecho, una conjugación más tienen ellos.
En fin. Todo sea por amor.
Lo único que me consuela es saber que nunca dominará todas las acepciones de la palabra “cojones”.
Pesadilla antes de navidad
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| Imagen de pixabay.com |
A
día de hoy, dos son los vuelos que ha perdido servidora. El primero fue hace un
par de años en Madrid y el segundo, ahora mismo.
Rebobinemos
seis horas. Servidora sale de casa feliz y contenta porque es navidad y se va a
casa con mama que le hace paella rica, rica. Se dirige a la estación donde
cogerá un autobús que la llevará al aeropuerto. Hasta aquí bien, la primera
parte del plan se ha cumplido a la perfección.
Ya
en el autobús procedo al ritual de lectura que me sumirá en un letargo, que
normalmente durará hasta que abran al puerta y entre el frío mortal alemán. Sin
embargo esta vez el letargo se ve interrumpido mucho antes, al poco de entrar
en la autovía. Un atasco de aquí a Parla! Avanzamos poco a poco hasta que por
fin adelantamos el “accidente” que ha causado todo este follón.
Escribo
“accidente” y no accidente porque en Alemania son dos cosas distintas. Un
“accidente” es lo que en España llamamos besito. En España le das, sin querer,
un besito al coche de delante, bajáis los dos conductores, miráis que no ha
pasado nada y hala, cada mochuelo a su olivo. En Alemania bajan los dos
conductores, miran que no ha pasado nada y acto seguido inmovilizan la autovía,
la ciudad y el país si hace falta, hasta que venga el CSI a analizar las
pruebas.
En
fin, que un besito alemán de éstos causa el primer retraso de la jornada.
Una
vez pasado el atasco, la ruta se presenta limpia y esperanzadora. Todo apunta a
que llegaré a tiempo hasta que, a unos tres kilómetros del aeropuerto, el
autobús empieza a hacer un ruidito poco alentador. Pálidos, los pasajeros nos
miramos unos a otros con la expresión del que se teme lo peor. En efecto, en
cuestión de segundos, se para el autobús.
Pasada
la sorpresa y confusión inicial, comienza la marimorena. Aaaaahhhhh! Una jungla
de voces en todos los idiomas. Que ha pasado? Se ha roto el autobús? Cree usted
que llegaremos a tiempo? Entre el guirigay alcanzo a escuchar a otro español
que desesperadamente grita al conductor: “trata de arrancarlo, Karl, trata de
arrancarlo!!!”. Pero no, Karl no arranca el autobús y desde allí ve servidora
salir, puntual, su avión rumbo a la paella.
En
una maniobra sin precedentes, la compañía de autobús consigue traernos al
aeropuerto, desde donde escribo, dos horas después de la salida de mi vuelo. No
estoy despotricando cual bestia parda gracias a que se han apiadado de nosotros
y, tras el testimonio de los del autobús, nos han colocado en un vuelo que sale
en otras tres horas.
En
fin, ya estará fría, pero le he dicho a mi madre que me guarde la paella para
la cena.
A los puristas del idioma
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| Imagen de pixabay.com |
Si bien hubo tiempos mejores,
reconozco que nunca merecí un sillón de la RAE. Desde luego la expatriación no
ha ayudado y el popurrí idiomático en el que vivo, tampoco.
Así pues, pido disculpas de
antemano por todos esos diacríticos ausentes, por los errores en el uso de los
signos de puntuación, por los pronombres demostrativos que pueda acentuar como
adjetivos y por las demás aberraciones de las que ni yo ni el autocorrector
somos conscientes.
Prometo en cualquier caso ir
mejorando con la práctica. Para ello cuento con una gran herramienta en mi
mesilla de noche: mi libro de lengua castellana de octavo de EGB.
Ahora bien, no pido perdón por
todas esas exclamaciones e interrogaciones que cierro sin haber abierto antes
(excepto en el primer post, para quedar bien). Tampoco por el uso
indiscriminado de anglicismos. Está mal? Sí. Pero en la república independiente
de mi blog no se abren interrogaciones, que para eso ya está la vida.







